jueves, 16 de mayo de 2019

El valle del Trubia y sus castillos en las rocas.



El Valle del Trubia

Las tierras que desde las alturas del Puerto Ventana desembocan en los confines del concejo de Oviedo son conocidas desde antiguo como el Valle del Trubia. Bajo la batuta del cabildo de la catedral de Oviedo, que ejerce su poder a través de sus encomenderos de noble linaje, en este caso los Quirós, o a través de sus delegados directos, como son los mayordomos, merinos episcopales o tenentes. Esta situación viene de los tiempos de los reyes de León y fue con la minoría de Fernando IV que tiene los obispos problemas con sus vasallos. Y es que no siempre le han salido bien al cabildo la elección de comenderos y tenentes, teniendo que muchas veces pleitear con los elegidos que se le subían a las barbas. Los hechos fueron muy gravosos cuando el primero de los Trástamara cedió las tierras del Trubia a su hijo natural Alfonso Enriquez, pues los suyos cometieron muchos abusos y desmanes en estas tierras y hubo el obispo de pleitear por recuperar lo que era suyo y por asistir a sus vasallos.

Hay que aclarar que el valle del Trubia no es solo el valle del Trubia. Lo forman también el de Ricabo, el de Lindes, Valdesampedro, Valdesantibanes y Valdecárzana. Una tierra de empinadas montañas y profundos desfiladeros. De rápidos ríos y frondosos bosques. De castillos rocosos y aldeas escondidas. Que se organizan en distintos territorios: Santo Adriano, que comprende las tierras alrededor del monasterio homónimo situado a la vera de la aldea de Tuñón; Proaza, que nació al calor de la fortaleza de un rebelde; Teverga, bajo el castillo de Alesgas y la Colegiata de San Pedro; y Quirós, cuna de uno de los más nobles linajes asturianos.

Cuídese la viajera que se adentre al valle porqué una parte de su alma se quedará para siempre entre sus cumbres.

Santo Adriano

La viajera que se adentre en las tierras del Trubia viniendo desde la ciudad de Oviedo, se topará primero con los monjes del discreto monasterio de Santo Adriano de Tuñón. Se levanta el cenobio alrededor de la antigua iglesia del mismo nombre, que dicen fue levantada por el último rey de las Asturias y su esposa Jimena. Vinieron a la consagración del templo los obispos de Oviedo, Coímbra, Iria y Astorga. Poderosa recomendación que advierte a la peregrina de no ignorar el templo. La pequeña aldea que crece a la vera del monasterio es conocida simplemente como Tuñón por los lugareños.

De estas tierras es originaria la estirpe de los García Tuñón, poderosos señores del valle, que extendieron su influencia río arriba, aliándose inteligentemente con otros hombres buenos de estas tierras: los Álvarez de Banduxu.

Desde las escarpadas montañas vigilarán a la peregrina las ruinas del otrora magnifico castillo de Buanga. Levantado en el espolón rocoso que pone fin a la sierra del mismo nombre (aunque alguno dicen Guanga y no Buanga), la fortaleza estaba levantada con tanto ingenio que los acantilados y taludes naturales hacían innecesaria la presencia de fosos y contrafosos, pues la misma naturaleza protegía sus muros. La posición del castillo era inteligente a más no poder, y es que desde su torre se controlaba el Camín Real de La Mesa, el Camín de Ventana y los senderos que desde Quirós llegan hasta el valle del Trubia. Es decir, las más importantes vías para llegar a la Asturias central se divisaban desde sus almenas.

Alfonso VII Emperador
Alfonso VII quién combatió incansablemente
en el valle del Trubia contra el rebelde don Gonzalo Pelaez
Y no solo las alturas del castillo eran de interés. Puede que la peregrina no esté avisada de ello, pero bajo sus sótanos se escondía un pasadizo secreto que asomaba los sótanos del castillo a los bosques de los alrededores, y decían los lugareños que en sus profundidades se encontraban los atuendos de siete reyes y reinas, y que en alguna parte se escondía un fabuloso toro dorado. La verdad es que ya nadie sabe quién construyó la galería, ni mucho menos cuáles eran sus intenciones al hacerlo. Aunque los más atrevidos y sabidores apuntan a un famoso rico-hombre asturiano: el conde Gonzalo Pelaez.

Este don Gonzalo vivió en los tiempos de Alfonso el Emperador y era incluso su alférez real. Poderoso señor de la tierra que mantenía las tenencias de los castillos de Astorga, Pajares, Alba de Quirós, Tudela, Gauzon y Proaza. Dominaba Astorga, El Bierzo, Laciana, Babia, Luna y el río Eo hasta Cabruñana. Y se dice de él que aspiraba a separar Asturias del dominio castellano. Pero fracasó, pues Dios no lo quería.
Sin embargo no fue fácil para el Emperador el derrotar al rebelde. Precisamente en este su castillo de Buanga, cuando las huestes reales lo sitiaban (Gundinsalvo comite in rebellione posito in castro buanga samna), casi pierde la vida el monarca cuando su caballo fue alcanzado, no se recuerda si por piedra o flecha, echando al suelo a su regia persona.
Fue el conde derrotado y desposeído de sus tenencias y, aunque se rebeló de nuevo entre medias, acabo muriendo en el exilio en Portugal. Sus leales trajeron su cadáver para ser enterrado en Oviedo. Era el año del Señor de 1138.

Desde los tiempos del obispo don Alonso Pelaez, allá en los últimos años de don Alfonso Onceno, el castillo, como muchos otros es tenencia de los Bernaldo de Quirós. Situación que no gustó nada a su sucesor en la mitra, Gutierre deToledo, quien les quiso arrebatar la tenencia. Sus dimes y diretes se resolvieron pacíficamente, cosa novedosa, más que nada porque para los tiempos de Juan I la fortaleza ya estaba en estado de ruina, imponente y legendaria, pero ruina.

Estas eran las glorias del castillo de Buanga, aunque los siervos tuviesen de la fortaleza una opinión ligeramente diferente: Traigo la cabeza rota/de carretar oro y plata/del castillo de Teverga/ para el castillo de Buanga.

Proaza

Una legua río arriba llegará la viajera al territorio de Proaza. Se habla que aquí perdió la vida el gobernador moro Munuza, cuando la tierra se llamaba Olalíes, cuando intentaba huir despavorido de los hombres de Pelayo. Y hay que esperar al reinado del primer rey Ordoño para oír hablar de Pruaza.

La villa es tranquila y amable, sin muralla, pero bien protegida por la torre del Campo, de impecable planta redonda. Los iletrados la confunden con el castillo de Proaza, otra de las fortalezas del conde don Gonzalo. Pero es evidente que no estamos hablando de la misma, pues la torre del Campo, que tiene cerca y un pequeño foso, no puede ser la fortaleza poderosa que se enfrentó al poder real. Esta última está perdida y nadie en Proaza sabe donde encontrarla.

La actual torre pertenece en encomienda a los Bernaldo de Quirós, aunque en su nombre la guardaron  durante años los hidalgos de Banduxu Rodrigo Álvarez y Suer Pérez. El obispo don Gutierre también pleiteó por la posesión de la torre. Todo acabó en un buen arreglo, pues los de Quirós se quedaron con los castillos, pero rindiendo pleito-homenaje a la mitra oventese. Así que los de Bandujo tienen la torre por delegación de los Quirós, en quienes delega, a su vez, el señor obispo. Esto a los de Proaza les da igual, porque siempre hay un señor en la torre cobrando impuestos y alcabalas. Así que mientras no pendencien y quemen cosas les parece igual de bien quién les cobre.

A unos cuantos pasos de la Torre del Campo, está la casa fuerte de los Prada, que también tiene torre. De los Prada se habló mucho durante este reinado de sus Católicas Majestades, pero no para bien. Pero esto la peregrina lo descubrirá solo si sigue leyendo. La torre de los Prada es cuadrada y algunas de sus piedras muy, muy antiguas y se carretaron desde el cercano prado de Vegamande. Pero nadie sabe que hacían allí.

Recordar por último a la viajera que en Proaza puede cruzarse el río sin mojarse los pies, porque en su barrio de Villanueva se levanta un puente que une las dos orillas.


Proacina

Otro de los castillos roqueros del valle, se erguía en el margen izquierdo del río. Era una más de las
Valle del Trubia
Alfonso VII envía a los suyos contra
Gonzalo Pelaz
fortalezas que estuvo bajo la tenencia de los Quirós hasta que cayó en desuso. Los sabidores hablan de que antiguamente era este el lugar conocido como Proaza y cuando el actual le quitó protagonismo se quedó con el diminutivo de Proacina. No falta quién dice que, en realidad, el castillo de Proaza en el que se escondía Gonzalo Pelaez estaba sito en este lugar. Es ruina desde no se sabe cuando.


Banduxu

Desviándose de su ruta y tomando un sendero que se interna hacía el Occidente se encuentra la aldea de Bandujo (o Vandujo, o Banduxu como dicen los lugareños iletrados).

Banduxu es un lugar antiguo. Muy antiguo. En las alturas que lo rodean se esconden multitud de túmulos levantados por no se sabe quién, puede que por los misteriosos mouros, y a los que es mejor no acercarse, pues no se sabe que ocultan en sus profundidades. Y esto no siempre es fácil porque a veces los caminos ganaderos pasan peligrosamente cerca de las antiguas tumbas. La viajera haría bien en mantenerse alejada de los altos.

La parte más noble de la aldea en sí se levanta junto al saliente conocido como El Tarano. Aquí se encuentra la iglesia de Santa María y la torre de los Álvarez de Banduxu. Es en este barrio donde, desde antiguo, habitan las personas de linaje de la aldea.

Separado del anterior por tierras de labranza está La Molina, grupo de casas que se arraciman alrededor del ingenio que le da nombre. Es hogar de gentes humildes y laboriosas que son observados desde las alturas por los señores de El Tarano.

El Toral de Riello es otro de los barrios de la aldea, separado por cultivos de los otros dos. Es el más reciente de todos, aunque las tierras ya se roturaban tiempo atrás.

Todos los caminos de la aldea confluyen en una plazuela conocida como “El Real”. En realidad es un claro entre los cultivos donde se reúnen los vecinos y las vecinas para hablar en conceyu del gobierno de la aldea. Y más aún, que aquí también se junta el ganado antes de subirlo al puerto.

Las relaciones entre señores y campesinos no siempre son fáciles. Los primeros controlan no solo las tierras más fértiles, sino también los horreos y las cuadras y tenadas, llegando incluso a expulsar a los rústicos de sus hogares para poder alojar a sus hijos segundones. Todo ello, claro, de las formas más legales y correctas.

De estos nobles señores locales, no es aventurado decir que el más prominente fue don Rodrigo Álvarez de Banduxu I. Ya lo hemos visto más arriba, vasallo de los Quirós y tenente del castillo de Proaza, y cambiando de bando para someterse al obispo Gutierre de Toledo. Fue hombre de armas y guerra, principal apoyo del rey en las tierras de Trubia, solo por detrás de los Bernaldo de Quirós, contra el conde Alfonso Enriquez. Falleció en el año del señor del 1400, vendiendo entonces su viuda las armas y armaduras del finado por 600 maravedíes. A partir de esos años los Álvarez de Banduxu se mantendrán en el poder a través cargos más tranquilos y estables, como notarios, abades, chantres, etc. Atrás quedaban los días de guerras y pendencias.

El Privilegio

Una vez abandonado Banduxu deberá la peregrina seguir río arriba entrando en las tierras de lo que se conoce como “El Privilegio”. Son tres aldeas: El Paramo, La Focella y la Villa del Sub las que forman parte del mismo y sus naturales no pagan otro impuesto que no sea el diezmo a la iglesia. De ahí que sus doñas sean muy pretendidas por los campesinos de los alrededores, quienes por algún motivo no gustan de pagar los fueros que les corresponden.
Pintan los de este linaje de hidalgos del Privilegio un escudo de armas en el que se ve un caballero a pie, armado con espada como si fuese a golpear con ella y con un perro y dos lobos en campo de gules, y dice su lema: “Ó quan bello lo fixo Bellido con la su espada en la mano”

La verdad es que poco se sabe de este tal Bellido. Parece ser que su nombre era Mandulfo, aunque conocido como Bellido Vrioles, y era caballero del rey y vasallo del conde Pelayo Froilas. Tuvo una pendencia con el caballerizo mayor del soberano, a la sazón Asemenides, y fue entregado como rehén al rey Bermudo III. Pasado el tiempo descubrió el rey que no era malo el tal Vrioles y le compensó haciéndole hidalgo y dejándolo libre. Y claro, la historia no encaja, porque si era caballero nombrarle hidalgo es bajarle el rango, pero la verdad es que en tiempos de del antedicho monarca, año del señor de 1033, no había caballeros como se les llama ahora. Tampoco nos explica el cuento que fue lo bello fecho con la espada, que Mandulfo (Bellido) la tendría, pero parece que no la usó para salir del trance. Dudas todas estás que no empañan El Privilegio y sus exenciones tributarias.

Teverga

Llegará por fin la peregrina a la Colegiata de San Pedro de Teverga, fundada en 1069 de nuestro señor, a la vera de la Iglesia de San Miguel, a la que luego absorbió, por la piadosa condesa Aldanza. Esta condesa era descendiente del rey Bermudo II y fundadora también de Santa María de Lapedo en el valle de Pigüeña. Reposa en la iglesia (también fundada por ella) de Santa María de Villanueva de Valdecarzana.

Valle del Trubia
Inexacto mapa del Valle del Trubia
Es la colegiata el edificio más notable de los alrededores y no es aventurado decir que de todo el valle, pues cuenta con la iglesia, el pórtico de la misma, que hace las veces de cementerio de notables, claustro, casas para los canónigos y palacio para el abad. Estos últimos de muy reciente factura, levantados el abad Fernand González en estos años de sus Católicas Majestades. No debemos olvidar que los abades de la colegiata son, a su vez y siempre han sido, canónigos de la catedral de Oviedo. El abad es un hombre piadoso que no solo ha embellecido la Colegiata, sino que cuida que los caminos y accesos a la parte alta del valle estén abiertos y despejados.

Claro que puede que la peregrina no quisiera visitar la Colegiata, sino el Santuario de la Virgen de la Asunción del Cébrano, muy antiguo y renombrado. La Virgen que en él se guarda tiene fama de curadora de los males del cerebro y por es por ello muy querida. La leyenda dice que la figura misma fue traída por los buenos cristianos tras el desastre de Guadalete, para mejor proteger a los católicos que aquí vivían. Pero otra leyenda dice que un pastor la encontró refugiada en una cueva cerca de Peña Sobia. La imagen cubre su cabeza con una pieza de bronce cubierta de milagrosos signos. Si la peregrina está aquejada de algún mal en su testa, solo tiene que ponerse el cuenco por encima para curarse.

Alesgas, Miranda y Monreal.

Hay tres fortalezas que vigilan las montañas de Teverga. Dos son más bien casa fuertes y se encuentran en las estribaciones occidentales del valle, como son las de Miranda y Monreal. Ambas pertenecían al cabildo ovetense y eran poseídas en tenencia por la casa de Quirós, quienes a su vez delegaban en sus vasallos. Alrededor del castillo de Miranda se ha levantado el señorío de Valdecarzana, del que son poseedores los Quirós, por obra y gracia de las mercedes de don Enrique II, cuando corría el año del señor de 1372.

El castillo de Alesgas es harina de otro costal. Es fortaleza poderosa desde la que se domina la entrada en el valle por el Puerto Ventana. Otra vez levantado sobre potentes peñas, el castillo, con una fuerte torre cuadrada, patio de armas, murallas y torres de refuerzo es una construcción imponente. El castillo tiene un pequeño patio de armas y un aljibe en el que se almacenaba el agua para cuando se necesitaba. En tiempo de nuestras Majestades ya es una ruina que vigila las montañas, como tantas otras.

Dicen que bajo sus muros se encuentran unos túneles que conectan con el mundo de los mouros y que por ellos sacaban estos sus caballerizas para abrevarlas en el río.

Más allá del castillo de Alesgas se encuentra el Puerto Ventana que marca el linde de las tierras del Principado, quienes lo crucen, si por algún motivo lo desean, estarán ya en León, aunque no se me ocurre que deseará hacer la peregrina por aquellas tierras.

Quirós

Mejor opción para la viajera sería volver sobre sus pasos y remontar el cauce del río Quirós para adentrarse en las montañas que llevan su nombre.

Como el resto de las tierras de las que llevamos un buen rato hablando, pertenecen estas montañas desde antiguo, desde los reyes de Oviedo, a la Santa Catedral de las Asturias. Y como el resto son gobernadas en su nombre por los Bernaldo de Quirós, quienes, como la astuta peregrina habrá deducido, reciben su apellido de estos sus dominios.

Es este un terreno montañoso y exigente, de grandes alturas y escasos pobladores, que pedirá lo mejor de la viajera para poder ser visitado sin perder el resuello. Si tiene fortuna y linaje podrá ser hospedada por los mismísimos señores de Valdecarzana en su castillo de Alba, que es fortaleza imponente y que perteneció al rebelde don Gonzalo y que también fue asediada por el Emperador de León. Dicen los ancianos que la última reina de Asturias, doña Urraca, quien era hija del tal Emperador, pero nacida fuera del matrimonio, también se alojó en el castillo, y que desde sus muros planeó la emancipación de nuestro viejo reino de la corte leonesa (casi se diría que los muros respiraban sedición).  Por fortuna fracasó y desde hace más de cien años, 1380 para ser exactos, pertenece sin disputa a los Bernaldo.

El castillo levantosé para proteger los pasos de montaña de las invasiones de los infieles moros, pero también se habla de un pasadizo subterráneo excavado bajo sus cimientos por los mouros por el cual subían y bajaban sus tesoros hacia el río. El por qué de ese trasiego de tesoros no es conocido por ningún cristiano.

El palacio de las Agüeras.

Pero no debe dejar la caminante que le engañen las rudas apariencias del castillo de Alba. Los de señores de Valdecarzana se alojan por lo general no en el castillo, sino en el cercano palacio de las Agüeras, levantado alrededor de una torre fortificada construida durante la pendencia entre don Pedro y don Enrique. Y es desde este palacio desde donde los señores del Trubia gobiernan los destinos de sus siervos.

En las alturas de Quirós también se esconden grandes piedras levantadas desde muy antiguo y antiquísimos poblados circulares. Es evidente que son obra de los mouros y mejor haría la peregrina no acercándose a esos lugares malditos.

De las leyendas y misterios del valle


Haría bien la peregrina, ahora que ha visitado todo el valle, en volverse sobre sus pasos y tal vez refugiarse de nuevo entre las murallas de Oviedo o en las de la villa de Grao, que también le queda a mano. Pero si es insensata y curiosa (defectos que van siempre unidos de las manos), podrían interesarle los siguientes saberes escondidos.

Entre Quirós y Santo Adriano se encuentra uno de los refugios de xanas más conocidos de todo el solar asturiano, al menor para los habitantes de la Sancta Ovetensis, que es el desfiladero de las Xanas, el cual desde la aldea de Pedroveya serpentea hasta las cercanías de Tuñón. Aunque apenas cubre dos leguas entre una y otra, la belleza y el misterio del paisaje son apabullantes y no dejan indiferente a nadie. La leyenda cuenta que habiendo sido desterrado de su trono, el rey Sancho I el Gordo encontró refugio en la corte del califa Abderrahmán III, donde se enamoró, mientras adelgazaba, de una de sus esclavas con la que tuvo una hija llamada Sett al-Raxana.
Pasaron los años y don Sancho, ahora ya más en forma, recuperó el trono de León y se casó con Teresa Jimena, pero se llevó con él a la corte a su amante mora y a la hija de ambos. El reino le duró poco, pues fue asesinado a los siete años de reinado, sucediéndole su hijo Ramiro, a la sazón de 5 años de edad. 
Como la primogénita del finado era mora en corte de cristianos e ilegitima para más inri, se decidieron los notables del reino a ocultar a tan incomodas criaturas, madre e hija. Y donde mejor que en el monasterio de Santo Adriano, bajo las manos del abad Creuso Lotario. Pero el tal abad no estaba muy por la labor de meter infieles en los santos muros de su abadía, así que las ocultó en el angosto desfiladero cercano a Tuñón (en Asturies Medievalia el lugar sale reseñado como Muñón, vosotros ni caso).
No contaban los cristianos del reino con la reacción de la guardia mora que había protegido a don Sancho durante su breve reinado y que comandaba un tal Jatar el-Quelbi, quién decidió abandonar León y Asturias al alcanzar la mayoría de edad el rey Ramiro II, llevándose consigo a Sett y a su madre, que ya no podían más que temer por su vida entre tanto infiel politeísta e idolatra.
De la madre no hubo ni rastro, que seguramente había muerto años ha, pero de la niña encontró la pista gracias a la colaboración involuntario del abad Creuso, previa tortura y quema de su monasterio: la niña se escondía desde hacía tiempo entre las estrechas paredes del cercano desfiladero.
Jatar y sus hombres fueron en busca de la moza, pero tan solo el comandante logró internarse en las profundidades el paraje. Más un extraño influjo hizo que se desmayara tras entrever a una misteriosa mujer rubia que peinaba sus cabellos junto a una cascada. Se despertó de su desvanecimiento junto a sus hombres y decidieron abandonar aquellas tierras mágicas olvidadas de la mano de Dios.
Años después, un trovador llamado Odoario Vela quiso seguir los pasos de Jatar, encontrando el mismo fin y cayendo al vacío tras vislumbrar a la doncella de rubios cabellos. Se inspiró en su aventura para escribir su canción “El desfiladero de la xana” y desde entonces este es el nombre con el que se conoce al lugar.

Tuñón es también conocido por la Cueva del Notario y lo que allí ocurrió. Tomó el nombre de un suceso luctuoso y salvaje acontecido recientemente con sus Católicas Majestades de Castilla y Aragón ya en el trono. Los Vazquez de Prada, que tenían casona en Proaza, no vieron con buenos ojos que su hermana Elena casara con un notario de origen plebeyo y natural de Tuñón. Diego, Alonso y Andrés reunieron a los suyos y acecharon la casa de los esposos que pudieron por los pelos huir al monte y refugiarse en una cueva, desde la que lograron mantener a raya a sus perseguidores, asistidos por nueve de sus deudos. Viendo que no podían entrar en la cueva sin ser descalabrados, a los Vazquez de Prada no se les ocurrió otra cosa que prender fuego a la entrada de la misma para achicharrar y asfixiar a los que estaban dentro. La misma Elena salió de la cueva para implorar a sus hermanos que abandonaran su intento homicida, pero los asesinos le dieron a escoger; podría escapar ella o podía quedarse dentro, pero su marido no iba a salir vivo de aquel agujero. Elena escogió quedarse y murió junto con su esposo y los amigos de éste. Habiéndolos dejado muertos los de Prada huyeron, se dice que a luchar a tierra de moros para escapar de la justicia real. Años después solo Diego volvió al valle, fundando en Proaza la casa fuerte de los Prada.

Un poco más arriba, en el mismo concejo, unos mozos estaban recogiendo la hierba a su ritmo, sin prisas, hasta que llegó un viejo y les metió prisa “si no, vais mojavos”. Los mozos se rieron, el viejo meneó el sombrero y se puso a llover de inmediato. Era sin duda el Nuberu que había descendido al valle para hacer sus cosas.

Los límites entre Proaza y Tameza se establecieron tras una competición de fuerzas entre dos toros. Los primeros llevaron un toro blanco, grande y fuerte; los segundos un toro roxu, pequeño, pero aún más potente. Ganaron los de Tameza y establecieron el limite en el Cantu la Flecha, marcando el lugar con un mojón negro.

También en Proaza, la noche de difuntos, se deja el fuego encendido de noche, comida preparada y no se duerme en las camas, para que las ánimas pudieran descansar.

Pero hay que tener mucho respeto y cuidado con las ánimas que atraviesan el concejo, pues una vecina del pueblo, muy dada a cotillear desde su ventana, se vio sorprendida por la Güestia, que le entrego un cirio negro para que lo guardara hasta su próxima visita. Espantada, la vecina escondió la vela en un arcón, pero al abrirlo el día siguiente se encontró con un difunto de cuerpo presente. Corrió a pedir ayuda al párroco local que la previno de devolver el cirio a los difuntos, ocultando bajo la ropa un escapulario. Cuando la aparición se presentó para recuperar lo suyo, la vecina entregó el cirio, siendo asida por fantasmales manos que querían llevársela con ella. La mujer sintió una quemadura por donde la estaban agarrando y mientras la soltaban una voz de ultratumba le dijo: “ Si no fuera por lo que llevas puesto, vendrías hoy con nosotros”. Los difuntos desaparecieron al punto y la vecina dejó de espiar a los demás.

Por todo el territorio de Proaza se rumorea la existencia de una criatura llamada Llobu Cerval, una especie muy agresiva y salvaje de licantropo.

Entre las lindes de Quirós y Teverga existió tiempo ha un pequeño pueblo llamado Rescuro. Se cuenta que una noche subió una de las mujeres del pueblo a amasar el pan del día siguiente, no dándose cuenta de que en la masa se había colado una sacabera (salamandra), animal que es bien sabido es venenosísimo. Comieron del pan todos los habitantes del pueblo, pues parece que lo usaban como pan de misa, llamándolo de San Antonio, y perecieron todos envenenados, aunque no falta quien dice que se salvó el cura o, según quién lo cuente, un pastor que estaba en el monte. Sea como fuese, las ruinas del pueblo allí quedaron, menos las del horreo que se trasladó convertido en carro de bueyes al vecino pueblo de Vil.lagondu (el muerto al bollo y el vivo al horru).

Vil.lanuova (Teverga). En su iglesia se oculta un cáliz de plata, robado en su día a una xana por uno de los lugareños. Como la criatura le perseguía y es bien sabido que las xanas son harto peligrosas, el rústico solo pudo librarse de ella tras ofrecer el tesoro a la iglesia del pueblo.

En Teverga se conoce al Nuberu como Renubeiru. En Taxa se cuenta la historia del Nuberu que cayó a tierra junto con un rayo y fue socorrido por dos muchachos del lugar, despidiéndose de ellos diciendo que se llamaba Xuan Cabritu y que si llegaban a la ciudad de Brita, pidieran por él. Haciéndose mayor uno de los mozos, embarcose con tan mala fortuna que su nave naufragó, arrojándolo a costas extrañas. Pudo sobrevivir a base de limosnas y sin saber donde se encontraba, hasta que alguien le habló de la cercana ciudad de Brita. Se allegó el joven a la urbe y preguntó por Xuan Cabritu, descubriendo al poco la casa donde este habitaba. El mozo relató su historia a la mujer del Nuberu, quien le hizo esperar a que retornara su marido, recomendándole, eso sí, que se escondiera pues Xuan tenía mal pronto. Llegó el Nuberu a casa y lo primero que dijo fue “Aquí güel a cristianuzu”, pero le explicó la mujer quien era la visita. Cambiando el semblante y las palabras el Nuberu siguió hablando “¡Ah, entós ye amigu mío!¡ A esti nun lo comemos!” y salió de su escondite el humano para abrazarse con su viejo conocido. El Nuberu no solo dio de comer al naufrago sino que lo llevó volando a cuestas hasta su pueblo, quien le azuzaba con un pincho gritando: ¡Arre demoniu!. Al vislumbrar su pueblo, nombró el aldeano a Dios, siendo descabalgado en el acto el Nuberu. Pero cayó bien, sobre un árbol cercano a la iglesia, con tan buena fortuna que interrumpió las segundas nupcias de su señora, que ya lo daba por muerto y se casaba otra vez.

En el Picu la Campa, Teverga, se encontró un lugareño, que venía desde la braña del Rebel.lon, con la Güestia. Algunas de las ánimas de la fantasmagórica procesión cargaban árboles, otros mojones, otros cancillas. Uno de los difuntos, que se presentó como el padrino de la victima, le explicó que llevaban aquello que habían robado en vida, haciéndole prometer que nunca se portaría mal (se entiende que no robaron los mojones en sí, más bien los cambiaron de sitio). Y no falta quién dice que mientras las almas pasaban a la vera del aterrado paisano, le iban pegando un bofetón.

Otro tevergano tuvo más suerte. Vio venir de lejos a la Güestia y pudo esconderse. Al pasar a su lado se encontró con el cura, un vecino que se las daba de beato y unos cuantos aldeanos más disfrazados de espíritus. Ni corto, ni perezoso, agarró un cayado y se lió a tortas con la procesión. Y es que a la iglesia le gusta sacar tajada de los miedos de los naturales, pero a veces les sale mal.

En Cuña, Teverga, está el Pozu las Xanas (o rozu las xanas)

Una anciana de Terverga recogió una noche a un cabritín con la pata rota. Se lo llevó a casa y le dio sopas de pan para comer. Al comenzar al santiguarse para ir a dormir el cabrito estornudo poniendose de pié diciendo: “Ixuxu, que comi sopes, ixuxu, que les comí. Ixuxu, que te vi el culu, ixuxu, que te lu vi”

En Vil.labandú, Quirós, nueve vaqueiros que volvían de romería se encontraron con un caballo blanco, siendo todos ellos capaces de cabalgarlo a la vez. Se dio cuenta uno de ellos de los sobrenatural del hecho y al nombrar a Dios debido al susto, el caballo desapareció. No se ponen de acuerdo los sabedores de lo oculto sobre si tal criatura era un diañu o algo peor.

También en Quirós, pero esta vez en un lugar llamado Vil.lasanti había una moza que llevaba los bueyes a beber a Vallina'l Llagu, pero los animales no podían beber porque un gran buey que salía del lago les embestía constantemente. Alentada por su padre la moza se decidió a espantar al gran buey con un pincho atado a un palo, pero la bestia la atrapó entre sus cuernos y la sumergió en la laguna. Nadie la volvió a ver, pero sus cuentas y corales aparecieron flotando al día siguiente en otra fuente a varías leguas de allí. 

En el Xienal, Quirós, se encuentra el prau del cuelebre, aunque nadie sabe porqué se llama así.


Post scriptum: En principio mi idea era, como he hecho hasta ahora, dedicar un artículo a cada concejo, pero una vez revisé toda la información que pude encontrar me dio la sensación de que no tenía bastante para hacer cuatro entradas individuales (Santo Adriano, Proaza, Teverga y Quirós). Además, cuanto más leía, más claro me quedaba que los cuatro concejos formaban parte de un todo estructurado de manera similar, pese a las abundantes divisiones administrativas del territorio. 

El valle es un punto de entrada estratégico al centro de la región y como tal fue objeto de control por parte de la monarquía asturiana, es más, tal y como se ha visto, las primeras apariciones en la historia vienen bajo los nombres de los reyes Ordoño I y Alfonso III, quienes se afanan por organizar un territorio que perecía ser de realengo hasta el momento. Los siguientes siglos medievales ven como la autoridad real se delega en la catedral de Oviedo, a quien se le escurre entre los dedos el control del valle en favor de las élites locales, particularmente los Bernaldo de Quirós. 

El valle se abre y se cierra con dos castillos: Buanga y Alesgas, ambos hoy en ruinas, el primero apenas reconocible como construcción humana, que se complementan con las muchas que fortifican el resto del territorio. La mayoría de los castillos, sino todos, estaban encaramados en roqueros inaccesibles alejados de los poblados más importantes que se colocaban a la vera de los ríos. Esta dominación en altura cambió a finales del siglo XIV, cuando los señores bajan sus torres al valle, ya más interesados en cobrar impuestos que en detener invasiones que ya no iban a llegar. 

Como siempre me he permitido varias licencias en el texto. Tal vez la más relevante sea la trampa del castillo de Buanga que no está en Santo Adriano, sino en el concejo de Oviedo, una cuestión administrativa moderna, que no quería que me impidiera recalcar la idea de que el Trubia se enmarca entra este castillo y el de Alesgas. En su momento las tierras alrededor de sus muros se conocían como “el territorio de Buanga”, nomenclatura que se perdió cuando el centro de poder del valle bajo desde el castillo hasta la villa de Proaza.

Esta última también da lugar a confusión, si no ella, sí su castillo. Gonzalo Pelaez se rebeló en el castillo de Proaza y durante años se ha confundido la llamada "Torre del Campo" con la dicha fortaleza. Pero la realidad es que la torre del campo es muy posterior y es solo eso, una torre, desde donde poco se iba rebelar el conde, por mucho contrafoso, foso y cerca que tuviera cuando la construyeron. Se han sugerido dos opciones para la auténtica situación del castillo de Proaza: o en la misma villa, cercano a la casa de los Prada, o más alejado en lo que hoy se llama Proazina. Esta última teoría se fundamenta en que el nombre primitivo de la villa era San Vicente de Olalies y afirma que durante la rebelión del conde, Proaza se situaba en la actual Proacina. Con el devenir de los años, San Vicente de Olalies se transformó en Proaza y el castillo original se quedó con el diminutivo. Cada quién que escoja lo que más le gusta.

De nuevo aparecen en las ruinas leyendas sobre pasadizos y secretos de los mouros, por lo general se dice nada y menos al respecto, quedando todo en un simple rumor. Una pena porque da la sensación de que en la conciencia rural asturiana estaba implantada la idea de un mundo mágico subterráneo en el que habitaban aquellos, pero parece que estamos condenados a quedarnos con la miel en los labios. Si tuviera tiempo y recursos me gustaría investigar más el tema, tentado por descubrir una geografía de ese mundo oculto.

Por último recordar que llobu Cerval es como se conoce también al lince ibérico en Asturias, extinto desde principios del s.XX

Ideas de aventura

  • Los Pjs han hecho de las suyas en alguna de las aldeas del valle y escapan monte arriba hasta las ruinas del castillo de Buanga. Hay una galería subterránea que les servirá de refugio provisional. Lo que no se esperan es que conduzca al reino subterráneo de los mouros.
  • El conde Alfonso Enriquez está saqueando el valle, exigiendo tributos para sus conspiraciones, los Pjs son fieles a la causa de su rey legítimo y por lo tanto enemigos del conde. ¿Lucharan contra él o tendrán que esconderse para salvar su vida? 

Bibliografía


  • Señoríos y encomiendas en las tierras episcopales del valle del Trubia - Ana Fernández Suárez
  • Reyes, obispos y campesinos: territorio y poblamiento durante la Alta Edad Media en el Valle del Trubia, Asturias (siglos VIII-XII) - Jesús Fernández Fernández
  • Principios de formación y transformación del poder: el señorío monástico de Santo Adriano de Tuñón (siglos IX-XVIII) - Iván Muñiz López
  • La Colegiata de San Pedro de Teverga – Raquel Alonso Álvarez
  • El pueblo dormido. Bandujo (Proaza) - Iván Muñiz López
  • http://lavozdeltrubia.es/2014/12/12/reportaje-buanga-el-bastion-invencible/
  • La leyenda del desfiladero de las xanas le he parafraseado de la expansión de Aquelarre "Asturies Medievalia" 
  • Asturias Legendaria: historias, Leyendas, gentes y seres mágicos de la mitología. Miguel Arrieta. TREA. 
  • Mitos y Leyendas Asturianas. Editorial Picu Urriellu. Alberto Álvarez Peña.
  • El Gran Libro de la Mitología Asturiana. Xuan Xose Sanchez Vicente; Xesus Cañedo Valle , 2003
  • Asturias Mágica. Alberto Álvarez Peña -ed. Conceyu Bable 1992

sábado, 19 de marzo de 2016

Salas: mitos y leyendas.

Salas, mitos y leyendas

Salas, tierra de leyendas

El pozo Fullaricos

En las cercanías de Ablaneda, allá por el alto de Pedrafita, dicen los que saben que se encuentran el famoso pozo Fullaricos (o Ful.lericos), bajo cuyas aguas se esconden los restos de un antiguo palacio.
Nadie sabe, eso si, a quién pertenecía el susodicho, pues no hay cristiano vivo que lo haya podido contemplar, pues hasta los más viejos del lugar lo han conocido siempre como lo que es.

Salas, pozo Fullaricos
El Pozo Fullaricos según Juan Pablo Moratiel
Pero donde no llega el saber alcanza la imaginación y la leyenda. El rey pertenecía a un noble viudo, que si era de horca y cuchillo, no se sabía, porque no parece que fuera malquerido por los suyos. Como no podía ser de otra manera el ilustre viudo tenía una hija, quien por supuesto, era la más bella del lugar y cortejada por un buen número de gentilhombres. Como no decidía con quien casarse y no debía de haber ningún monstruo matadero por los alrededores, el noble viudo decidió que entregaría la mano de su hija al primero que fuera capaz de traer agua desde el Pozo Verde, que estaba en La Espina, a unas buenas dos leguas de subidas, bajadas, riachuelos, bosques impenetrables y demás dificultades para hacer la cosa interesante y asegurarse que el ganador estuviera realmente comprometido con el asunto.

La dificultad de la tarea asusto a más de uno y tan solo tres pretendientes se presentaron. Dos de ellos unos galanes como Dios manda, guapos y apuestos a más no poder, el otro feo y contrahecho y encima vago, porque mientras los dos apuestos caballeros se ponían manos a la obra y comenzaban a escavar sendas acequias ( no os penséis que bastaba con lleva agua en un pellejo no, si vas a entregar a tu hija a un desconocido por lo menos que te haga una buena canalización), el feo, decía, se pasaba el día tirado a la bartola y sin mover un dedo. Y no fue hasta que la cosa estaba casi terminada y a punto de decidirse, que le dio al feo por ponerse a trabajar. Y hete aquí que lo que los dos hermosos jóvenes llevaban semanas haciendo, el contrahecho lo hace en una sola noche y sin despeinarse, El agua bajaba desde el puerto de La Espina, hasta el palacio en Ablaneda. 

Ya iba el horrendo a reclamar su premio, pues había cumplido parte de su cometido, cuando la doncella gritó: "¡Antes se hunda este palacio que casarme yo contigo!" Y como el pretendiente feo no era otro que el diablo, pues dicho y hecho, se hundió el palacio y el casamiento no tuvo lugar.

Y hay quién dice que de vez en cuando se aparece en el pozo, entre vigas y maderas que emergen, la doncella, transformada ahora en xana que promete riquezas sin cuento a quién la desencante.

Otra versión de la leyenda dice que el diablo ya se había aparecido con anterioridad a la doncella prometiendo hacerla más bella que otra joven que vivía en Belmonte, a cambio la doncella habría prometido su alma al diablo y éste habría participado en el asunto de la acequia para cobrársela. Pero desde mi punto de vista debe de ser un pegote de dos leyendas distintas, pues si el diablo ya le había dado más belleza a la joven a cambio de su alma, a santo de que le iba a sanear las tuberías.

Lo que a mi entender es más interesante es el origen de la leyenda. El pozo Fullaricos fue en origen una balsa receptora excavada por los romanos para que las aguas que usaban con su peculiar método de extraer oro se embalsasen y los restos de maderos y vigas que los aldeanos decían ver no serían sino fragmentos propios de la minería de oro. Y digo que es más interesante porque de una forma muy peculiar la leyenda nos habla de esa misma actividad: los pretendientes tienen que traer agua desde lo alto de La Espina hasta Ablaneda, es decir tiene que hacer una canalización que iría a parar al pozo Fullaricos o, más bien, que le daría origen. En el fondo la leyenda nos habla del origen artificial del pozo, de las grandes obras realizadas por los romanos para extraer el oro de los astures y de la posible existencia de ese oro en el fondo del pozo, camuflado ahora como tesoros de la xana. Tal vez el hecho de que la doncella se transforme en xana nos hable de la pervivencia de cultos paganos durante años después de que los romanos se hubieran ido, pues la diosa de las aguas se muestra sobre los escombros del mundo romano. Pero todo esto no son sino teorías de mi propia cosecha.

Los Infantes de Soto

Muy cerca de Ablaneda, de hecho a menos de una hora a buen paso, se encuentra Soto de los Infantes, una aldea un poco más grande que la primera, pero tampoco mucho más y que tuvo en su día muy ilustres vecinos. Y según a quién se pregunte eran vecinos buenos, o vecinos malos. 

Los que hablan de vecinos buenos dicen que en Soto vivía una reina que de una sentada dio a luz a siete hijos. O no eran de su marido, o no debía de ser una reina muy boyante, porque siete le parecieron demasiados y decidió deshacerse de seis de ellos. Los metió en una cesta y mandó a una criada que los tirara al río. Pero la criada se dio de bruces con el rey, quién le preguntó que llevaba en la cesta, la criada contestó que unos perrinos, y el rey que quería uno, la criada que no, que son muy flojos, y el rey porfiando por el perro. Y claro la criada destapo la cesta y el rey descubrió la verdad, pues la criada no dudo es explicar con pelos y señales lo que había pasado.

En lugar de ir a cantar las cuarenta a sus esposa el rey busco seis nodrizas y entregó un niño a cada una y no dijo ni mu a su mujer, fingiendo creerse el cuento de que había tenido un hijo y solo uno. Pasaron los años, los mozos crecieron y el rey celebró una fiesta en su palacio (este no se le había hundido como el de Ablaneda). El rey mandó que los siete muchachos se vistieran de la misma manera y cuando la reina llegó, la obligó a descubrir cual de ellos era su "único" hijo. La reina sabiéndose descubierta se desvaneció y algunos dicen que murió en el acto. Y una vez reunidos los siete niños, dicen que se convertirían en los Siete Infantes de Lara

Y si alguien está pensando que los Infantes de Lara no eran especialmente buenos, que parece que eran de tirar de espada a la primera de cambio. Eso es porque no conocen a los otros infantes a los que se les atribuye el segundo nombre de Soto. Por supuesto son los Infantes de Carrión, los que maltrataban a doña Sol y doña Elvira y recibían las justas iras del Cid Campeador. Pues a decir de algunos se habrían refugiado en Soto de los Infantes. Estos serían los vecinos malos, claro.

La verdad es que esta leyenda parece no tener más sentido que el de unir el nombre del pueblo a los pocos infantes que, a parte de los hijos de los reyes, parecen haber existido en la historia del reino de Castilla y León. Todo viene de una más que sencilla confusión, los Siete Infantes de Lara si son originarios de Salas, de Salas de los Infantes, en Burgos. Y los infantes de Carrión... pues aquí hay un poco más de miga, Los infantes de Carrión eran hijos de los condes del mismo lugar, en Palencia, pero el origen del linaje se remonta a la boda de una tal doña Cristina con Ordoño Ramirez, el ciego, hijo del rey Ramiro III. ¿Y quién era la madre de doña Cristina? Pues doña Velasca Ramirez, amante o esposa, según se diga, del rey Bermudo II de León. Y esta Velasca fue ni más, ni menos que la fundadora del monasterio de Cornellana, lugar que otra tradición también señala como refugio de los Infantes de Carrión. 

Como se ve las leyendas esconde una pequeña parte de verdad.

El palacio de Marcel

No teniendo suficiente con el palacio de Ablaneda, el de Soto de los Infantes, el de Salas y el de la Doriga, los del concejo tenían otro palacio más, este situado en Marcel (o San Marcelo), lugar situado en la ruta primitiva a Santiago. No hay que buscar este palacio porque ya no existe, pues se lo llevó por delante una riada del Narcea. En él gobernaba, ahora si, un señor de horca y cuchillo, que ante el casorio de uno de sus vasallos decidió ejercer su derecho de pernada. Los padres de la muchacha, ni la muchacha misma, ni el novio, se supone, estaban por la labor de permitir tan venerable costumbre, así que cubrieron a la moza de cucho (estiércol) y la vistieron con felpeyos (harapos) y viéndola de esta guisa el señor de horca y cuchillo decidió olvidarse de la pernada y permitió la boda sin más dilación.
 Lo que no queda claro aquí es como es posible que a un palacio se lo lleve por delante una riada del río Narcea, que está como a media legua de allí, un misterio que no he sido capaz de resolver.

La Doriga.

Ya se relato esta historia en este blog tiempo ha, Aquí en concreto. Pero para los más perezosos la repito. Los señores del palacio de La Doriga, a tiro de piedra de Cornellana, tenían una hija pequeña que se extravió en los bosques cercanos. Cuando los suyos la encontraron había permanecido a salvo gracias a una osa que la habría protegido y amamantado. Como esto fue considerado un hecho milagroso, se construyó en agradecimiento el monasterio de Cornellana y en él la Puerta de la Osa.Y aquí paz y después gloria.  
Mapa del concejo de Salas
El concejo de Salas

Sobre xanas y xentiles

Leyendas de palacios a parte, lo que abundan en Salas son las xanas y los xentiles, también llamados mouros. Hay que recordar una vez más que para los asturianos de la época, mouros no designaba específicamente a los seguidores de Mahoma, sino también a todos aquellos ajenos al credo cristiano, ya fuesen musulmanes, paganos u otras cosas... 
Aunque de los mouros no se conservan leyendas o historias de gran calado si que han quedado en Salas muestras de su presencia. Está la Cueva de los Xentiles (o de los Mouros) en Las Peñas, los castros de Alba y La Viña, construidos por los mouros y de los que se decía que siempre estaban en guerra uno contra el otro, el Fornu de los Mouros, donde se dice que se encuentra una ayalga escondida y para terminar está otra Cueva de los Mouros (o de los Xintiles, de nuevo) en Regueria Cavada, donde de nuevo nos encontramos con lo que parecen ser restos dejados por los romanos, pues Regueira Cavada sería algo así como el Reguero Escavado ¿otra canalización de la minería aurífera de los romanos?

En cuanto a las xanas nos encontramos en Salas el rio Xania y la braña de Sinxana. Y en el río Nonaya, en el conocido como Pozu Ondina se aparecía una xana en la Nueche de San Xuan y parece que decía "Xana, xaineta, dame tu riqueza, toma mi probeza" aunque parece más bien que aquí hay un poco de confusión y que serían los humanos los que deberían recitar esa formula para adueñarse de los tesoros de la xana. 

Pero no era aquella la única xana a la que le gustaba pasearse en la noche de San Xuan. En Fonte Xania a la xana del lugar le gustaba salir a pasear esa noche con sus muchas ayalgas y en una ocasión un rustico de los alrededores le arrebató un cáliz de plata. La xana echó a correr detrás del ladrón y éste solo pudo salvarse invocando a la virgen y prometiendo entregarle el cáliz. La xana desapareció al oír mentar a la Virgen y el rústico entrego la copa de plata a la iglesia de Biescas. Claro que en Perllunes, Santiago de Aguino y Santa María del Puerto cuentan lo mismo, pero como parece difícil que la xana perdiera tantas copas de plata es de suponer que alguna de las historias, o todas tal vez, sean falsas y fruto de la imaginación de los lugareños.

Otros seres del mundo Irracional

No se han visto Cuelebres o Pataricos por las tierras de Salas, pero si a la Güestia, aunque en Zorrina, la conocen como Güestia Caliera, sabrá Dios porqué.
En La Espina, si allí donde se reúnen siempre los representantes de los concejos para hermanarse, se habla de La Berrona, es decir La Llorona, una bruja que se lleva a los niños por las noches.
Y para terminar volvamos con un ilustre personaje, gran inquisidor, martillo de herejes, redactor del indice de libros prohibidos: Fernando de Valdés y Salas, que ya se ha pasado varias veces por este blog. El hombre era oriundo de estas tierras tan encantadas y llenas de prodigios y en una ocasión, cuando ya era Obispo de Oviedo, inició un pleito, a petición de los vecinos, contra una plaga de ratones que devoraban las cosechas. Los ratones, no faltaba más, contaron con abogado y procurador, pero debieron de hacer una defensa endeble, pues el ilustre Obispo y futuro Inquisidor, falló en su contra. Los ratones, eso si, abandonaron el concejo, tal y como dictaba la sentencia.

Ideas de aventura

  • Los Pjs acaban de llegar a la pequeña aldea de Ablaneda. Simplemente pasan por allí o tal vez se hayan perdido. Sin embargo los lugareños piensan que son un grupo de ayalgueros dispuestos a robar el oro que creen que se encuentra en el fondo del pozo Fullaricos. Y no están dispuestos a permitirlo.
  • Mientras se reposan en el hospicio de La Espina los Pjs empiezan a oír un llanto que, aunque lejano, es muy perturbador. Las monjas del hospicio empiezan a tapiar puertas y ventanas murmurando algo sobre La Berrona. Cuando todo está cerrado alguien golpea las puertas atrancadas: una familia de viajeros, con un bebe en brazos piden refugio. Los llantos se oyen cada vez más cerca.
  • El merino de Salas encarga a los Pjs que investiguen los rumores de dos bandas armadas que parecen guerrear entre ellas en la zona. Lo que nadie sabe es que son los Xentiles de La Viña y El Alba que guerrean entre ellos desde hace miles de años.

Bibliografía

  • www.amisalas.org, 
  • Asturias Legendaria: historias, Leyendas, gentes y seres mágicos de la mitología. Miguel Arrieta. TREA. 
  • Mitos y Leyendas Asturianas. Editorial Picu Urriellu. Alberto Álvarez Peña.

jueves, 11 de febrero de 2016

Salas: castillo, camino y monasterio.

Salas, puerta de Occidente

Que un lugar tan discreto y poco conocido se atribuya el nombre de Puerta de Occidente puede parecer como poco pretencioso, teniendo en cuenta que Salas, a vista de pájaro, está más cerca del fin de la tierra (Finisterre) que del principio de nada. Pero todo es cuestión de perspectiva y cuando se habla de Salas, puerta de Occidente nos referimos, como no, al Occidente asturiano, que para nuestros intereses no hay más importante ni relevante. Veamos porqué.

Entre dos Asturias

Como todas las puertas, y esto ya lo sabían los romanos con su dios de dos caras Jano, Salas es principio y fin  de dos lugares que se dan la mano en ella: las Asturias de Oviedo y las Asturias de Tineo. Hay que recordar una vez más que esta distinción, lejos de ser baladí, hace referencia a una realidad mucho más antigua de lo que se pueda pensar, pues los limites entre ambas Asturias las marcaron ya las tribus astures, estando los Lugones en la zona centro (Asturias de Oviedo) y los Pesicos en el Occidente (Asturias de Tineo).
Salas se encuentra justo en la confluencia de ambas, atravesada de parte a parte por el Camino Primitivo a Santiago y bañada al sur por el río Narcea que la separa de Belmonte de Miranda, siguiendo el curso río abajo se llega a la confluencia de éste con el Nalón, río arriba se adentra en la montaña asturiana, en este sentido también se sitúa Salas entre la Asturias del mar y la de la montaña.

Microcosmos

Además de ese Camino Primitivo que la atraviesa, en la historia medieval de Salas se dan cita casi todos los elementos que definen el periodo. Tenemos un monasterio de renombre e importancia, Cornellana; tenemos castillo, el de la propia Salas; tenemos puebla medieval, que nació alrededor del castillo; y tenemos familia noble del lugar, los Lamuño. Por supuesto son demasiados grupos de poder en un espacio tan pequeño, Salas se vio sacudida de lleno por los conflictos sociales típicos de la edad media; señores contra monasterios, poblas contra señores, monasterios contra poblas... y entre tantos dimes y diretes los peregrinos iban y venían por el camino después de haber visitado el Salvador en la Sancta Ovetensis.

Historia

Desde antiguo los humanos poblaron el paisaje de Salas. Y se quedaron, bajo tierra, en los túmulos de las Traviesas, en Terra Riba, en las Campa de San Juan, en Penausén... Luego vinieron los castros y más tarde aún los romanos, que plagaron el paisaje de minas de oro, canales y estanques, siendo el más famoso de estos el Pozu Ful.lerico, en otra entrada se dirá porqué.

Ahora bien, la Salas como tal empieza a formarse en los oscuros años de la Edad Media. A finales del reino de Asturias y principios del de León, se dan noticias de diversas donaciones que los nobles y príncipes locales hacen a la mitra ovetense. Llegamos así a 1024, año fundacional del monasterio de Cornellana, que cien años después sería cedido a los abades de Cluny.

Exactamente cien años después, en 1124, ya se habla del castillo y la torre de Salas. No se sabe mucho de él, muy posiblemente fuera una estructura muy primitiva, de madera total o parcialmente, pero contaba con foso y puente levadizo. Muy seguramente alrededor de este primitivo castillo empezara a desarrollarse lo que sería la villa Salas. Y cierta importancia debió de alcanzar en poco tiempo, pues en 1138 Alfonso VII, Imperator Totius Hispaniae, otorga las aldeas de Salas, Lamuño y los cotos de San Salvador y Linares a Fernando de Lamuño, formando el señorío de Salas y dando origen a la que a partir de entonces sería la familia dominante del lugar; los Lamuño. Tanto es así que mantendrían el título de Señores de Salas hasta el s. XIX
El castillo de Salas.
El castillo de Salas según Juan Pablo Moratiel.

Tuvieron que esperar los de Salas ciento cincuenta años más para tener su fuero y librarse de los señores. Lo consiguieron, como no, en época de Alfonso X, ese fundador de ciudades, que otorgó en 1277 la carta puebla al lugar organizándose por fin la villa y el concejo. Su nombre en origen era Salas de Nonaya, refiriéndose al río que atraviesa la villa y como muchas otras polas asturianas, Salas carecería de muralla.

Pero una vez fundada la pola empezaron los problemas con el otro gran poder del lugar. El monasterio de Cornellana. No hay muchos datos de estos conflictos, pero llama la atención que desde el mismo 1277 Salas ya este presente en las Hermandades de Concejos que comienzan a florecer para mejor defensa de los intereses comunes. Está primera Hermandad, que incluía a  Avilés, Pravia, Grado, Somiedo, Valdés, Tineo, Cangas del Narcea y Allande, se proclama en el alto de La Espina, puerto de montaña situado dentro del propio concejo. El pacto se repetiría en 1316, durante la minoría de edad de Alfonso XI, época turbulenta donde las haya en la que la única garantía de orden era la propia fuerza.

La villa perdió sus derechos con la llegada de los Trastámara, y paso en 1373 a ser parte del señorío de Alfonso Enriquez, ese hijo bastardo de Enrique de Trastámara que tantos quebraderos de cabeza daría a sus parientes. Pero por fortuna para nuestra villa protagonista, este comportamiento tan díscolo por parte de su señor hizo que se restituyeran sus fueros en 1382, tan solo nueve años después de haberle sudo arrebatados.

Ya ha finales de la edad media, en pleno reinado de los Reyes Católicos, Salas y otros cuatro concejos limítrofes (Grado, Pravia, Valdés y Miranda) se hermanan de nuevo y pasan a integrar un solo asiento en la Junta General del Principado.

Y si parece que los Lamuño, el monasterio y la puebla de Salas fueran ya suficientes focos de poder en un espacio tan pequeño, todavía falta hablar del otro linaje de la zona; los Doriga, que asentaban sus reales en la localidad homónima, y se refugiaban también en una poderosa torre, a apenas unas leguas de Cornellana. Pero los Doriga se llevaban bastante bien con la villa de Salas, tanto es así que en 1378 Garci Fernández de la Doriga represento a Salas es la Junta General que se reunía para poner enfrentarse a Alfonso Enriquez. Los de la Doriga prosperaron tanto que entre los siglos XV y XVI adosaron un palacio a su vieja torre, suplantaron a los Lamuño como familia más significada de la zona y siguieron representando a Salas en la Junta del Principado.

La última familia que nombraré serán los Salas, otra distinguida familia que andado el tiempo emparento con los Valdés y tuvo como su más insigne hijo a Fernando de Valdés de Salas, el gran Inquisidor. Los Valdés-Salas se hicieron con el señorío de la fortaleza de la villa, que aún a día de hoy lleva su nombre.

Por último reseñar que como el concejo se encuentra atravesado por el camino de Santiago son tres los hospitales que socorren a los peregrinos en su caminar por el concejo, uno en el monasterio, otro en la villa y el último en La Espina, aunque este último dependía de la Mitra de Santiago.

Ideas de aventuras


  • Un grupo de Pjs se dirigen a Salas durante su día de mercado. A la altura de Cornellana un grupo de hombres armados hasta los dientes y comandados por un monje les exigen un tributo para poder seguir. ¿Aceptan los Pjs a pagar el tributo o se resisten armas en mano?
  • Los Pjs están peregrinando a Santiago y esperan alcanzar el hospital de peregrinos de La Espina antes del anochecer. Sin embargo cuando por fin llegan al refugio descubren que está completamente abandonado, con platos sobre las mesas, fuegos todavía encendidos, y vasos a medio beber. ¿Que ha ocurrido con todos los que allí estaban?
  • Tras las guerras contra Alfonso Enriquez los Pjs disfrutan de un merecido descanso en la pola de Salas. Pero una noticia inquietante viene a turbarles, un antiguo vasallo de don Alfonso al que creían muerto se dirige de vuelta a la puebla, hay quién dice que para vengarse de los Pjs por pasadas ofensas. Nadie en Salas parece apoyar a los Pjs, están solos ante el peligro.

Post Scriptum

Por supuesto el castillo de Salas, con su palacio del s.XVI y su colegiata son lo que más destaca a primera vista de la villa. Pese a todo he decidido no hablar de ellos, castillo a parte, porque se escapaban del arco temporal de Aquelarre y no quería alargar demasiado el post. Baste decir que en la colegiata está enterrado el Inquisidor General Fernando de Valdés-Salas, fundador de la universidad de Oviedo, azote de herejes e incrédulo de Brujas. 
En el pequeño espacio que ocupa el concejo de Salas se localizan dos torres en buen estado de conservación (la de Valdés-Salas y la de la Doriga), un monasterio a punto de cumplir mil años, varios hospitales de peregrinos e iglesias que se remontan al reino de Asturias. Solo por eso ya merecía la pena el post.
Pero los que seáis habituales de este blog os habréis dado cuenta de que no está incluida en el post la habitual sección de mitos y leyendas. Esto no se debe a que en Salas no haya nada que contar al respecto. Al contrario, es tanta y tan abundante la fauna mitológica y legendaria en el concejo que se merece un post aparte, que espero tener listo en breve y en el que incluiré el mapa del concejo con todos sus puntos de interés. No os lo perdáis. 

Bibliografia


  • www.ayto-salas.es/historia
  • www.castillosdelolvido.com
  • es.wikipedia.org/wiki/Salas#Edad_Media

jueves, 21 de enero de 2016

Covadonga, el principio de todo.

Covadonga, la cueva de la señora


¿Que hace que un lugar sea sagrado y otro no? ¿Qué es lo que vieron los antiguos astures, o los que habitaban en lo que después sería Asturias antes que ellos, para determinar en cuál de las cuevas vivía su diosa y cual no? ¿Simple casualidad?¿La espectacularidad del paisaje?Las apariciones celestiales? Imposible saberlo.

Vayamos por el principio, el principio de todo.

En el principio

Acabada la guerra civil entre Marco Antonio y Octavio Augusto, este último decidió que sería de muy mal gusto celebrar un triunfo tras luchar contra compatriotas romanos, muchos de los quirites tendrían parientes que habrían muerto luchando en el bando perdedor y no verían con buenos ojos el festejo. Hábilmente Augusto decidió montarse una espléndida guerrita en una esquina de su imperio para, una vez derrotado el enemigo, poder festejar un triunfo digno de su persona. Casualidades del destino esa esquina estaba en el norte de Hispania. Apretado contra la costa norte de la península, estaba el irredento territorio de los cántabros y los astures, tribus barbaras, algo celtas, muy belicosas ellas y muy amigas de saquear las poblaciones de la meseta, ya sometidas a Roma, de vez en cuando.
 Estas guerras cántabras se alargaron por más de diez años y al final Augusto cedió el triunfo a su general Agripa, pero éste avergonzado por celebrar lo que se había convertido en una guerra larga y sangrienta rechazo celebrarlo. Con lo cual las tribus de cántabros y astures fueron conquistadas un poco para nada. Bueno, ahí estaban esas minas de oro en la tierra de los Pesicos, algo es algo.

¿Y qué tiene que ver la conquista romana con la Virgen de Covadonga? Pues veremos, por ahora quedemos solo con un dato, el historiador romano Floro dice que los cántabros se refugian en un lugar llamado Mons Vindius porque creían que antes llegarían a él las olas del mar que las legiones de Roma. Se equivocaron, pero en fin.

Los caldeos


Alfonso III el Magno
Alfonso III el Magno
Saltemos setecientos y pico años en el tiempo. Hasta el 722 dC aproximadamente. Un grupo de astures comandados por un antiguo espatario del rey Rodrigo se sublevan contra el recién establecido poder musulmán. ¿Y dónde se refugian? De nuevo en un monte, el monte Auseva, en una cueva, donde dicen contar con la protección de la Santa Virgen, porque esa es su cueva, la Cueva de la Señora. Cova Dominica. Covadonga. Cuentan las leyendas que Pelayo ya había estado en la cueva, llego persiguiendo a un bandido al que encontró postrado frente a una crucecita. Apunto de acabar con el bandido, su mano fue detenida por un oportuno ermitaño quien le profetizo que en su día el mismo necesitaría el refugio de la cueva y de quien allí moraba y Pelayo, impresionado, perdono la vida al malhechor. Hizo bien. Cuando se entabló batalla con los árabes, sus hombres, que se habían alimentado de la miel de los panales escondidos en la roca, recibieron ayuda divina. Las flechas que los caldeos les lanzaban se volvían contra ellos.
Claro que esta versión de la batalla nos llega a través de unas crónicas muy posteriores. Del reinado de Alfonso III, en pleno siglo X, con lo no está garantizada su veracidad. A todas luces las cifras de cientos de miles de caldeos (esto es, los musulmanes) que se dice perecieron en la batalla son una exageración, y por eso hay quien afirma que fue más bien una escaramuza, que no existió ni siquiera, o que en realidad lo que hubo fue una lucha de voluntades entre un ermitaño llamado Pelayo y un tentador obispo Oppas, en este caso los moros no serían musulmanes sino unos seres pre-humanos o pre-cristianos que representaban el caos primordial.
No está mal.
Para terminar con Pelayo decir que el poema de Fernán González (s.XIII) nos dice que se el antiguo espatario se encontraba escondido en una cueva hambriento y lacerado. Un ángel dice a los godos huidos del invasor musulmán  que lo busquen para que los lidere.

Auseva o Vindius

Pero ¿es Covadonga y el monte Auseva lo mismo que el Mons Vindius? Imposible saberlo,
Pelayo, rey de Asturias
La visión de Juan Pablo Moratiel
del rey Pelayo
hay quien dice que lo segundo hace referencia a todos los Picos de Europa, pero hay otros que dicen que de la misma manera que Pelayo y los suyos se refugiaron en Covadonga porque allí sería defendidos por los místicos poderes de la Virgen, los cántabros del 20 aC se refugiaron exactamente en el mismo sitio porque allí serían defendidos por los poderes de su diosa, La Señora de la Cueva.
Hay que tener en cuenta que el entorno, si impresionante en nuestros días, aún lo era más en la brumosa Alta Edad Media. Bosques profundos, infranqueables montañas, una cueva escavada de manera imposible, un río que brotaba de los pies de la misma (por cierto, el río Deva, nombre que significa diosa), un escenario épico como pocos para derrotar al invasor.
 Y es que los alrededores de Covadonga parecen haber tenido siempre, y hablamos de miles de años, un carácter sagrado. Rodeando el lugar se encuentran los dólmenes de Abamia, Mía y la Santa Cruz, sobre los Pelayo y Favila construyen las primeras iglesias cristianas del territorio astur. La antigüedad de esos dólmenes, así como las pinturas rupestres de la cercana cueva del Buxu (¿el bruxo?) nos hablan de una sacralización de la montaña que viene desde tiempo inmemorial.

Más leyendas

Y no es la única pista que nos da el folclore. En la leyenda de las Virgenes de Colunga, nos encontramos con tres vírgenes que se alejan del mar, una de ellas decide ni oírla, ni combatirla y se instala en una cueva entre las montañas. Sí, en Covadonga, La leyenda de la Virgen y las cuevas del mar nos vuelve a hablar de una Virgen que huye del océano portando un bulto de luz, desde donde la persiguen unos "moros", de nuevo símbolos del caos primigenio, representado aquí por el mar cambiante. Todas estos detalles, la cueva, el mar como el caos, los moros en lugares insólitos, el bulto de luz, nos hablan de una simbología muy anterior al cristianismo, que ha sido recogida poco a poco y transformada hasta dar lugar a la Covadonga que conocemos hoy día. La Señora de la Cueva. La diosa de los asturianos.

Ideas de Aventuras

  • Una figura fantasmagórica se deja ver por las noches en la Santa Cueva, los monjes del cercano cenobio buscan ayuda asustados. Hay quienes dicen que es la misma Virgen que vuelve a castigar a los pecadores, otros opinan que es el demonio que busca desacralizar la prueba, los menos hablan de una xana que camina enroscada en una serpiente...
  • Un peligroso asesino perseguido por los Pjs ha buscado refugio en la Santa Cueva. Los monjes impiden el paso a los jugadores aduciendo que es un lugar sagrado de Santuario, pero los jugadores saben que el asesino solo pretende ganar tiempo. ¿Respetarán el santuario o cometerán un sacrilegio para capturar a un peligroso criminal?
  • Una mujer solitaria pide a los Pjs que la escolten hasta el Santuario de Covadonga. A punto de llegar les dice que la mar no es cuestión de oírla, ni combatirla, y luego desaparece misteriosamente. ¿Quién es este fantasma que se les ha aparecido? ¿Por qué a ellos? ¿Cuales son sus intenciones?

Bibliografía:


  • Geografía Sagrada De Asturias. 2003. Juan Luis Rodríguez-Vigil RubioRamón Rodríguez Álvarez.
  • ASTURIAS LEGENDARIA: HISTORIAS, LEYENDAS, GENTES Y SERES MAGICOS DE LA MITOLOGIA, MIGUEL ARRIETA , TREA, 2005
  • Las fiestas asturianas, nuevas formas y viejos ritos. Ed. Picu Urriellu. David M. Rivas.