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jueves, 11 de febrero de 2016

Salas: castillo, camino y monasterio.

Salas, puerta de Occidente

Que un lugar tan discreto y poco conocido se atribuya el nombre de Puerta de Occidente puede parecer como poco pretencioso, teniendo en cuenta que Salas, a vista de pájaro, está más cerca del fin de la tierra (Finisterre) que del principio de nada. Pero todo es cuestión de perspectiva y cuando se habla de Salas, puerta de Occidente nos referimos, como no, al Occidente asturiano, que para nuestros intereses no hay más importante ni relevante. Veamos porqué.

Entre dos Asturias

Como todas las puertas, y esto ya lo sabían los romanos con su dios de dos caras Jano, Salas es principio y fin  de dos lugares que se dan la mano en ella: las Asturias de Oviedo y las Asturias de Tineo. Hay que recordar una vez más que esta distinción, lejos de ser baladí, hace referencia a una realidad mucho más antigua de lo que se pueda pensar, pues los limites entre ambas Asturias las marcaron ya las tribus astures, estando los Lugones en la zona centro (Asturias de Oviedo) y los Pesicos en el Occidente (Asturias de Tineo).
Salas se encuentra justo en la confluencia de ambas, atravesada de parte a parte por el Camino Primitivo a Santiago y bañada al sur por el río Narcea que la separa de Belmonte de Miranda, siguiendo el curso río abajo se llega a la confluencia de éste con el Nalón, río arriba se adentra en la montaña asturiana, en este sentido también se sitúa Salas entre la Asturias del mar y la de la montaña.

Microcosmos

Además de ese Camino Primitivo que la atraviesa, en la historia medieval de Salas se dan cita casi todos los elementos que definen el periodo. Tenemos un monasterio de renombre e importancia, Cornellana; tenemos castillo, el de la propia Salas; tenemos puebla medieval, que nació alrededor del castillo; y tenemos familia noble del lugar, los Lamuño. Por supuesto son demasiados grupos de poder en un espacio tan pequeño, Salas se vio sacudida de lleno por los conflictos sociales típicos de la edad media; señores contra monasterios, poblas contra señores, monasterios contra poblas... y entre tantos dimes y diretes los peregrinos iban y venían por el camino después de haber visitado el Salvador en la Sancta Ovetensis.

Historia

Desde antiguo los humanos poblaron el paisaje de Salas. Y se quedaron, bajo tierra, en los túmulos de las Traviesas, en Terra Riba, en las Campa de San Juan, en Penausén... Luego vinieron los castros y más tarde aún los romanos, que plagaron el paisaje de minas de oro, canales y estanques, siendo el más famoso de estos el Pozu Ful.lerico, en otra entrada se dirá porqué.

Ahora bien, la Salas como tal empieza a formarse en los oscuros años de la Edad Media. A finales del reino de Asturias y principios del de León, se dan noticias de diversas donaciones que los nobles y príncipes locales hacen a la mitra ovetense. Llegamos así a 1024, año fundacional del monasterio de Cornellana, que cien años después sería cedido a los abades de Cluny.

Exactamente cien años después, en 1124, ya se habla del castillo y la torre de Salas. No se sabe mucho de él, muy posiblemente fuera una estructura muy primitiva, de madera total o parcialmente, pero contaba con foso y puente levadizo. Muy seguramente alrededor de este primitivo castillo empezara a desarrollarse lo que sería la villa Salas. Y cierta importancia debió de alcanzar en poco tiempo, pues en 1138 Alfonso VII, Imperator Totius Hispaniae, otorga las aldeas de Salas, Lamuño y los cotos de San Salvador y Linares a Fernando de Lamuño, formando el señorío de Salas y dando origen a la que a partir de entonces sería la familia dominante del lugar; los Lamuño. Tanto es así que mantendrían el título de Señores de Salas hasta el s. XIX
El castillo de Salas.
El castillo de Salas según Juan Pablo Moratiel.

Tuvieron que esperar los de Salas ciento cincuenta años más para tener su fuero y librarse de los señores. Lo consiguieron, como no, en época de Alfonso X, ese fundador de ciudades, que otorgó en 1277 la carta puebla al lugar organizándose por fin la villa y el concejo. Su nombre en origen era Salas de Nonaya, refiriéndose al río que atraviesa la villa y como muchas otras polas asturianas, Salas carecería de muralla.

Pero una vez fundada la pola empezaron los problemas con el otro gran poder del lugar. El monasterio de Cornellana. No hay muchos datos de estos conflictos, pero llama la atención que desde el mismo 1277 Salas ya este presente en las Hermandades de Concejos que comienzan a florecer para mejor defensa de los intereses comunes. Está primera Hermandad, que incluía a  Avilés, Pravia, Grado, Somiedo, Valdés, Tineo, Cangas del Narcea y Allande, se proclama en el alto de La Espina, puerto de montaña situado dentro del propio concejo. El pacto se repetiría en 1316, durante la minoría de edad de Alfonso XI, época turbulenta donde las haya en la que la única garantía de orden era la propia fuerza.

La villa perdió sus derechos con la llegada de los Trastámara, y paso en 1373 a ser parte del señorío de Alfonso Enriquez, ese hijo bastardo de Enrique de Trastámara que tantos quebraderos de cabeza daría a sus parientes. Pero por fortuna para nuestra villa protagonista, este comportamiento tan díscolo por parte de su señor hizo que se restituyeran sus fueros en 1382, tan solo nueve años después de haberle sudo arrebatados.

Ya ha finales de la edad media, en pleno reinado de los Reyes Católicos, Salas y otros cuatro concejos limítrofes (Grado, Pravia, Valdés y Miranda) se hermanan de nuevo y pasan a integrar un solo asiento en la Junta General del Principado.

Y si parece que los Lamuño, el monasterio y la puebla de Salas fueran ya suficientes focos de poder en un espacio tan pequeño, todavía falta hablar del otro linaje de la zona; los Doriga, que asentaban sus reales en la localidad homónima, y se refugiaban también en una poderosa torre, a apenas unas leguas de Cornellana. Pero los Doriga se llevaban bastante bien con la villa de Salas, tanto es así que en 1378 Garci Fernández de la Doriga represento a Salas es la Junta General que se reunía para poner enfrentarse a Alfonso Enriquez. Los de la Doriga prosperaron tanto que entre los siglos XV y XVI adosaron un palacio a su vieja torre, suplantaron a los Lamuño como familia más significada de la zona y siguieron representando a Salas en la Junta del Principado.

La última familia que nombraré serán los Salas, otra distinguida familia que andado el tiempo emparento con los Valdés y tuvo como su más insigne hijo a Fernando de Valdés de Salas, el gran Inquisidor. Los Valdés-Salas se hicieron con el señorío de la fortaleza de la villa, que aún a día de hoy lleva su nombre.

Por último reseñar que como el concejo se encuentra atravesado por el camino de Santiago son tres los hospitales que socorren a los peregrinos en su caminar por el concejo, uno en el monasterio, otro en la villa y el último en La Espina, aunque este último dependía de la Mitra de Santiago.

Ideas de aventuras


  • Un grupo de Pjs se dirigen a Salas durante su día de mercado. A la altura de Cornellana un grupo de hombres armados hasta los dientes y comandados por un monje les exigen un tributo para poder seguir. ¿Aceptan los Pjs a pagar el tributo o se resisten armas en mano?
  • Los Pjs están peregrinando a Santiago y esperan alcanzar el hospital de peregrinos de La Espina antes del anochecer. Sin embargo cuando por fin llegan al refugio descubren que está completamente abandonado, con platos sobre las mesas, fuegos todavía encendidos, y vasos a medio beber. ¿Que ha ocurrido con todos los que allí estaban?
  • Tras las guerras contra Alfonso Enriquez los Pjs disfrutan de un merecido descanso en la pola de Salas. Pero una noticia inquietante viene a turbarles, un antiguo vasallo de don Alfonso al que creían muerto se dirige de vuelta a la puebla, hay quién dice que para vengarse de los Pjs por pasadas ofensas. Nadie en Salas parece apoyar a los Pjs, están solos ante el peligro.

Post Scriptum

Por supuesto el castillo de Salas, con su palacio del s.XVI y su colegiata son lo que más destaca a primera vista de la villa. Pese a todo he decidido no hablar de ellos, castillo a parte, porque se escapaban del arco temporal de Aquelarre y no quería alargar demasiado el post. Baste decir que en la colegiata está enterrado el Inquisidor General Fernando de Valdés-Salas, fundador de la universidad de Oviedo, azote de herejes e incrédulo de Brujas. 
En el pequeño espacio que ocupa el concejo de Salas se localizan dos torres en buen estado de conservación (la de Valdés-Salas y la de la Doriga), un monasterio a punto de cumplir mil años, varios hospitales de peregrinos e iglesias que se remontan al reino de Asturias. Solo por eso ya merecía la pena el post.
Pero los que seáis habituales de este blog os habréis dado cuenta de que no está incluida en el post la habitual sección de mitos y leyendas. Esto no se debe a que en Salas no haya nada que contar al respecto. Al contrario, es tanta y tan abundante la fauna mitológica y legendaria en el concejo que se merece un post aparte, que espero tener listo en breve y en el que incluiré el mapa del concejo con todos sus puntos de interés. No os lo perdáis. 

Bibliografia


  • www.ayto-salas.es/historia
  • www.castillosdelolvido.com
  • es.wikipedia.org/wiki/Salas#Edad_Media

viernes, 17 de julio de 2015

La gran casa de Valdés.

La casa de Valdés hunde sus raíces en lo más profundo de la Edad Media Asturiana. Con origen en el concejo del que toman su apellido, los Valdés fueron extendiendo su influencia poco a poco a lo largo de casi todo el territorio asturiano gracias a una inteligente política matrimonial. Un ascenso al poder que no dejó de levantar envidias y suscitar rivalidades con otros ricosombres, que no dudaron en enfrentarse con nuestros protagonistas. 

El origen de este linaje parece encontrarse en Gonzalo Melendez, rico-ombre de Alfonso VII, señor de la villa y puerto de Luarca, que defendió la voz del rey durante las revueltas del conde don Gonzalo Pelaez. Su lealtad sirvió para que el emperador leones le entregara lo que sería a partir de entonces su patrimonio, así como varías tierras de los rebeldes derrotados en el lugar de Busto. Este territorio donado se correspondería con el valle del río Esse, el Val del Esse; Valdés.

La Gran Casa de Valdés
La Gran Casa de Valdés
En algún momento indeterminado del siglo XII el tronco familiar de los Valdés se divide en dos y aparece una segunda rama en el concejo de Llanera, justo al norte de la ciudad de Oviedo, al otro lado del monte Naranco. Será está rama de la familia, la situada en Llanera, la que logre alcanzar mayor predicamento dentro de los reinos de Leon y Castilla, llegando a ser nombrado uno de ellos, Pedro Menéndez de Valdés, "caballero muy honrado del Reino de León" protagonista de una de las historias que se relatan en "El Conde Lucanor" de don Juan Manuel. Estos Valdés de Llanera, tendrían su solar y residencia principal en las conocidas como "Torres de San Cucao", fortaleza de la que apenas nos ha llegado una torre muy modificada, y que se encontraba a poco más de dos leguas desde la catedral de San Salvador, justo al otro lado del río Nora

Durante los siguientes años del siglo XII los Valdés extendieron su influencia por el territorio circundante, restauraron el monasterio de Cornellana, se hicieron con el señorío de la villa de Salas y con las encomiendas, por parte de la catedral de San Salvador, de los concejos de Gozón y Llanera. Se levantan en estos años del siglo XII las torres de San Cucao y una capilla funeraria para la familia en el renombrado monasterio de San Vicente de Oviedo.

 Sin embargo no es hasta nos encontramos con don Rodrigo Menéndez Valdés, señor Busto, Ranón, Quintana, con vasallos en la tierra y villa de Salas y señor de las torres de San Cucao, que el apellido Valdés se convierte en el nombre familiar (como se ha visto más arriba, el primero se apellidaba Melendez). Acabó sus días el primer Valdés propiamente dicho en 1210, reinando Alfonso IX, el último rey de León. Y sus hijos no perdieron el tiempo, estuvieron en las Navas de Tolosa, en la reconquista de Jerez, en la de Sevilla, en el sitio de Gibraltar (donde muere peleando Garci Gonzalez Valdés) y, como no, en la guerra civil castellana de 1366-1369. Pero antes de seguir nos detendremos en aquél que luchó en las Navas de Tolosa, Pedro Menéndez de Valdés.

Merece la pena el receso en don Pedro, porque, como he dicho antes, es el protagonista de una de las historias de "El Conde Lucanor", la historia nos habla que don Pedro era un hombre muy templado que, pasase lo que pasase, siempre se lo tomaba a bien, pues las cosas ocurrían por voluntad de Dios y por lo tanto ocurren por un buen motivo. Vino a suceder que el rey don Alfonso IX llamó a la corte a don Pedro, pero éste tuvo una aparatosa caída de caballo y se quebró la pierna, no pudiendo acudir al llamamiento. Todos los que a su alrededor estaban le preguntaban como iba a poder ser bueno esto, pues muy posiblemente el rey se encolerizara por su ausencia. Lo que no sabían estos sabihondos, era que el llamamiento no era sino una trampa, pues los enemigos en la corte de don Pedro habían enemistado al rey con él, y el rey había dispuesto que don Pedro sería emboscado y muerto durante su camino a la corte (vaya con el rey). Al no poder acudir debido a su herida, dio tiempo para que los enemigos de don Pedro se desenmascarasen, fueran castigados y el de Valdés volviera a la estima del rey. Demostrándose así que don Pedro tenía de nuevo razón, y que Dios dispone lo que es mejor para los suyos.

Y podemos ahora seguir nuestra historia, que la habíamos dejado en la guerra civil castellana, momento en el que aparece uno de los Valdés más fascinantes de todos los que se pasearon por la Asturias Medieval; Diego Meléndez de Valdés, más conocido como "El Valiente".

Este Diego fue uno de los capitanes más fieles a la causa de don Pedro I, llamado "el Cruel" y cuando su señor cayó muerto por mano de su hermano Enrique en el castillo de Montiel, don Diego, viendo peligrar su vida huyó de Castilla de manera tan inmediata que ni siquiera tuvo tiempo de despedirse de su esposa. Y es que don Diego había negado refugio a don Enrique en su castillo de San Cucao durante las primeras revueltas de éste. Y el nuevo rey no tardo ni un parpadeo en sentarse en el trono y enviar a Asturias a uno de los suyos, Pedro Ruiz Sarmiento, Adelantado Mayor de Galicia, a confiscar los bienes de los vencidos y a derribar las famosas torres de Llanera. Diego pudo escapar disfrazándose de monje benedictino gracias a la ayudad del abad de San Vicente de Oviedo.

Con ganas de poner tierra de por medio, pero no de ser acusado de cobarde, Diego Melendez peregrinó en su huida hasta la ciudad de Jerusalén, en donde visitó los Santos Lugares y el sepulcro de Santa Catalina, y quiso Dios que su mujer, que era del linaje de los Álvarez de Nava, se reencontrara allí con él, pues al poco de enterarse de su huida la dama había salido en pos de su marido. Pasaron después al reino de Chipre, donde combatieron contra los genoveses y fue nombrado conde por el rey Jacobo de Lusignan.

La Gran Casa de Valdés
Diego Meléndez Valdés "el Valiente" descabalga a
un caballero francés. Por Juan Pablo Moratiel.
Volvió don Diego a tierras de Castilla y entro al servicio de uno de los primos del rey, Pedro, conde de Trastamara, don Diego llevaría "mudado el habito y cambiado el nombre" haciéndose pasar por otra persona en espera de la oportunidad para redimirse y recuperar lo que era suyo. Y la oportunidad llego en una jornada en Valladolid, donde se celebraba un gran torneo y los caballeros españoles estaban siendo incapaces de derrotar a los franceses, aliados del rey. Mando don Enrique llamar a sus caballeros de los reinos de León y Galicia y, para su alivio y orgullo, uno de los del séquito de su primo fue capaz de batir, uno a uno, a todos los jactanciosos caballeros de la dulce Francia. El rey, más que dispuesto a celebrar la hazaña, prometió al caballero otorgarle lo que le pidiera, pero humildemente aquel hombre solo pidió: "que se otorgase la vida a un hombre que por ser fiel a su señor estaba condenado a muerte" Concedió el rey el perdón pensando que se refería el caballero a uno de sus escuderos, y se llevó sorpresa mayúscula cuando don Diego reveló su verdadera identidad. El rey mantuvo su palabra, le perdonó la vida, le restituyó sus bienes, le dio permiso para reconstruir las torres y lo nombró Guarda Mayor de su hijo don Juan. No esta mal para un caballero del bando perdedor.

Gracias a ese perdón real don Diego reconstruyó las torres de San Cucao y levantó una ermita en Gijón bajo la advocación de Santa Catalina. Pero más importante aún fue que los Valdés, divididos en distintas ramas familiares, reafirmaron su poder en diversas partes de Asturias. Así los Valdés de San Cucao se hicieron con la Merindad de Oviedo, aunque la vendieron posteriormente a los Quiñones, los Valdés de Aviles defendieron la villa contra estos últimos, y dos capitanes de la Casa defendieron las armas del rey en la frontera con Granada, en donde destacó García Gonzalez de Valdés, que defendió Baeza con la sola ayuda de los habitantes de la villa, de un ejercito granadino de más de siete mil jinetes y diez mil infantes, ocurrió esto en 1407. Veinticinco años después, otro Valdés, llamado Pedro Meléndez, triunfó en una justa organizada por el rey Juan II, siendo reconocido como uno de los mejores justadores del reino, Pedro Meléndez era por aquel entonces capitán en la frontera con los moros.

De vuelta en Asturias los años del reinado de Juan II fueron épocas de disturbios y banderias. La leonesa familia de los Quiñones, que habían combatido con éxito al conde don Alfonso, se habían ido apoderando poco a poco de toda la región, en algunos casos por medio de pactos y en muchos otros por violencias e intimidaciones. Los pocos que se enfrentaban a ellos sufrían el riesgo de ser exterminados y sus tierras perdidas y repartidas y la situación fue tan grave que apenas la villa de Avilés, defendida por Pedro Valdés, y el castillo de San Martín, en la desembocadura del Nalón, se resistían a su dominio, los asturianos pidieron ayuda al rey, pero el monarca estaba tan sobrepasado por la inestabilidad general del reino que solo pudo delegar en su hijo, el Príncipe de Asturias, futuro rey Enrique IV. El príncipe, con pocos medios él mismo, envió a tres capitanes para recuperar su autoridad en la región. Como no, uno de ellos era un Valdés, Fernando de Valdés, que se encargó de restaurar la autoridad del príncipe en las Asturias de Tineo

La lucha por liberar a Asturias de los Quiñones fue dura y sangrienta, con muchas muertes y disturbios y solo se consiguió cuando se arrancó del príncipe un solido compromiso de no volver a entregar a otros lo que era suyo por derecho (los asturianos querían evitar con esto que, después de luchar y morir al enfrentarse a los Quiñones, el príncipe les entregara de nuevo el poder en la región para atraérselos a su bando, y es que las conjuras de la corte convertían en aliados a los que hasta ayer habían sido enemigos acérrimos, por un precio, claro). Sin embargo este no fue el fin de los Quiñones, pues las guerras civiles que estaban por venir les devolverían su lugar en la región. Pero eso ya se contará en otra parte.

 Momentáneamente el principado había quedado libre de los leoneses y, en teoría, en manos del príncipe, su propietario. Pero eso no trajo con sigo la paz, y en esto tendrían su responsabilidad los Valdés junto con otra de las grandes casas asturianas;  los Quirós.

La Gran Casa de Valdés
Diego Meléndez de Valdés se esconde
bajo el puente de Colloto.
Por obra de Nestor Gonzalez.
 Unos y otros llegaron a las manos para demostrar "quién valería más en la tierra" y se sucedieron las escaramuzas y las muertes entre uno y otro bando, siendo una de las más sonadas la derrota de los Valdés en el puente de Colloto, cerca de Oviedo, en donde solo se salvó Diego Meléndez de Valdés, hijo bastardo de Melen Suarez de Valdés, que se escondió debajo del susodicho puente. Pese a este contratiempo los Valdés fueron capaces de reorganizarse y derrotar por su parte a los Quirós, que pidieron ayuda a sus deudos y reunieron tantas tropas que los Valdés hubieron de escapar de sus casas que fueron quemadas y saqueadas... y así sucesivamente. Todas estas violencias tuvieron lugar alrededor de los años cincuenta del s. XV.

Por fortuna para unos y otros, y para el mismo Principado, estas banderías no fueron capaces de acabar con ninguno de ellos y con la llegada de los Reyes Católicos por fin pudo la región disfrutar de su merecida estabilidad.

Y fue durante el reinado de Sus Católicas Majestades que nació el que será el último Valdés del que trataremos en este artículo: Fernando de Valdés Salas. Pertenecía a una rama de la familia enclavada en el concejo de Salas, lugar donde nació, que había ido ganando cierta preeminencia entre sus parientes a medida que declinaba el poder de los Valdés de San Cucao. Fernando nace en 1483 y con apenas treinta años ya forma parte del Consejo Supremo de la Inquisición, protegido por Cisneros, entabla amistad con Carlos I durante una visita a Flandes, y su ascenso es meteórico, sucesivamente se convierte en obispo de Elna, de Ourense, de Oviedo, de León y de Sigüenza, preside la Real Chancillería de Valladolid y en 1546 es nombrado arzobispo de Sevilla, Un año después sería nombrado Inquisidor General, tarea que desempeño con una eficiencia implacable. Martillo de herejes, enemigo acérrimo de Lutero, luchador incansable contra los focos de erasmismo y luteranismo que aparecieron en Castilla, redactor del Indice de libros prohibidos, envió a no pocos a la hoguera por ser cripto-judíos, moriscos y falsos conversos. Y salvó indirectamente a cientos de mujeres de morir en la hoguera por brujería.
Y es que el Inquisidor General no creía en las brujas. Era jurista y sentó las bases de la investigación judicial de la Inquisición, si no se puede probar de forma fehaciente, es que no existe y por lo tanto no debe ser juzgado. La brujería no era sino ignorancia y supercherías, y la mayoría de los testigos eran niños o gentes incultas que no parecían haber oído nada sobre brujas hasta el momento en el que se les preguntaba sobre ellas.

Y con él damos por terminado este asunto de la Casa de Valdés.

Post scriptum: hacía mucho que no me enfrentaba a una tarea tan inabarcable como esta de la casa de Valdés. No solo hunden sus raíces en lo más profundo de la Edad Medía, sino que parecen extenderse por todas partes como si de una hidra de cien cabezas se tratara. He encontrado rastro de los Valdés en el concejo homónimo, en Llanera, en Oviedo, en Avilés, en Salas, en Gijón y también en Sevilla y la frontera con Granada, y más adelante en las Américas. Vamos que están por todas partes.
 Y como son tantos cumplen con todos los diversos estereotipos de los caballeros de la época, hay valdeses ladrones y malfeitores, como los de Valdés (el concejo), los hay abnegados defensores de la corona (como los de Llanera) y los hay defensores de los villas y sus privilegios, como los de Avilés. Pero esto sería una simplificación porque en todos los concejos y en todas las ramas se llegar a dar todos los diversos estereotipos.

Ideas de aventuras: 

  • Los Pjs forman parte del séquito de Diego Meléndez de Valdés, conocido como "el Valiente", y son forzados a huir al exilio junto con su señor. No solo el prodigiosos periplo hasta Jerusalén es una fuente inagotable de aventuras, sino una vez allí la visita a los Santos Lugares, las luchas contra los Genoveses, el reencuentro con su esposa. Todo ello es puro material de aventuras.
  • Durante las guerras contra los Quiñones los Pjs reciben el delicado encargo de llevar al rey los documentos con las conclusiones de sus tres capitanes. Deben llegar a la meseta, pero los puertos están patrullados por los barcos de los Quiñones y la tierra tomada por sus fieles. ¿Lo conseguirán?
  • Un grupo de entusiastas inquisidores son enviados a una remota comarca asturiana para esclarecer ciertas acusaciones de brujería, se encuentran con terribles prácticas, pero son incapaces de llevar consigo una sola prueba de ello. ¿Serán capaces de presentar sus conclusiones al poderoso Inquisidor General Fernando de Valdés? ¿O decidirán actuar por su cuenta y afrontar más adelante las consecuencias?


Bibliografía: Las Bienandanzas y Fortunas. De López de Salazar. Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias. Del Padre Carvallo. Armas y linajes de Asturias y Antigüedades del Principado. De Tirso de Avilés. Historia de la Brujería en España. De Joseph Perez. Historia de Asturias. VVAA. Ayalga Ediciones. El conde Lucanor. Don Juan Manuel. 

lunes, 25 de agosto de 2014

Alfonso Enriquez, el gran rebelde.

Hijo bastardo de Enrique de Trastámara y Elvira Iñiguez "La Corita", dama de compañía de los Garcilaso de la Vega, nace en Asturias en 1355 mientras su padre reclutaba fuerzas para una de sus revueltas.

El reinado de Enrique II
Poco se sabe de su infancia hasta que el 13 de abril de 1367 se le localiza junto a su padre en la batalla de Nájera, donde presenció el descalabro de los suyos ante las tropas del Príncipe Negro. Como es bien sabido la derrota del Trastámara no supuso el fin de la guerra y en 1368 se encuentran, padre e hijo, asediando Toledo, donde Alfonso es nombrado por obra y gracia de su padre, señor de Noreña, titulo que don Enrique había heredado de Rodrigo Álvarez de las Asturias y que ahora transfería a su bastardo. Se habituaba el hijo de don Enrique a la guerra y en 1369 está junto a su padre en Montiel, donde todo acaba.
Nombrado caballero por su padre en Santiago de Compostela en 1372 y ascendido a la categoría de conde de Noreña y Gijón y de "La Puebla de Villaviciosa, e la de Colunga, con Cangas de Onís, e Cabranes, e Pongrin (Ponga) e Mariñán, e Parras(Parres) e Piloña, e Caso, e Haller, e las Pueblas de Grado, e de Pravia, e de Valdés, e de Salas, e de Luarca, con todos sus términos, e vasallos e fijos dalgo, e fueros, e con todas sus rentas, e pechos, e derechos, e con todas sus pertenencias, e con todo el señorío real e mero-mixto imperio...", este mismo año comienza a guerrear en Galicia contra los focos petristas que se mantenían rebeldes. Al año siguiente acompaña a su padre en la guerra contra Portugal, cuyo rey había recogido la antorcha del legitimismo petrista. Durante esta campaña toma y saquea Cascaes.
 Con la firma de la paz con Portugal se estipula que don Alfonso se casaría con una de las hijas del rey portugues, doña Isabel, a la sazón de ocho años, con lo que habría que esperar para realizar en el enlace. Alfonso, de 18 años se niega a casarse con la infanta portuguesa y huye a Francia desde Asturias. Desembarca en La Rochelle y busca el apoyo de Carlos V y del Papa Greorio XI, mientras en Castilla su padre le confisca todos sus bienes.
El rey de Francia, que estaba aliado con Castilla y había colaborado en la llegada al trono de Enrique II y no quería perder el apoyo de la marina castellana, aconseja a Alfonso que vuelva a Castilla y haga caso a su padre, pero el incipiente rebelde retrasa su regreso hasta 1376. Y es entonces cuando la que no se quiere casar es la infanta portuguesa, que se había enterado de que don Alfonso no la quería. Finalmente se celebra el matrimonio en Burgos en 1377, oficiado por el Arzobispo de Santiago, que pregunto por tres dos al conde de Noreña si quería casarse con la infanta portuguesa. Pero el conde permanecía en silencio. A la tercera vez que el arzobispo preguntó el rey don Enrique obligó a su hijo a contestar que sí. Pero todos los presentes tuvieron claro que había sido un "sí" forzado.
Se suele apuntar que uno de los motivos por los que el conde de Noreña pudiera no haber deseado ese matrimonio es por la ambición misma del conde, al cual, bastardo como él era, le parecía poco casarse con otra bastarda, por mucho que lo fuera del rey de Portugal, y apuntan esas mismas voces que don Alfonso albergaba la esperanza de casarse con la hija mayor y legitima del portugues. De ahí su negativa. Pero otras voces hablan del romance que don Alfonso mantenía con otra noble asturiana, doña Inés de Soto, del linaje de los Miranda. No es seguro que se conocieran ya en tan temprana fecha, pero si lo hicieran sería una buena (y romántica) explicación para la testarudez del conde en su casamiento.
El matrimonio no fue consumado, pero los cónyuges permanecieron juntos poco tiempo porque de nuevo la guerra, está vez contra Navarra, requirió de los servicios del joven pero experimentado guerrero.
Navia pertenecía a Pierre de Villaines, capitán francés de don Enrique, Ibias a Diego Fernández, Belmonte era un abadengo y Oviedo, Avilés, Lena y Llanes eran concejos independientes, no sujetos a ningún señor feudal.
A finales de 1379 la rápida campaña había concluido y lo mismo ocurrió con el rey don Enrique, que murió enfermo a finales de año.
 Don Alfonso tenía un nuevo señor, su hermanastro legitimo pero menor que subía al trono como Juan I. A éste don Alfonso no lo respetaba tanto como a su padre.
El reinado de Juan I
Para empezar, ya en 1380, el conde de Noreña se hace con las rentas del alfolí de Aviles, fuente de gran riqueza que controlaba prácticamente todo el tráfico de sal de casi todo el viejo reino de León. A continuación el conde hizo lo que no se atrevió en vida de su padre: solicitar la nulidad de su matrimonio con Isabel de Portugal, una humillación para la joven infanta, pero un peligro para las todavía tirantes relaciones con el reino vecino.
 El siguiente paso del conde fue intentar recaudar impuestos en tierras pertenecientes a al cabildo de la catedral. La reacción real fue inmediata y Juan I exigió al conde que se abstuviera de ello. El conde dio un paso atrás, pero solo para comenzar a conspirar con el Adelantado Mayor de Castilla contra el propio rey. Por suerte para el reino el propio hermano del Adelantado destapo la conjura. Alfonso Enriquez salió indemne, no así el adelantado que perdió cargo y libertad, pues acabo con sus huesos en la cárcel de Palencia.
 Las relaciones con Portugal se iban deteriorando a pasos agigantados. El rey de Castilla descubrió una conjura de los reyes de Portugal e Inglaterra para hacerse con su reino y se desplazó a Salamanca para prepararse para la guerra. Y es entonces cuando tiene conocimiento de que su hermano, desde Asturias, planea complotar con los enemigos del reino. A marchas forzadas el Juan I parte hacia Oviedo dispuesto a acabar con su hermano, pero don Alfonso no pierde el tiempo y solicita el perdón real antes de que la sangre llegue al río. En apenas dos años el conde de Noreña había sido descubierto en dos conjuras.
 El rey don Juan perdonó a su hermano y abandono Asturias de vuelta a la ralla con Portugal, pero no sin antes dejar aseguradas las Asturias de Oviedo, el formidable Gutierre de Toledo, obispo de Oviedo, será su hombre fuerte en la región y demostrará estar a la altura de las circunstancias. El rey ordena a todos "los concejos e iueces, e otros qualesquier oficiales de todas las villas, lugares e cotos..." que obedeciesen al obispo en todo lo que ordenase.
 Bloqueado en Asturias por el enérgico obispo don Alfonso buscó maneras más sutiles para subvertir el poder de su hermano. Solicitó unirse a la embajada que se dirigía a Portugal con el pretexto de intentar hacer las paces con el país vecino, pero cuando la susodicha misión le fue concedida no perdió el tiempo y apenas pasó a Portugal ofreció sus servicios a lusos e ingleses. Y no debió de ser muy disimulado porqué de nuevo el rey don Juan tuvo noticias de la nueva traición de su hermanastro. Por si fuera poco el Duque de Lancaster, Juan de Gante, desembarcaba en Galicia titulándose rey de Castilla.
 Sin embargo, ni los ingleses ni los portugueses quisieron saber nada del conspirador conde, que se vió abandonado por todos en Portugal, mientras en Asturias don Gutierre se hacía con el control de todas sus posesiones. Fracasado de nuevo su intento de conspiración, y ya era el tercero, de nuevo don Alfonso solicita el perdón real.
 Y se le concede.
Y apenas llega a Asturias don Alfonso comienza a abastecer sus castillos y casas fuertes, en claro desafió al monarca, su hermanastro. Llega incluso a intentar sabotear las paces que se estaban firmando con Portugal y que culminarían con la boda del rey don Juan con la infanta portuguesa Beatriz. Pero de nuevo el conde fracaso en sus burdos intentos de intrigar y el rey se dispone a doblegarlo por la fuerza. Se abastecen cuatro galeras para patrullar la costa asturiana y se ordena a las naves de Santander que apoyen en lo necesario la operación. Cuatro capitanes; Pedro Fernández de Velasco, Pedro Ruiz Sarmiento, Gonzalo Martinez de Guzman y Pedro Suarez de Quiñones, serán los encargados de hacer la guerra por tierra al conde, todos ellos estarán bajo las ordenes del obispo don Gutierre.
Es el verano de 1383.
 La resistencia fue dura, pero a finales de año todos los partidarios del conde habían sido reducidos. Especialmente violentos fueron los asedios del castillo de Tineo y del castillo de Vallado, en Cangas del Narcea, así mismo Arias Omaña luchó por el rey en la montaña Leonesa reduciendo a los partidarios del conde y matando a Rodrigo de Orda que era "mancebo muy valiente". De los Omaña ya hemos hablado en otro sitio.
 Derrotado en todos los frentes don Alfonso se refugio en la fortaleza de Gijón, villa con potentes murallas romanas que se encaramaba al cerro de Santa Catalina, pequeña península unida a tierra por un estrecho istmo que quedaba casi aislado con la marea alta. Junto al conde se refugiaban varios caballeros ingleses que quedaban en Castilla "de pasadas guerras". Esta vez el conde estaba dispuesto a todo y cuando el rey, a mediado de Julio, se acercó en persona a parlamentar lo recibió a ballestazos. Iniciándose entonces el asedio propiamente dicho.
 Pero los rebeldes se sabían cercados por tierra y mar. Y don Alfonso no debía de ser demasiado bien valorado, porqué apenas se iniciaron las hostilidades una parte de los sitiadores abrieron las puertas a los soldados del rey. El conde de Noreña, derrotado de nuevo, no tuvo más remedio que solicitar de nuevo el perdón real. Era la cuarta vez.
 Y está vez el rey perdona pero no olvida. Se concede el perdón a todos los vasallos del conde, excepto aquellos que habían defendido Tineo y Vallado, se concede Valencia de don Juan con título de condado a don Alfonso, pero se le retiran todas sus posesiones asturianas, que pasarán a la corona, excepto el condado de Noreña, que se entrega al obispo de Oviedo, en agradecimiento de sus buenos servicios. A su vez se ordenan batir muchas de las fortalezas asturianas, que solían ser usadas por los "nobles robadores" para saquear la tierra, siendo el caso más significativo el del castillo de Tudela de Oviedo, que había sido erigido por Alfonso III allá en el siglo X y en su dilatada historia había tanto protegido como amenazado a la ciudad. Por último el conde entregaría como rehenes a su hija Beatriz y a su esposa Isabel (si, la misma de antes, parece ser que no se llego a culminar la anulación y los cónyuges se habían reconciliado). Alejado de las montañosas tierras asturianas el conde rebelde ya no parecía ser un peligro.
 Pero las andanzas de don Alfonso estaban lejos de terminar. La muerte de Fernando I de Portugal desemboco en una crisis dinástica que tanto el rey de Castilla como su hermanastro quisieron aprovechar en beneficio propio. A los dos les salió mal la jugada. Don Alfonso quiso de nuevo, ahora desde Valencia de don Juan, conspirar con los portugueses, pero una vez más fue descubierto y en está ocasión fue enviado, cargado de cadenas, al alcázar de Toledo, se pasaría unos cuantos años en esta y otras prisiones. Al rey don Juan la cuestión portuguesa también le salió cara. La sangre de los castellanos se derramaría en abundancia en Aljubarrota poniendo fin a la guerra con Portugal, que escogía a la dinastía de Avis como nuevos monarcas. Lamiéndose las heridas don Juan volvió a Castilla solo para ver como el Duque de Lancaster desembarcaba de nuevo en Galicia dispuesto a arrebatarle la corona, ayudado ahora por los vengativos portugueses.
 Pero la invasión anglo-lusa fracaso y Juan de Gante se avino a negociar con Juan de Trastamara. Se acordó el matrimonio de Catalina de Lancaster, hija del Duque, con don Enrique de Trastamara, hijo del rey y ambos los dos recibirían el título de Príncipes de Asturias, vinculando se desde entonces todos los señoríos de la región al heredero de la corona. Si don Alfonso no se hubiera rebelado y sus tierras no hubiesen sido requisadas está solución no hubiera sido posible. Pero el conde había sido demasiado ambicioso y ahora su viejo solar asturiano, desde el que tantos y tantos se habían rebelado, quedaba bajo el control directo del heredero al trono. Estamos en 1388 y había nacido el Principado de Asturias.
 Apenas dos años después Juan I moría en una aparatosa caída de caballo.

El reinado de Enrique III
Don Enrique era todavía un niño cuando su padre muere en el desdichado accidente y como solía suceder en estos casos, la regencia del monarca desato una sorda lucha de poder entre diferentes facciones del reino. Era cuestión de tiempo que algunos de ellos acudieran al encerrado don Alfonso, que era el tío mayor del joven rey, para desequilibrar la balanza y en 1392, seis años después de haber sido encerrado, don Alfonso es puesto en libertad y sus posesiones en Asturias restituidas.
 Sin embargo, tras intensas negociaciones y diplomacias, las regencias del nuevo rey fueron poco satisfactorias para don Alfonso y sus parientes, los otros miembros de la casa de Trastamára, que se veían alejados del poder real, siendo sustituidos por las Cortes y por los linajes de segunda fila. Gentes ambiciosas y orgullosas como eran los Trastamára (el Duque de Benavente, el Conde de Trastamára, la reina Leonor de Navarra y el propio don Alfonso Enriquez) no iban a tardar en rebelarse, pero incapaces de organizarse minimamente y teniendo como único objetivo colmar su propia ambición, no tardarían en ser derrotados uno a uno por el joven rey, que ya en 1393 era declarado mayor de edad.
 A comienzos del año siguiente se reúnen los conjurados en las tierras de Lillo, al norte de León, a donde se dirige rápidamente el monarca con un ejercito de 2000 hombres. La decidida actitud del rey hace flaquear a los conjurados que no tardan en deponer su actitud y volver a la obediencia del rey. Todos menos uno. El viejo conde de Noreña.
 El rey se dispone a entrar en Asturias con gentes de armas para acabar de una vez por todas con el rebelde. Se dispone que una flota de naves cantabras parta hacía Asturias para poner sitio a Gijón, la más formidable fortaleza del conde. Al mismo tiempo Enrique III jura en la iglesia de Santa María de la Regla de León desposeer al conde de todos sus bienes.
Presto para la defensa el conde fortificó no solo Gijón, sino también el poderoso castillo de San Martín, en la desembocadura del Nalón, dejando a cargo de la defensa a un hijo bastardo suyo. Intentó hacerse con el control de Oviedo, que en un principio le abre las puertas de su alcazar, pero que al enterarse sus ciudadanos de las aviesas intenciones del conde de Noreña, no dudan en armarse en intentar acabar con él en el castillo de la ciudad. Don Alfonso logra salvarse y reunirse con los suyos extramuros, pero la capital del principado se escapa de sus manos.
 El cerco a Gijón fue el escenario principal de la lucha, cuyo punto destacado fue la quema por parte de los sitiadores de unas barcas que don Alfonso tenía amarradas al lado de la ciudadela. Los defensores intentaron evitar el golpe de mano, pero fue en vano, las barcas ardieron y el cerco, por mar y tierra se estrechaba sobre Gijón. Por cierto que se estrenaba en los hechos de armas el futuro corsario castellano Pero Niño.
 Pero el invierno se acercaba y un ejercito de 400 caballeros y 2000 escuderos y ballesteros era difícil de sostener en Asturias, donde la tierra "es muy fragosa" y don Enrique tenía miedo de quedar aislado de la meseta por el duro invierno asturiano, por lo que se recurrió de nuevo a la vía de la negociación. En esta ocasión las partes se concedieron un plazo de seis meses para que el rey de Francia dictara sentencia arbitral sobre el contencioso.
Juan Pablo Moratiel nos ofrece su visión del conde
 Alfonso Enriquez complotando con sus hombres.
 Pero se acaba el plazo y don Alfonso no aparece por Francia y cuando lo hace comienza a reclutar mercenarios y a intentar confundir a la corte francesa con mentiras flagrantes sobre su situación y el porqué se ha sublevado. El rey de Francia no llega a dictar sentencia pero recomienda a don Alfonso que se vuelva a la obediencia real y de paso prohíbe a los suyos alistarse a las ordenes del conde. Pero eso no detuvo al conde en su búsqueda de aliados pues parece que apareció por tierras de Bayona, que pertenecían a los ingleses y recluto para su socorro al por entonces famoso pirata Harry Pay de Poole, al que ofreció refugio en Gijón para que sus naves saquearan a placer el litoral gallego.
Mientras tanto en Castilla el rey Enrique había puesto sobre aviso al Adelantado Mayor de León Pedro Suarez de Quiñones para que se tomaran las medidas necesarias para mantener la tierra de Asturias, mientras él se acercaba desde Alcalá de Henares. Cuando el rey llega a León y tiene noticias de lo acontecido en Francia se dispone a poner sitio de forma definitiva a Gijón.
Don Alfonso ya estaba de vuelta en Gijón para cuando comenzó el asedio de 1395, pero las fuerzas en su contra eran tan formidables y el cerco tan estrecho, que decidió volver a Bayona para buscar más ayuda de los ingleses dejando al cargo de la defensa a su mujer Isabel de Portugal, aquella niña con la que no había querido casarse años atrás. La portuguesa, que era "mujer muy varonil" y contaba con caballeros muy valerosos, defendió ferozmente la ciudadela, que estaba siendo sometida a un intenso fuego de artillería, pues parece que no menos de 70 carros tirados por bueyes habían transportado una importante cantidad de bombardas al sitio. Volvió a destacar en la lucha Pero Niño, que quemó el palenque que defendía la torre de Villaviciosa. Algunos dicen que ese palenque había sido levantado por "Arrypay" para defender sus naves.
En los meses de Julio-Agosto, se fue desarrollando una lucha violentisima entre las partidarios del conde y los del rey, pero la lucha llego a su fin cuando los sitiadores instalaron frente a las puertas la conocida como "bombarda de Gijón", un artilugio tan grande y aterrador que los defensores saltaron de sus adarves nada más verla. La visión del ingenio y la perdida de esperanza de un rescate por parte de don Alfonso forzaron a la condesa Isabel a entregar la plaza. Gijón se rendía al rey después de un duro asedio.
 Harry Pay de Poole pudo huir del sitio y parece ser que incendió parte de la villa de la que escapaba, tal vez para cubrirse las espaldas y sembrar un poco de confusión. El resultado no le debió parecer mal al rey Enrique III que decidió demoler la ciudad rebelde por completo, excepción hecha de la iglesia de Santa Catalina, quedando convertido en un despoblado la villa que tantas veces había sido sitiada por los ejércitos reales. Pasaría un siglo entero hasta que se volviera a ocupar el lugar.
 ¿Y don Alfonso? El padre Carvallo dice que vivió "desterrado de estos reinos" por el resto de sus días. Se dice que el rey Enrique III mando a un tal Pedro Gonzalez de Agüero, caballero cántabro, a prender y matar al conde, quién todavía se encontraba en Bayona. Don Pedro capturó en San Juan de Luz a don Alfonso, pero recibió contra orden del rey de liberar al viejo rebelde. El cántabro así lo hizo y volvió a tierras de Castilla.
 Y esa es la última vez que se oye hablar del conde de Noreña. Más adelante su mujer vuelve a aparecer por tierras de Portugal, donde ya parece que es viuda, y uno de sus hijos, posiblemente el bastardo Fernando que defendió el castillo de San Martín solicitó el perdón papal para poder ingresar como presbítero en un monasterio de Palencia. En Portugal los descendientes del conde darían lugar a la casa de Noronha.
Ideas de Aventuras:

  • Los hombres del conde de Noreña han estado recaudando impuesto por las tierras de Siero. Una pequeña y pobre aldea prevenida de que los planes del malvado conde ha reunido un pequeña cantidad de dinero con la que pretende reclutar a siete mercenarios para que la defiendan del noble-bandido. ¿Aceptarán los personajes trabajar por tan poco dinero para salvar a unos miseros campesinos?
  • En las ruinas del castillo de Tudela, mandado derribar por Juan I durante una de las revueltas del conde, dicen que se ocultan un gran tesoro en unas galerías subterráneas que comunicaban el castillo con el río Nalón. El conde de Noreña ha oído hablar de ese tesoro y ha contratado a los personajes para que lo recuperen lo más rápidamente posible. Lo que nadie sabe es que las galerías bajo el castillo han sido cavadas hace cientos de años por los misteriosos mouros, los cuales no están dispuestos a que nadie les robe su tesoro.

Post scriptum: Alfonso Enriquez fue un hombre ambicioso que fracasó en todas sus sublevaciones para ser perdonado una y otra vez por los sucesivos reyes Trastamára. No deja de ser un triste emulo de su padre, bastardo como él, que también se sublevo varias veces contra el rey legítimo, pero que, al contrario que el conde, triunfó en su última batalla y logró hacerse con la corona. Don Alfonso no pudo o no supo conseguir los mismos éxitos que su padre, lo que lo convierte de alguna manera en un personaje un tanto tragicomico, casi un villano de opereta, que no deja de sublevarse y rebelarse para terminar, invariablemente fracasando. Casi como si fuera un villano al estilo "Pierre Nodoyuna".
 Lo cierto es que sus acciones tuvieron un efecto transcendental en el reino de Castilla, pues contribuyo, a su pesar, a la creación del Principado de Asturias, al fortalecimiento de las Cortes y al afianzamiento de la corona. Todo ello a base de fracasar, claro.
 En Asturias sus acciones trastocaron por completo el panorama. No solo el Principado colocaba bajo jurisdicción del heredero de la corona unas tierras que no habían hecho más que dar quebraderos de cabeza a los distintos reyes en los últimos cincuenta años, sino que desde entonces el obispo de Oviedo sería también conde de Noreña y, lo que fue muy importante para el s.XV asturiano, se afianzó el dominio en Asturias de una nueva casa noble; los Quiñones leoneses, quienes dominarían la región con puño de hierro hasta el reinado de los Reyes Católicos.
He tenido que simplificar un tanto la última parte de la vida del conde. Su último levantamiento se enmarca en un contexto más amplio de rebelión de la alta nobleza en defensa de sus intereses frente a las Cortes, la Corona y los linajes de segunda fila, que estuvo condenado al fracaso por la propia impericia de los sublevados. Entrar en detalles me pareció demasiado farragoso.
Respecto a Harry Pay de Poole, pirata inglés de la época, las versiones son contradictorias. En unas se dice que era amante de Isabel de Portugal, la esposa del conde, en otras que fue contratado por don Alfonso, en otras que prende fuego a Gijón después del sitio, es decir, como si Gijón no hubiese sido destruido por orden del rey Enrique "el Doliente". He escogido un poco de cada una y me he quedado con una visión en la que "Arrypay" pudo haberse enfrentado a Pero Niño y escapo de Gijón prendiendo fuego a la villa. Si era amante o no de doña Isabel queda a gusto de cada uno.
Y eso es todo sobre el conde don Alfonso Enriquez, gran rebelde, mal conspirador y buen villano para quién lo quiera usar en sus historias.

Bibliografía: "Historia dibujada de Asturias"  Texto y guión de Carlos María de Luis, dibujos de Adolfo García, "El conde don Alfonso" de Juan Uría Maqua,  "Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias" del Padre Carvallo y www.gespacho.com/TodoASTURIAS/Concejos/GijonSXIV.html.  

jueves, 22 de mayo de 2014

El desdichado destino de Gonzalo Martinez de Oviedo.

Hijo de Nuño Perez de Caso, Despensero Mayor de don Alfonso Onceno y dos veces nombrado Maestre de Alcántara, una en Cáceres y otra en el convento de Alcántara, seguramente para subsanar algunas irregularidades de la primera. Tuvo lugar esta última ceremonia a finales de Mayo de 1337.
 Este doble nombramiento vino a cuento de que el primero no se había hecho con las adecuadas garantías, habiéndose producido tras la renuncia "voluntaria" del anterior Maestre don Ruy Pérez. Sin embargo, excepcionalmente, teniendo en cuenta la turbulenta época en la que estamos, el antiguo Maestre se avino a razones y se declaró que el nombramiento de Gonzalo Martinez era ajustado a las reglas de la orden y que, además, en los ocho meses que llevaba en el cargo había gastado diez mil libras en reparos y construcciones de fortalezas de la orden, dando cuenta de esta manera que era un hombre activo y dispuesto a trabajar por el bien de la misma. Se le confirmaron ademas al cesado maestre ciertos privilegios para contentarle, mirando, eso si, que no se le entregara ningún castillo desde el que se pudiera sublevar.
Aclarado todo esto se dirigió con freires y clérigos a la villa de Cáceres, donde el rey Alfonso le entrego el pendón de la orden, según era tradición, y don Gonzalo le rindió pleito homenaje al rey, al que inmediatamente siguió camino de Badajoz para meterse de lleno en un asunto más peliagudo: la guerra con Portugal.
Esta guerra había sido resultado de un complot entre el rey de Portugal y el tío del rey, el famoso infante don Juan Manuel (si, el de "El conde Lucanor"), y tuvo entretenidos durante un año a los ejércitos de Castilla, y con ellos al rey y al maestre de Alcántara, hasta que en 1338, gracias a la intervención papal se arreglaron las cosas entre ambos reinos.
Y es que por esa época surgía una nueva amenaza para los reinos cristianos de la península. El hijo del rey de Marruecos, conocido entre los castellanos como Abomelique, se titulaba rey de Algeciras y Ronda, y había pasado a la península en espera de qué su padre hiciese lo propio. Se iba a librar una gran guerra en el estrecho y don Alfonso lo sabía.
 Necesitado como estaba de dineros, subió el rey a Madrid para conseguirlos y dejó al cargo de la guerra a don Gonzalo Martínez, nuestro protagonista, tal era la confianza que en él tenía el rey, que ordenó a sus vasallos que obedecieran al Maestre como sí fuese su real persona.
Con tanta responsabilidad sobre sus hombros no tardó el Maestre en mostrarse merecedor de ella poniéndose de inmediato a la cabeza de un ejército que desde Córdoba pensaba adentrar en tierras de moros, pero tuvo noticia de que el infante moro Abomelique había lanzado un ataque cerca de Jerez, pues los moros, cerrado como están. El estrecho a sus barcos, tenían necesidad de hacerse con suministros, y se habían ya apoderado de varias vacas y granos. Rápidamente logró el Maestre darles caza y desbaratarles en una sangrienta batalla, en la que la valentía y coraje de los cristianos pudo más que el mayor número de sarracenos.
Pero Abomelique no estaba entre los caídos, y pronto llego a oídos del Maestre, que el infante de los moros se encontraba muy cerca del río Patute, en la Vega de Pagana, y sin dilación se pusieron los cristianos en camino para impedirle el paso.
Llegaron cuando era noche cerrada y se veían las hogueras del campamento moro, pero mientras el Maestre discutía con otros gentil hombres si debían o no lanzarse de inmediato a la batalla o esperar al amanecer, un grupo de peones cristianos se subieron a las colinas circundantes y comenzaron a gritar "Santiago, Santiago", alertando a los moros de sus presencia. Curiosamente, los moros estaban tan seguros de su fuerza y su número, que pensaron que los que gritaban no eran otros, sino los que ya habían sido desbaratados por los cristianos, cosa que ellos no sabían, y que les gritaban en tono de burla. Es por eso que tan sólo quinientos de los moros decidieron armarse, pues los demás pensaban que no había peligro.
Al despuntar el alba se pusieron los cristianos al ataque y entraron con fuerza en el real de Abomelique, el cual vio perdido su caballo y su ejército, e intentó huir por piernas, pero como era persona tan principal y poco acostumbrada a usarlas, no fue capaz de huir y unos jinetes cristianos lo alancearon cuando trataba de hacerse el muerto. Manera muy ignominiosa de morir para alguien tan principal,  sin duda alguna. Dicen las crónicas que más de diez mil moros quedaron ese día sobre el campo. Una gran victoria para el Maestre de Alcántara.
Que justo después caía en desgracia.
 Y es que el buen Maestre había contrariado a la mujer detrás del trono, la amante del rey Leonor de Guzmán que era la madre de una buena cantidad de hijos del rey (los que luego serían llamados los Trastámara) y que pretendía que su hermano Mendez de Guzmán fuera nombrado Maestre de la Orden de Santiago. Y algo, no se sabe que, había dicho contra este hecho don Gonzalo Martinez que no le había gustado en absoluto a la amante real, a la cual no se le ocurrió nada mejor que quitar de en medio al Maestre, no ya despojádonle de sus títulos y prebendas, sino quitándole también la vida. Para ello recurrió a la ayuda de otros cortesanos que por algún motivo desconocido se había malquistado con el Maestre de Alcantara. Así que entre todos hablaron al rey, que se encontraba en Madrid reuniendo fondos para la guerra con el moro, y vertieron veneno en su oído diciendo que el Maestre había dicho cosas muy malas sobre doña Leonor, y que la pobre y desdichada amante real se encontraba muy dolida por ello.
 Furioso, el rey mando llamar a su presencia a don Gonzalo, el cual cuando leyó la carta real intuyó que algo muy malo estaba sucediendo a sus espaldas y, en lugar de acudir al llamamiento del rey, temiendo por su vida, huyo a refugiarse a los castillos de la Orden cercanos a la frontera con Portugal. 
 Este movimiento no hizo sino aumentar la cólera del rey, que volvió a enviar otra carta, esta con buenos modos, pidiendo al Maestre, de nuevo, que acudiera a su presencia en la villa de Madrid, pero don Gonzalo juzgo conveniente refugiarse en el castillo de Valencia de Alcántara, uno de los castillos de la Orden, y mando un emisario a Portugal para solicitar asilo.
 Sabido esto, el rey montó en cólera y se puso a la cabeza de sus tropas  para sacar al desgraciado Maestre de su escondrijo, no tardando mucho en llegar al castillo de Valencia donde se hallaba este refugiado con unos pocos fieles, pues la mayoría le había abandonado al saber que el mismo rey se lanzaba contra él. Encerrado en la torre mayor del castillo, hizo el maestre colgar en lo alto de la misma todas las enseñas y pendones que había capturado a los moros de Marruecos, quizá con la esperanza de que al verlos el rey recordara cuanto bien había hecho el Maestre a su causa, pero entre los seguidores del rey había muchos que querían mal al Maestre y le habían acusado de querer rendir las tierras a los moros y de querer entrar en el reino con el ejercito de Portugal (cuyo rey, por cierto, había denegado ya su ayuda al Maestre), y el rey no tuvo oídos a los ruegos de don Gonzalo, que se negó entonces a rendir la fortaleza, dando comienzo el asedio.
Pero la estrella de don Gonzalo ya se había apagado. Algunos de los caballeros que defendían las torres del castillo razonaron que la fuerza del ejercito real era demasiada y que poca gloria habría en hacerse matar por un Maestre que ya había sido depuesto de su rango. Decidieron abrir las puertas del castillo y dejar entrar al ejercito real. Con todo perdido el ya depuesto Maestre se entrego al rey y con los ojos inundados por las lagrimas le rogó por su vida, pero don Alfonso no estaba por la labor y delego en Alonso Fernández de Coronel para que hiciese justicia. Y como el tal Alonso era enemigo declarado de don Gonzalo, no tardó mucho en hacerlo degollar por traidor, confiscando todos sus bienes. 
 El finado Maestre había gobernado la orden por tres años, había mandado edificar la casa del Convento de San Francisco de Oviedo y también comenzó a fabricar su iglesia. Por estos motivos fue enterrado en este monasterio del que era benefactor, como muchos otros nobles asturianos. Fue restituido de su honra en tiempos de Pedro I, cuando la misma que lo había mandado degollar, doña Leonor de Guzmán, fue a su vez degollada por orden del rey, encontrando algunos cierta justicia divina en el hecho. Como había sido guerrero antes que freire, don Gonzalo dejó un hijo legítimo, un tal don Rodrigo Gonzalez de Oviedo, que puede que tuviera alguna relación con Diego Gonzalez de Oviedo, quien veinte años después negaría la entrada en la ciudad a don Enrique de Trastámara. Pero esto es pura elucubración del que escribe.  
Ideas de Aventuras: 

  • Los personajes son miembros de la corte de don Alfonso XI, conocen bien al Maestre de Acantara, pues ha luchado junto a él en varias ocasiones cerca de la frontera. Mientras acompañan a su señor a la villa de Madrid descubren un pérfido complot para acabar con el buen Maestre ¿tratarán de ayudar al Maestre a desenmascara a los conjurados?¿o se pasaran al bando ganador y ayudarán a traicionar a don Gonzalo?
  • Los personajes han caído prisioneros de las fuerzas de Abomelique mientras estas se adentran en tierras de Sevilla. Los personajes sabe que si nadie pone sobre aviso a los hombres de don Gonzalo, los moros llegarán sin oposición a la ciudad del Guadalquivir. De repente uno de los guardias moros se queda dormido... sí alguno de los Pj's lograra hacerse con su gumia...
Bibliografía: "Crónica de la Orden de Alcantara" por Alonso Torres y Tapia y "Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias" de Luis Alfonso de Carvallo.

lunes, 10 de marzo de 2014

Fernando Álvarez, el malvado obispo.

Fernando Álvarez de las Asturias, obispo de Oviedo entre 1302 y 1323.
Posiblemente el hecho más famoso de este obispo del medioevo asturiano sea que comenzó la construcción de la catedral gótica de Oviedo, encargando las obras de reforma del claustro para sustituir el antiguo de carácter románico, que era bajo y pobre y en poca consonancia con una sede episcopal que había ganado gran renombre en toda Europa gracias a las peregrinaciones que se hacían para contemplar sus reliquias.

Otro hecho por el que puede ser conocido el obispo es su parentesco con Rodrigo Álvarez de las Asturias, el gran magnate del momento en la región, eran primos, por lo tanto el obispo era miembro de la, en aquel momento, muy poderosa Casa de Noreña. Sin embargo el obispo se dedico siempre a engrandecer más a la catedral de Oviedo que a su propia Casa. Evidentemente era consciente que la estrella del momento era su primo don Rodrigo y el obispo quería brillar con luz propia. Por cierto que también era hermano de la abadesa de Santa María de la Vega, el monasterio de monjas benedictinas que ocupaba una vega muy arbolada situada a la vera del camino real que venía del oriente astur.

La vieja catedral de Oviedo según Juan Pablo Moratiel
Pero sigamos con el obispo.

Don Fernando Álvarez tuvo a bien terminar con un pleito que su antecesor había comenzado con el Alcalde Real Alfonso Nicolás. Éste había encarcelado y humillado al anterior obispo de Oviedo, Fernando Alfonso Pelaez, allá por el año 1294. En realidad el momento del encarcelamiento y la humillación eran anteriores a la elevación de don Fernando a la dignidad de Obispo, pero tanto da. El prelado no lo había olvidado cuando apenas un año después alcanzó el cargo y ordenó excomulgar al alcalde del rey. Alfonso Nicolás apeló a la santa sede e incluso el rey Fernando IV pidió que se levantará la excomunión, pero el humillado obispo no cejó en su empeño y todo el asunto no se resolvió hasta 1306, cuando siendo ya obispo nuestro Fernando Álvarez, el viejo alcalde real accedió a cumplir una penitencia, a saber: caminar semidesnudo, con una soga al cuello que le ataba a otros excomulgados por el obispo desde la calle de la Rua hasta la misma catedral. Además debía don Alfonso Nicolas pagar 900 sueldos y entregar a la catedral la casa de la Rua, en cuya torre había estado encerrado el dean. El alcalde cumplió, pero no todo, sus descendientes todavía habitaban la casa de la Rua y mantuvieron pleito al respecto con el cabildo. 

Otro hecho notable por el que podría ser recordado el obispo es la milagrosa curación de una perlesía del arcediano de la catedral, don Rodrigo Gutierrez, el cual perdió el hablar y "se le torció el gesto con mucha fealdad", pero gracias a la intervención de los santos San Eulogio y Santa Lucrecia, se recuperó milagrosamente de la perlesía. El obispo, en agradecimiento, mando construir una arca de plata en la que depositar los restos de los santos martires, que hasta entonces habían estado guardados en una más simple arca de madera. Por cierto que entre tanto mover de arcas de aquí para allá se tuvo a bien abrir unas arcas que habían sido depositadas allí por el anterior obispo, el de la excomunión, y se encontró en ellas gran cantidad de joyas y metales preciosos, nada menos que hasta quince quilos. Y es que el buen don Fernando Alfonso era una gran coleccionista de joyas, que las había guardado a buen recaudo en la Cámara Santa de la Catedral. Su sucesor en el cargo, nuestro Fernando Álvarez decidió que las joyas se las quedaba él, posiblemente quería empezar una nueva colección por si mismo. 

Sin embargo, si por algo merece ser recordado el obispo don Fernando Álvarez, de la Casa de Noreña, primo de don Rodrigo Álvarez de las Asturias, es por haber cobijado y protegido al más sanguinario de los bandidos que asolaron las tierras centrales de Asturias en la baja edad media. Me estoy refiriendo al ya nombrado don Gonzalo Peláez de Coalla.

En efecto, el buen obispo estuvo muy implicado en las luchas internas que en ese momento sacudían a la ciudad de Oviedo y que enfrentaban por un lado al regimiento de la ciudad y por el otro al cabildo catedralicio, junto con los monasterios de San Vicente y San Pelayo. 
Pongámonos un poco en antecedentes.

Oviedo en su origen había sido fundada como sede regía por Alfonso II alrededor del monasterio de San Vicente que pocos años antes había fundado Máximo y Fromestano. Cuando al morir Alfonso III en 910 se traslada la corte a Leon, en Oviedo se queda tan solo el obispo como fuente de poder, hay que tener en cuenta que muy posiblemente en estos años Oviedo se circunscribiría a la catedral, sus dependencias y los monasterios de San Vicente y San Pelayo y los edificios anexos que servirían para dar servicio a los tres centros religiosos. Es decir, Oviedo era prácticamente una gran iglesia amurallada. Esta situación se mantuvo así durante un par de siglos, hasta que en el s. XII comienzan a afluir a la ciudad una gran cantidad de peregrinos, lo que da origen a un autentico desarrollo urbano de la vieja capital astur, Alfonso VII en 1145 confirma el fuero que había sido otorgado a la ciudad por su antecesor Alfonso VI. 

Y hay empezaron los problemas.

Transcurridos los años, la parte no eclesiástica de la ciudad comenzó a obtener más y más poder e influencia, hasta poder hablar de tú a tú con el cabildo. Ésto unido a la decadencia eclesiástica generalizada de la que es testigo la baja edad media nos da una imagen de un cabildo catedralicio que ya no es lo que era y que, pese a todo su inmenso poder (poseía nada menos que un tercio de toda la región), ve como este se le escapa de las manos siendo recogido por el estamento burgués y secular. Toda una afrenta. 

 En 1310 se encuentra nuestro obispo en Salamanca, reuniéndose con su iguales y acordando de apoyarse mutuamente con el objeto de mantener y aumentar sus poderes feudales. Sabiéndose protegido por sus iguales y muy lejos de la autoridad del rey, que no había podido acudir en ningún momento en socorro de la villa de Grao, acosada esta como estaba por el bandido de Coalla, el obispo se pone manos a la obra y comienza a cometer tropelías y atropellos a los habitantes de la ciudad recurriendo incluso a la violencia armada y al chantaje. 

De hecho, aprovechándose de la situación estratégica de los castillos que rodeaban Oviedo y que estaba bajo su control, esto es Priorio y la gran fortaleza de Tudela, el obispo se decide a poner a la ciudad en un asedio de facto, sabedor de que sin suministros externos Oviedo no puede sobrevivir. El instrumento de su cerco no sera otro que el inefable don Gonzalo Pelaez, al que el obispo le había entregado ya en 1308 el control de los estratégicos castillos. El acoso fue tal que la ruta más directa entre Leon y Oviedo, la que atraviesa el puerto de Pajares, hubo de desviarse y el pan y el vino tuvieron que traerse por el puerto de Leitariegos a través de la tierra de Tineo. Una ruta que aún así pasaba peligrosamente cerca del castillo de Priorio, también controlado por el obispo y su sicario. 

La situación de guerra y acoso a la ciudad se mantuvo hasta finales de 1315 en el que don Rodrigo Álvarez de las Asturias, Adelantado Mayor de Asturias, Leon y Galicia, acude con un ejercito para acabar con la amenaza del bandido. Al año siguiente somete a la fortaleza a asedio y se dispone a expugnarla trayendo de Oviedo un ingenio de asedio. Su primo el obispo comprende que todo está perdido y, antes de perder el preciado y estratégico castillo, decide entregarlo y rendirse. El obispo había sido derrotado por su propio primo.

No se sabe mucho de lo que le ocurrió al obispo en sus últimos seis años de vida. Seguía siendo un hombre poderoso en la región, pero está vez había uno por encima de él, que no era otro que su primo, y seguramente no quiso o no pudo desafiarle abiertamente, aunque es muy probable que el enfrentamiento con la ciudad continuara no volvió a adquirir los tintes dramáticos que se alcanzaron con la entrega al de Coalla del castillo Tudela. 

El obispo moría en 1321.

Ideas de aventuras: 
  • Oviedo está buscando hombres de armas para defenderse de las correrías de don Gonzalo y el obispo. ¿Conocen los PJ's a alguno?
  • Los Pj's son artesanos y burgueses de la ciudad de Oviedo, intentan llevar una vida sencilla y prospera pero hete aquí que el obispo se ha encaprichado con la sobrina/hermana/hija de uno de ellos. Y al señor obispo no le gusta que le digan que no.
  • Los Pj's son buenos siervos de dios y de su obispo en la ciudad. Son gentes tranquilas, no dadas a peleas ni violencias, pero por casualidad se enteran de que el regimiento de la ciudad planea asesinar al obispo esa misma noche aprovechando que la mayoría de los suyos están haciendo correrias en el alfoz. Solo los Pj's pueden evitar que el obispo sea asesinado.

Post scriptum: Entre 1293 y 1323 hay tres obispos en Oviedo que se llaman Fernando, siendo dos de ellos Fernando Álvarez, dando lugar a una lógica confusión entre unos y otros. Más aún, mientras me documentaba me he encontrado con alguna que otra página web que afirmaba sin pudor que el señor obispo ayudó a don Rodrigo Álvarez a asaltar el castillo de su propiedad por unos bandidos que se le habían metido dentro. Todo puede ser, pero la opinión mayoritaria de los historiadores es la que he reflejado en el artículo y creo que todo lo que he escrito se refiere al tal don Fernando Álvarez, si encuentro algún error lo subsanaré sin problemas. 
Por lo demás, no he encontrado mucho más que decir sobre este personaje, pero la verdad es que es mucho más de lo que hay sobre muchos de los obispos de esa época. Con los datos que he recogido creo que se ha ganado un puesto de malvado recurrente en nuestra historia aquerralesca y bien podría ser el villano principal de una campaña que tenga como objeto las luchas entre Oviedo y el cabildo, un tema poco conocido pero que nos convierte a nuestra ciudad en un emulo de Verona, solo que en lugar de Mostescos y Capuletos aquí hay curas y burgueses. Un terreno a explorar sin duda.
Para documentarme he utilizado:
 Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias. De Luis Alfonso de Carvallo.
 Coalla el sanguinario. De Fernando Romero. 
 Y Oviedo Enciclopedia: el.tesorodeoviedo.es

domingo, 14 de julio de 2013

Después de Dios, la casa de Quirós.

Encomenderos de la mitra ovetense, vasallos de don Rodrigo Álvarez, caballeros de la banda, portaestandartes reales, alcaides de Oviedo, señores de Valdecarzana. En resumidas cuentas: la Casa de Quirós.
Ricoshombres asturianos desde, al menos, el s.XII, está casa de lo que sería en principio la baja nobleza comienza su ascenso social desde el primer momento que se tiene noticia de ellas, hasta convertirse, ya en el s.XVI, en la más importante y prestigiosa del solar asturiano, y presenta un buen ejemplo de como una familia de ricoshombres podían escalar en la sociedad de la época moviéndose con firme cautela y arriesgándose solo en el momento decisivo, en su caso la guerra civil entre Pedro I y su hermano Enrique. 
Hasta ese momento las noticias que se tienen de los Bernaldo de Quirós son más bien escasas. Parecen tener origen en un tal Ximeno Bernaldo de Caso que en el siglo XII era señor de Caso, en la montaña oriental asturiana. No sería hasta el reinado de Fernando III el Santo que empezarian a ser conocidos por Bernaldo de Quirós, debido a que el cabeza de linaje Gonzalo Bernaldo de Quirós (habrá muchos con el mismo nombre a partir de entonces) consigue la encomiendo del concejo homónimo, perteneciente a la mitra Ovetense. 
Es de recibo señalar aquí que la leyenda, no obstante, sitúa los orígenes de los Quirós en otro ilustre Bernaldo, el del Carpio, sobrino de Alfonso II "El Casto" y vencedor de la segunda batalla de Roncesvalles, pero, claro, este personaje es semi-mítico, lo mismo que su filiación con los Quirós. Y otro mito sobre el origen de estos nos habla de un tal Constantino hijo de los reyes de Constantinopla que habiendo ganado su escudo defendiendo nada menos que al Papa de Roma (el cual le concede el derecho de portar las llaves se San Pedro en el escudo), se encontraba al servicio del rey don Ramiro de Oviedo, y viendole caer del caballo en el fragor de una batalla le grita para darle ánimos:"¡Is quirós, is quirós!" que en griego viene a ser "teneos fuerte", "aguantad" logrando llegar a la vera del monarca y entregando sus armas y su caballo, con lo cual don Ramiro se salva y, al recordar las palabras de tan buen vasallo, le apellida Quirós y da origen al lema de la casa pues el rey afirma que le debe la vida a Dios y después a la casa de Quirós.
Pero volvamos a la Historia. 
 A principios del siglo XIV, los Quirós se encuentran vinculados a los dos grandes poderes territoriales asturianos, por un lado Rodrigo Álvarez de las Asturias, que con motivo de la boda de don Gutierre Bernaldo de Quirós con María Cifuentes le entrega la villa y coto de Villoria (Laviana), dando muestras ya de la buena consideración que tenían de ellos sus señores. Por otro lado la mitra de Oviedo sigue teniéndoles como importantes encomenderos de sus tierras, ya antes de 1314 tenían en encomienda Teberga, Quirós, Riosa y otros muchos territorios de la mitra. Todavía eran una familia menor, pero ya se les debía tener en cuenta. Por estas fechas el concejo de Avilés pide ayuda a don Rodrigo para poner freno a los desmanes que otro Quirós, don Lope González de Quiros y su hijo Pedro Bernaldo, estaban cometiendo contra ellos. La baja nobleza asturiana siempre en conflicto con los concejos, no con don Rodrigo que, a parte de mediar en el conflicto, acaba nombrando a Lope Gonzalez su testamentario y alférez. La vinculación de los Quirós con el magnate es evidente.
 Y no son estos señores asturianos los únicos que valoran a los Quirós, el mismísimo rey Alfonso XI les nombrara en 1344 Caballeros de la Banda, al menos tres generaciones de la Casa de Quirós recibirán ese honor... con la responsabilidad que conlleva.
Don Gonzalo entrega a Don Pedro Suarez de Quiñones
las llaves de las fortalezas de Oviedo
 Sin embargo, pese a que nos encontramos con una familia que en siglo XIV lleva en ascenso casi doscientos años, no será hasta la guerra civil castellana que los Bernaldo de Quirós den realmente un paso de gigante. Desde el principio los Quirós se decanta por la causa del rebelde Trastamara. Era una decisión lógica, don Enrique era el heredero de casi todos los bienes de don Rodrigo Álvarez, e incluso llega a confirmar algunas donaciones que el magnate había ya hecho a los Quirós. Por otro lado, la mitra de Oviedo, también rebelde, era la legitima propietaria de gran parte de las tierras que gestionaban nuestros protagonistas. En resumen, todas sus circunstancias empujaban a los Bernaldo de Quirós, con don Gonzalo a la cabeza, a abrazar la causa rebelde. Y no se andarán con medias tintas.
 En 1353 don Gonzalo es entregado, entre otros caballeros, como rehén al rey don Pedro, para garantizar que don Enrique no haría guerra contra su hermano. No sabemos como salió de está situación pero en 1367 se encontraba en Najera alineado en primera linea de batalla junto con sus hermanos de orden y bajo el mano del Mariscal de Francia, Beltran Duguesclín. Pese a que fueron derrotados, don Gonzalo logró sobrevivir a la debacle y volver a Asturias para cuando la contienda ya había finalizado. Lo que no impidió que leales petristas siguieran en pie de guerra en nuestra región, encargando el obispo de Oviedo el gobierno de la ciudad a don Gonzalo Bernaldo, con orden de entregar las llaves del castillo a aquel que fuera proclamado rey legítimo de Castilla. Fue Pedro Suarez de Quiñones, Adelantado mayor de León y Merino mayor de Asturias, el encargado de recibir las llaves en nombre de don Enrique de Trastamara (el de Quiñones había llegado a Asturias para coger las llaves y para terminar de pacificar la región). Desde ese momento pintan los de Quirós en su escudo dos llaves. 
 Estos servicios eran muchos y muy buenos y don Enrique supo premiar a los suyos, las mercedes enriqueñas, en lo que atañe a la Casa de Quirós consistieron en el señorío de Valdecarzana y en la creación del condado de Sotillo, señorío de Lena que muy posiblemente ya poseyeran los de Quirós con anterioridad, pero ahora lo harían a título de condes. 
Escudo de los Bernaldo de Quirós
con las dos llaves de las
fortalezas de Oviedo
 No solo eso sino que en 1372 el obispo de Oviedo don Gutierre de Toledo, entrega a la familia el castillo de Alba de Quirós (en el cual había residido la reina Urraca "La asturiana" última reina privativa de Asturias), que ya había estado antiguamente en manos de los Quirós. Por algún motivo que desconocemos el rey Enrique II devuelve la custodia al obispado pero, tras diversos pleitos y protestas en 1380 vuelve el castillo a nuestros protagonistas, desde donde regirán los destinos de las comunidades rurales que les rodean. 
 Dejemos que pasen algunos años, no muchos, hasta 1385, concretamente hasta 14 de Agosto. Don Enrique II ya ha muerto, Gonzalo Bernaldo de Quirós, llamado ahora "el viejo" se ha reunido también con su creador, aunque no sin antes hacer todavía más servicios a don Enrique, pues se dice que viajó con el a Inglaterra o, al menos, que realizó una embajada a ese país en su nombre... ambos han ya muerto, como digo, han dejado paso a una nueva generación de trastamaras y bernaldos, han dejado paso a nuevas guerras. Y es que en ese día las fuerzas castellanas de Juan I se enfrentan a los portugueses, también de Juan I, pero de Portugal, en Aljubarrota en lo que será una derrota sin paliativos para los de Castilla. Miles de muertos castellanos y portugeses se agolpan en el campo de batalla. Son tantos que el curso de los riachuelos que por allí transcurren se detiene y se estancan. Entre los muertos se encuentra un Quirós. 
 Gutierre Bernaldo de Quirós, II conde de Sotillo, señor de Valdecarzana, caballero de la banda y portador del pendón real. Es evidente que los reyes Trastamara tenían en gran valía a sus vasallos asturianos pues no dudaron en concederle tal honor en momento tan decisivo de su historia. Y don Gutierre se mostró digno de él. Cuando la batalla se veía perdida y los portugueses se abalanzaron sobre el pendón del rey don Gutierre lo asió con tal fuerza que los lusos hubieron de cortarle las manos para arrebatárselo, lo agarró entonces con los dientes, y dice la leyenda que, cuando los supervivientes recorrieron el campo de batalla buscando heridos o botín o ambas cosas, se encontraron con el cadáver de don Gutierre sin manos y con un trozo de tela del pendón real en la boca. Fiel hasta el final pasó a ser conocido como don Gutierre "el de los tucos", esto es, el de los muñones, por razones obvias.

 Murieron en Aljubarrota otros dos quiroses, don Lope hermando del anterior y don García, su primo.
 Tanta muerte podría haber dado al traste con el linaje, pero no fue así. Los Bernaldo de Quirós eran una estirpe prolífica y sus muertes en combate no dejaban de ser parte de los riesgos a los que se sometían los de su condición. El linaje continuó medrando durante los años finales del s.XIV y principios del XV, estamos en la época de Alfonso Enriquez y sus revueltas, del ascenso de los Quiñones, de la creación del Principado. Durante estos años de turbulencias los Quirós lucharán de nuevo bajo las ordenes de la mitra ovetense, emparentarán con otras casas nobiliarias de la montaña asturiana y del resto de Castilla. Buscan expandir su linaje, fijar alianzas y hacerse fuertes. De los hijos de don Lope, hermano de  don Gutierre "el de los tucos" surgirá otra de las más poderosas y prestigiosas casas de la nobleza asturiana, la casa de Miranda, que tiene su origen en el hijo ilegitimo del tal don Lope (legitimado, eso si), Martín Vazquez de Quirós que se casa con Ines de Miranda y que había recibido de su padre el señorío de Valdecarzana, andado el tiempo y los siglos de este tronco nacerían los Marqueses de Valdecarzana.
Aljubarrota. Don Gutierre defiende el pendón real.
Pero estos casamientos no siempre tuvieron el efecto deseado, puede ser que por desacuerdos sobre la dote, puede ser que por rencillas varías, los Quirós se verán inmersos, a medida que avanza el siglo XV en diversas luchas banderizas. Unas veces contra sus parientes los Miranda, otras contra la casa de los Valdes "por ver quién valía más en la tierra". Según avanza el s.XV se enfrentan, sucesivamente con estos últimos, primero en un lugar llamado Parança, saliendo descalabrados los Quirós, que habrían perdido hasta ochenta hombres. Más adelante Juan Bernaldo de Quirós, hijo del de "los tucos", se enfrenta con Melén Suarez de Valdes en el puente de Colloto, dándole muerte a él y a sus hermanos y a sus hijos legítimos, se salva tan solo el hijo ilegítimo de los Valdés, que se escondió debajo del puente y consiguió escapar. Y por último una generación más hasta que Ivan Bernaldo de Quirós, ya casi bajo el reinado de los Reyes Católicos, reúne a su gente y se adentra en Pola de Siero buscando desbaratar a los Valdés, no se atreven éstos a enfrentarle y huyen de la tierra, quedándose el de Quirós con sus tierras y casas fuertes.
 Y esto es solo un ejemplo, porque con sus parientes los Miranda no se llevaban tampoco demasiado bien, posiblemente por problemas a la hora de determinar la dote de la boda que los emparentaba. Parece que sus enfrentamientos fueron de los más graves de finales del siglo XIV, tanto que Gonzalo Bernaldo de Quiros "el mozo" se encuentra en la guerra de Granada redimiendo penas por homicidio...
Y no era el primer Quirós que se bajaba a Granada a hacer la guerra. A las ordenes de Rodrigo Manrique, Juan Bernaldo de Quirós había participado en la conquista de la villa de Huescar, en Granada, en 1434. Los Quirós seguían acudiendo fielmente cuando el rey los llamaba durante el s.XV.
 Pero durante el sXV hay otro Bernaldo de Quirós que llama más la atención que los demás. Se llama también Gonzalo Bernaldo de Quirós (para variar) pero tenía la considerable desventaja de haber nacido bastardo. Y aunque esa condición intentaba ocultarse en la época, o al menos no se hablaba de ella en voz alta, ha pasado a la posteridad como Gonzalo Bernaldo de Quirós "el Bastardo" y fueron sus propios sobrinos, los del linaje "puro" los que se encargaron de que esto fuera así. Veamos porque.
 Juan Bernaldo murió a consecuencia de las heridas recibidas durante la conquista de la villa de Huescar, en algún momento entre 1434-1435. Su hijo legítimo Lope Bernaldo de Quirós se convirtió entonces en cabeza de linaje, cargo que ejerció hasta 1446 cuando murió debido a una caída de caballo. Como en ese momento su heredero era menor de edad la tutoría recayó en su tío, pero no en ninguno de sus tíos legítimos, no, el tutor sería Gonzalo Bernaldo de Quirós "el bastardo" el que ejerciera el cargo. Un hecho que no deja de ser curioso, porque en la época ser hijo bastardo era un inconveniente importante. Sin embargo debía llevarse bastante bien con su finado hermano y por eso fue escogido para el cargo.
 No se sabe cuantos años duró esa tutoría, pero de ella nació una fructífera relación que se mantendría una vez que Ivan Bernaldo de Quirós alcanzara la mayoría de edad. Juntos don Ivan y don Gonzalo harían frente a un formidable enemigo. Los todopoderosos condes de Luna y Merinos Mayores de Asturias: los Quiñones.
Estamos en 1468, el infante don Alfonso se ha rebelado contra su hermano Enrique IV, a la causa del infante se han unido los condes de Luna y toda su clientela asturiana (entra los que se encuentran los Miranda), como recompensa don Alfonso ha otorgado el cargo de Merino de Asturias a Don Diego Fernández de Quiñones. Para contrarrestar la maniobra el rey don Enrique IV nombra su propio Merino de Asturias: Ivan Bernaldo de Quirós. Los cuales permanecen leales al rey legitimo enfrentándose incluso con sus parientes los Miranda (parece que la enemistad entre las dos casas ya se había iniciado con anterioridad, este enfrentamiento bien podría seguir a la lógica del enemigo de mi enemigo es mi amigo). En esta lucha "el Bastardo" apoyará fielmente a su sobrino, pero no podrán impedir que los Quiñones tomen control de una parte importante de la región. Curiosamente parece que el dean de la catedral de Oviedo estuvo del bando de los Quiñones, enfrentándose contra sus propios encomenderos los Quirós.
 Sin embargo los Quirós eran gente muy poderosa en la tierra y más valía tenerlos como amigos. El infante don Alfonso envía a otro asturiano, Gutierre de Hevia, a tratar con ellos y sumarlos a la causa rebelde. Lo conseguirá y será recompensado con 2000 maravedíes. A cambio de renunciar a la Merindad de Asturias los Quirós ven reconocidos varios portazgos en la zona de Mieres, posiblemente entre ellos se encontrará una casa fuerte desde la que Ivan Bernaldo de Quirós instituirá en 1474 el Mayorazgo de la Casa de Quirós.
 Los Quirós y "el Bastardo" entre ellos habían dado un paso decisivo al cambiar de bando y no habría vuelta atrás. Con la muerte de Don Enrique se desata de nuevo la guerra civil, está vez entre Isabel y Juana la Beltraneja. Los Quirós estarán de nuevo en el ejercito real enfrentándose a un ejercito portugués en Zamora. En esta ocasión el día será para los castellanos. Como recompensa por sus servicios en el ejercito varios miembros de la nobleza asturiana quedan redimidos de ciertos delitos cuya naturaleza se desconoce. Uno de ellos es don Gonzalo Bernaldo "el Bastardo". Nos queda imaginarnos que tipo de delito estaba redimiendo a las ordenes de los Reyes Católicos.
Mapa de las posesiones más destacadas de los Quirós a lo largo de los siglos.
 No pudo disfrutar don Ivan del Mayorazgo por él instituido. Murió de lepra el mismo año 1474, dejando bien claro que el mayorazgo de los Quirós pasaría del padre al hijo mayor, con primacía de los hombres sobres las mujeres. El problema era que, de nuevo, el heredero legítimo era menor de edad. Y de nuevo recayó sobre "el Bastardo" la tutoría y el gobierno de la casa. Esta vez la cosa no salió tan bien como esperaban.
 Los sobrino-nietos de don Gonzalo eran menores de edad, pero debían de ser lo bastante mayores como para no gustarles la tutela a las que les sometía su tío bastardo. Era don Gonzalo ya un hombre mayor, posiblemente de más de cincuenta años, se había casado recientemente con su pariente Elvira de Quirós, que pese al apellido, pertenecía a la Casa de Miranda, y su sobrina, doña Isabel de Quirós se caso con el cabeza de linaje de los Miranda, don Diego de Miranda. Todo ello con el beneplácito de don Gonzalo. No con el de los Quirós.
 Posiblemente debido a problemas con las dotes, posiblemente debido a que las viejas enemistades no se habían olvidado del todo, las casas de Miranda y Quirós estaban en este punto más enfrentadas que nunca. Y don Gonzalo "el Bastardo" enemistado también con sus sobrino-nietos se pasa al bando de los Miranda. Desde entonces será considerado un traidor por los suyos.
Y se convertirá en un problema para el Corregidor.
 Don Gonzalo, hay que decirlo, se había hecho el hombre fuerte del concejo de Aller merced de unas donaciones que la reina doña Isabel había tenido a bien concederle. El problema es que el concejo de Aller estaba muy cerca de las posesiones de los demás Quirós, que se habían establecido en el valle del caudal y tenían casa fuerte en Mieres. Estaban los tiempos un poco revueltos (como siempre, en realidad) y los bandidos y malhechores merodeaban por la región asturiana, muy seguramente azuzados por esa nobleza levantisca que era la asturiana.
 El corregidor Luis Mejía venía a poner fin a esa situación. Y eso no gustó a los Miranda, que posiblemente vieran peligrar su influencia en la región. Como era costumbre el Corregidor convocó en Oviedo, en verano de 1483, una Junta General para dar a conocer sus intenciones y las instrucciones de los Reyes Católicos. Y hete aquí que los Miranda, acompañados con don Gonzalo "el Bastardo" aparecen con 150 hombres de armas y se instalan extramuros en el convento de San Francisco, que por cierto era panteón familiar de los Bernaldo de Quirós. La sangre no llegó al río, el escribano Alfonso Álvarez de Oviedo, medió para que los de Miranda retirasen su nutrida escolta. Sin embargo el corregidor tomó nota de quienes se le habían opuesto.
 Ese mismo invierno don Gonzalo, que entremedias había tenido tiempo de secuestrar al escribano y pedir 30.000 maravedíes de rescate, es sorprendido por su sobrino Gonzalo Bernaldo de Quirós "el mozo" y por Juan de Argüelles que acompañados de varios hombres se disponen a matarlo. No lo consiguen, "el Bastardo" se refugia en una de sus casa fuertes. No sobrevivirá mucho más.
 Muy poco tiempo después contrae una enfermedad fulminante que acaba con su vida. No dudando los contemporáneos en decir que esa enfermedad "era de hierbas" es decir: envenenamiento. Se acabó la historia de "el Bastardo" se había ganado demasiados enemigos. Pese a todo fue enterrado junto con el resto de su linaje en el monasterio de San Francisco de Oviedo, donde sus parientes no se olvidaron de dejar muy claro en el epitafio: "Aquí yaze Gonzalo Bernaldo de Quirós, fijo de Juan Bernaldo de Quirós, Bastardo"

Ideas de Aventuras:
1) Uno de los Pj's se he enamorado, y es correspondido, por una hermosa dama de la casa de Quirós. Lo que pasa es que a su padre y a sus hermanos eso no les hace nada de gracia.
2) Uno de los Quirós ha contratado a los PJ's para que ocupen uno de las torres que han conseguido en encomienda en las montañas de Teverga. Lo que no sabe ninguno de ellos es que la torre está embrujada desde hace muchos, muchos años.
3) Gutierre Bernaldo de Quirós ha reclutado a los Pj's para que le acompañen mientras porta el pendón real en su próxima batalla contra los portugueses...

Post scriptum: no he querido extenderme más sobre el linaje de los Quirós para que no resultará más confuso de lo que ya es. En primer lugar los nombres de los cabezas de linaje, excepción hecha de Ivan Bernaldo, se repiten una y otra vez, en segundo lugar, los Miranda, sus parientes y enemigos, muchas veces se apellidaban Quirós también, en tercer lugar, no siempre es fácil precisar en que fecha ocurre cada cosa. Solo me gustaría añadir que los Quirós fueron durante los siguientes 400 años una de las familias más influyentes de Asturias, llegando a tener desde mediados del siglo XVI asiento permanente en la Junta General del Principado, y seguramente este asiento lo tendrían desde bastante tiempo atrás, porque dicen que lo tenían desde antiguo. Imposible ser más preciso.
 Lo que me llamaba la atención delos Bernaldo de Quirós es como encajan perfectamente en nuestra idea arquetípica de una familia de la baja  nobleza medieval. Leales a sus señores, grandes guerreros, pendencieros, ambiciosos, violentos, despiadados... Los Quirós tuvieron suerte en sus apuestas, supieron subirse al caballo ganador, muchos otros no lo hicieron y apenas han dejado huella en la Historia. Ahora toca al DJ y a los jugadores que tipo de caballero o hidalgo quieren ser/dirigir ¿un emulo de los Bernaldo de Quirós? ¿o uno de tantos que fue de derrotado por otros más hábiles y que desaparece como llarimes pente l'orballu?