sábado, 20 de junio de 2015

El Día del Juego de Rol Gratuito.

Hace un mes tuve la suerte y la sorpresa que desde Nosolorol contactaran conmigo para colaborar con ellos en este día tan señalado. Me preguntaban si me gustaría colaborar con ellos en la elaboración de un libreto recopilatorio de aventuras de sus juegos en los que se festejara el Día y se conmemorara a la vez el 25 aniversario de Aquelarre. Más aún, me preguntaban si yo podría escribir la aventura exclusiva de Aquelarre, siendo las demás crossover entre todos sus juegos y el demoníaco medieval. No había mucho tiempo, tenía que ser relativamente corta y para jugadores avanzados. Y yo trabajando a todo trapo y con cursos por hacer, sabiendo que les doy muchas vueltas a las aventuras antes de ponerlas negro sobre blanco, me imaginaba todo agobiado a la hora de cumplir los plazos y los limites de palabras. Y encima gratis.

Acepte sin dudarlo.

La verdad es que el ofrecimiento sirvió para satisfacer mi vanidad lo bastante como para que todos los posibles problemas fueran considerados secundarios. Además estaba bastante fresco en mi cabeza los datos que había recogido para escribir los artículos sobre Valdés y tenía ganas de escribir una aventura con el concejo como fondo. Así que desoí los consejos de mis amigos que me recomendaban reutilizar alguna de las viejas aventuras que ya tenía escritas y me puse a trabajar desde cero con una.

Como tal vez recuerden los que se hayan leído el artículo sobre Luarca, la combinación de cuevas submarinas, calamares gigantes y cementerios frente al mar, aunque anacrónica con respecto a Aquelarre, me parecía lo suficientemente atrayente como para lanzarme a escribir sobre estos tres ingredientes. Una aventura de balleneros que se enfrentaban a un calamar gigante invocado desde una oscura cueva submarina me parecía de lo más adecuado para la ocasión. Pero no pudo ser.

Soy bastante detallista a la hora de escribir la aventuras y me gusta dar descripciones lo más completas para facilitar una cierta inmersión de los jugadores en la trama. En este caso eso implicaba informarme bien sobre la caza de ballenas medieval, sobre costumbres marineras, sobre sus peligros y sus ganancias, etc. Materias todas ellas de difícil documentación, más aún estando tan lejos del Cantábrico y de Luarca como estoy ahora.

No, los calamares gigantes tendrían que esperar. Pero Luarca tendría su aventura. Eso si, tenía que ser complicada, para veteranos, así que cosas sencillas como llegar a un sitio y pegarse con algo no servía. No, hacía falta trama, investigación, darle a la sesera. Así que cogí una leyenda de por aquí, una referencia literaria de por allá, un poco de Historia de acullá y ¡Zas! la aventura estaba hecha ¡y dentro del plazo! ¡y saltándome a la torera el limite de palabras! ¡Y a Nosolorol le parecía bien!

Todo parecía haber salido bien, pero me quedaba una duda. No había podido probarla. La aventura estaba bien sobre el papel, pero no tenía manera de saber si a la hora de jugarla sería buena, entretenida, para jugadores avanzados. A lo mejor todo eso estaba en mi cabeza pero no lo había sabido plasmar. Pero Fortuna volvió a acudir en mi auxilio.

Vacaciones y los chicos de Pegasus Oviedo hicieron el resto. Y salió genial. Una aventura intensa, entretenida, agotadora, enrevesada, con unos jugadores entregados y que bordaron su actuación. Gracias Jaime, Sara y Dani (y Alejandro que no pudo venir, pero se le agradece el intento). La aventura estaba hecha, probada y parecía haber salido bien. Solo quedaba esperar a la publicación.

Y en esa estamos. Hoy habrá sido distribuida por un porrón de librerías a lo largo y ancho de la piel de toro y estará disponible para descargar en la web de Nosolorol. Solo me queda esperar que la gente la juegue y la disfrute tanto como nosotros la pudimos disfrutar en una calurosa noche de primavera. Me queda reiterar mi agradecimiento a Nosolorol por haberme dado está oportunidad, a los chic@s de Pegasus y a la Villa de Luarca por estar ahí para inspirarme. 

Que lo paséis bien.

Un saludo desde Asturias, sin estar en Asturias.

lunes, 9 de marzo de 2015

Luarca y Valdés, más acá del río Negro. Parte II

Cuentan que Areste, hijo del rey Duarte de Inglaterra tuvo a bien venir a ayudar al rey Pelayo en su lucha contra los moros. Durante uno de los combates cayó Areste  a un río cercano y comenzó a gritar, "¡Valés, valés!" sin que se sepa muy bien porqué, pero era extranjero y se le permitían estas cosas. Los suyos lograron rescatarlo río abajo y desde entonces se le llamó Valés, que con los años derivó en Valdés, que fue el nombre que adquirieron las tierras que don Pelayo entregó a Areste en reconocimiento de su ayuda. Con lo que Areste se convirtió en origen del concejo y de la Casa de Valdés.

Claro, que no todos tienen por cierta esa historia. Hay quién dice que Valdés se llama así por el río que corre "serpiando" por entre las colinas en forma de "S", labrando lo que sería el valle del Esse, que apocopado se convirtió en Valdés.

Lo cierto es que Valdés es el nombre que reciben las tierras que atraviesan los ríos Esva y Negro, que pertenecían desde antiguo a las Asturias de Tineo, que era territorio de los Pesicos, que los romanos las organizaron para mejor explotar el oro de sus minas, y que está plagado de antiguos castros de los astures. 

Desde muy temprano despuntó la villa de Luarca como cabecera de estas tierras, lo que no deja de tener su sorna pues la tierra del valle del Esva se organiza desde una villa que está en el valle del río Negro. Pero no era la villa el único lugar de renombre de por aquí. También está Cadavedo, pequeño puerto ballenero, Villademoros, solar nobiliario, Trevías, ésta si a orillas del Esva y como no Silvamayor, braña vaqueira.

De Cadavedo poco más hay que decir, que fue un puerto ballenero, de los pocos que la escarpada costa dejaba construir, muy pequeño y eclipsado por la boyante Luarca. 

El Concejo de Valdés con los lugares aquí referidos
Villademoros, muy cerca del anterior, a dos tiros de arcabuz de la costa, tiene más historia. Hay una potente torre levantada en el turbulento s. XIV, pero algunos dicen que esa torre es nueva y que los romanos ya tenían allí una mucho más antigua. Quizás por eso se llama Villademoros, porque los asturianos tendían a llamar moros a los paganos, no bautizados, como los que según ellos vivirían en el Cerco de los Moros, castro cercano a Paredes. La torre, decía, tiene foso, contrafoso y empalizada, y se entra por el segundo piso, al que se accede por una escalera de madera. En tiempos del rey Pelayo era el señor de la torre otro Pelayo, menos famoso, cabeza del linaje de los Valthos o Valdés (adiós a la historia de Areste), el cual junto cuatrocientos hombres de estas tierras y acudió en ayuda del caudillo astur. A la altura de Cornellana se encontró con tres mil moros que huían del héroe y, como quién no quiere la cosa, acabo con ellos. Los reyes asturianos consolidaron la torre de Villademoros, que fue destruida por los normandos en el reinado de Ramiro I, pero fue reconstruida en el s. X y reforzada a partir del XIII. Y aún otros dicen que en tiempos del rey Mauregato el tenedor de la torre era Diego Pelaez, nieto de Valthos, se mantuvo fiel al rey Alfonso el Casto (que de aquella no era ni rey, ni casto) y tuvo que huir a Galicia. Cuando volvió se encontró su casa habitada por moros, que raptaban doncellas a lo largo y ancho de aquellas tierras. Diego Pelaez retó al capitán de los moros, el cual se rindió sin pelear con el viril propietario del solar, le entregó las doncellas y se dio como prisionero. Por eso los del linaje de Villademoros pintan en su escudo un moro encadenado.

De Trevías sabemos, o creemos saber, que el nombre le viene de tres caminos que confluían en este mismo lugar, posiblemente caminos de origen romano, que hubieron de ver mucho oro y muchos mineros en sus días de gloria. En el año 1000 se fundó aquí un pequeño convento de monjas benedictinas, que en su dotación fundacional contaba con una pequeña astilla de la Veracruz, así como muchas otras reliquias de santos de renombre. Era un convento bajo la protección de San Miguel Arcangel, pero esto no debía de bastar como defensa esta advocación, porque en 1144 se coloca bajo el señorío del monasterio de San Vicente de Oviedo.

Y es que los monasterios, desde antiguo, fueron muy poderosos en la tierra de Valdés, tanto los cercanos de Cornellana y Corias, como los más lejanos de Oviedo, todos ellos poseedores de extensas propiedades en el concejo. Pero estas posesiones monacales no trajeron la paz a la tierra, al contrario, la anarquía, los robos y las violencias dieron lugar a la fundación de la villa de Luarca, protegida por fuero por el rey Alfonso X, para que sus fieles vasallos pudieran defenderse de las tropelías a las que eran sometidos por los malos y robadores caballeros. Y eso tampoco trajo mucha paz y ni siquiera duró para siempre, pues Valdés fue entregado a Alfonso Enriquez por su padre, lo que como hemos visto no fue precisamente garantía de paz y properidad.

A parte de los de Villademoros y los Valdés, estaban en la tierra los Abellos, esforzado linaje que pintaban en su escudo un truebano (o sea, una colmena) con abejas en campo verde y en la otra partición un castaño florido. La ensaña se origina por un oso que se había dedicado a destrozar truebanos a lo largo de toda la comarca y que uno de los Abellos había dado muerte muy esforzadamente.

Pero se nos había quedado un lugar en el tintero. Silvamayor, que sería braña vaqueira andado el tiempo, pues los vaqueiros no se distinguen hasta pasado el s.XV. Llegaría a ser la más grande de todas las brañas vaqueiras y en ella tuvieron lugar hechos extraños, muy extraños

Y no fueron esos las únicas cosas extraordinarias que acontecieron por aquí.

Hay quien asegura que en las noches de tormenta los omes-marinos salen de la "mare de L.luarca" y queman los pajares, matan el ganado y violan a las mujeres con su enorme pene. 

A lo largo del río Negro se teme y se conoce al Pesadiellu, que se esconde en las sombras para traer la desgracia. 

Las xanas dan nombre a la braña de Sinxania, pero nadie se acuerda porqué.   

Pero la más escalofriante de todas las cosas que se cuentan por aquí acontenció en la misma villa de Luarca. Hubo unos años en los que los vecinos de la villa, grandes y pequeños, varones y mujeres, comenzaron a desaparecer misteriosamente. Todos estaban aterrados y acudían a la Ermita de la Virgen Blanca, que se alzaba en lo alto de la Atalaya, pidiendole ayuda y protección para sus fieles. Y violes la Virgen tan desesperados que les habló, diciendoles que el origen de sus desdichas estaba en una cueva escavada por el mar bajo la misma ermita. Bajaron los luarqueses a la cueva llevando consigo la imagen de la Virgen para mejor protegerse y se encontraron con un escena dantesca. En la susodicha cueva se amontonaban los restos despedazados de sus convecinos. Piernas, brazos, manos, troncos y demás, todo ello apestando y cubierto de sangre. Y en el fondo de la cueva estaba ella. Una vieja horrible con un solo y largo colmillo que se escapaba de entre sus labios. La Guaxa, la vampira asturiana, causante de todo mal. Los luarqueses acabaron con ella entre horribles gritos y chillidos y no fue poca la ayuda que les otorgó la Virgen, pues la Guaxa estuvo muy debilitada por la presencia de la Santísima en su cueva.

Post scriptum: con esto quedaría completa la descripción de Valdés y Luarca. Me he permitido algunas licencias como es habitual, la historia de la Guaxa se suele situar en el siglo XVII, más que nada por la referencia que se hace en ella de la Virgen Blanca, que es una talla que según la leyenda por mar a Luarca en los días de la reforma protestante, algunos dicen que arrojada al mar por unos ingleses descreídos. Curiosamente la talla sería encontrada en la misma cueva en la que se refugiaba la vampira. 
Respecto a Silvamayor y los vaqueiros, es difícil no nombrar a estos últimos cuando se habla de Valdés, el concejo pose el mayor número de brañas vaqueiras (58 en la actualidad) y su población vaqueira era y es la más numerosa de toda Asturias. También es el lugar en el que se conserva mayor número de documentos sobre pleitos entre vaqueiros y autoridades. Pero en realidad la razón de que nombre Silvamayor aquí es más simple: es la braña en la que nació mi abuela. 
Algún día escribiré una entrada sobre la vaqueirada. 

Biografía: Tirso de Avilés. Armas y Linajes de Asturias y Antigüedades del Principado. www.torrevillademoros.com/index.php/es/historia. Mitología Asturiana, Alberto Álvarez Peña, Ed. Picu Urriellu. 50 lugares mágicos de Asturias. David Madrazo. Ed. Cydonia. Linajes Asturianos. Luis Alfonso de Carballo. (Evaristo Casariego, "Tierra de Tineo")

viernes, 20 de febrero de 2015

Luarca y Valdés, más acá del río Negro. Parte I

Cuenta la leyenda que los habitantes de una pequeña aldea costera, que se levantaba a ambos lados de un serpenteante río, se vieron sorprendidos una buena mañana por una portentosa embarcación que había aparecido frente a sus costas. El navío, que empequeñecía las embarcaciones con las que los locales se dedicaban a la pesca y caza de ballenas, se acercó hasta el puerto local y una vez allí desembarcó de él un curioso personaje ataviado a la moruna que pidió cortesmente a los lugareños congregados a su alrededor, que le trajeran al sacerdote de la aldea para poder cambiar con él unas palabras. No tardó el cura en aparecer, bien seguramente ya se acercaba de motu propio para adivinar a que venía tanto escándalo, y pudo hablar brevemente con el misterioso desconocido, quién hizo unas señales a los suyos, los cuales desembarcaron a la vista de todos un esplendoroso arca. Apenas lo hicieron volvieron los moros a su embarcación y tan rápidamente como había llegado, se fueron sin dejar ni rastro. Pero si los locales pensaban que se habían acabado aquí los prodigios, se equivocaban, apenas se había alejado de la vista la misteriosa embarcación cuando un terrible aullido rompió el silencio reverencial de los congregados y una enorme manada de lobos, liderados por una bestia de tamaño pavoroso, se abrió paso entre la multitud, que ya se alejaba convenientemente de la cercanía de tan peligrosas bestias, y rodeó el arca depositada en el suelo. Ante asombro de todos las bestias se arrodillaron y humillaron alrededor del arca, dando fe del increíble poder que albergaba en su interior. Desde entonces el lugar se conoció como el Lobo del Arca, que apocopándose se transformó en Luarca (L.luarca en llingüa asturiana), capital del concejo de Valdés. 

 La leyenda se extiende un poco más y nos advierte que las reliquias del arca son las mismas que se guardaron después en la Cámara Santa de la catedral de San Salvador de Oviedo, pero es bien sabido por todos que esas reliquias llegaron a Asturias desde la corte de Toledo a través del Monsacro y por lo tanto esto puede no ser más que una leyenda con afán de conseguir un poco más de lustre. Cosa tonta porque a Luarca no le hace falta mentir para presumir de importancia fue un lugar destacado en los siglos medievales y no es la del arca y los lobos la única leyenda que se cuenta sobre tan insigne villa.

El beso antes de morir del pirata Cambaral y su amada.
Por Nestor Gonzalez
Es bien sabido que hasta la reconquista de Lisboa, allá por el 1147, la ciudad portuguesa era un nido
de piratas almorávides que gustaban de saquear las costas atlánticas y cantábricas que estaban en poder de los cristianos. En una de esas expediciones de saqueo, se acercaron  a las costas de Luarca, y se lanzaron sin piedad sobre una indefensa flotilla de pescadores que faenaban cerca de allí. Cual no sería la sorpresa de los mahometanos cuando los indefensos pescadores se revelaron como fieros guerreros bien pertrechados que cayeron sobre ellos con imparable ferocidad. Los piratas moros habían caído en una emboscada y la mayoría de ellos lo pagaron con su vida. Todos menos uno. Un apuesto moro de la morería, señor del mar, cruel en extremo y famoso por su ingenio que respondía al nombre de Cambaral, fue capturado por los luarqueses y encadenado en las mazmorras de la Atalaya. Se disponían los locales a festejar tan insigne victoria, cuando, como no, la hija del señor de la Atalaya, hermosa doncella, como solo lo pueden ser en las leyendas, se quedo prendada del apuesto prisionero. Se dispuso a ayudarle a escapar y a huir con él, pero el destino les tenía guardado un final más trágico. Fueron sorprendidos por los hombres de la villa, encabezados por el padre de la doncella, quién, como no, se puso hecho un basilisco al ver a su amada hija en manos del infiel. Y la cosa no hizo sino empeorar cuando los enamorados se dieron, delante de todo el mundo, un apasionado beso de despedida. El padre de la doncella no lo soportó más y de un solo mandoble arrancó las cabezas a los dos amantes, las cuales cayeron en el río y se hundieron bajo sus negras aguas. Años después sobre ese mismo lugar se levantaría el conocido como puente del beso.
Hay quién dice que el pirata no era moro, sino vikingo, que todo aconteció en el 880, con los piratas nórdicos desembarcando en la villa y qué el que acabo con él no fue el señor de la atalaya sino un tal Teudo Rico, natural de Villademoros, que acabó con el vikingo, bautizo con su nombre uno de los barrios de la villa, y se quedo con su enseña. En esta versión el nombre del pirata sería Kamboral.

Y no solo por las leyendas fue Luarca un lugar importante. Enclavada en el centro de la costa occidental asturiana, en el territorio de Tineo, y levantada a ambos lados del río Negro, la villa es una de las pocas poblaciones asturianas que gozo de presencia judía en su vecindad. Tan solo Avilés y Oviedo pueden presumir de lo mismo. Y es que la villa medieval tuvo su importancia sobre todo debido a la pesca y a la caza de ballenas. Se organizaba la vida en estos años alrededor de dos barrios principales, la Pescadería y el Cambaral (si, como el pirata), ambos fuertemente vinculados a la pesca, estando exentos sus habitantes de pagar portazgos, ni derechos ningunos sobre lo que hubieran pescado. Un puerto de ballenación, que se convertiría poco a poco en cabecera del concejo circundante; Valdés, del que se hablará más adelante.

La importancia de la villa fue tal que en 1270 Alfonso X, le concede carta puebla, dando origen a la Puebla de Valdés, porque sus habitantes «rescebían muchos males y muchos tuertos de caballeros e de escuderos y de otros homes malfacedores que les robaban e les tomaban lo suyo sin su placer...» Con el soporte que suponía la autoridad real, los luarqueses no tardaron en organizarse con sus vecinos para defenderse de los ataques de tantos malfacedores, en 1277 con las otras pueblas occidentales (del occidente de Asturias, vaya), con las que crea una Hermandad confirmada en La Espina. En 1315 con otros municipios del reino de Castilla en las Cortes de Burgos, creándose la Gran Hermandad del Reino. Y es que en estos años los municipios de hombres libres tenían que asociarse sino querían caer en las manos de algún desaprensivo señor feudal. 

 En esos años a galope de los siglos XIII y XIV se crea otra importante organización en Luarca, la Cofradía de Mareantes, dispuesta a defender los derechos de las gentes del mar. Pescadores, armadores y mercaderes se agrupaban para la mejor defensa de sus intereses. Los marineros de Luarca ya habían sido capaces de enviar una nave a la flota castellana que había sitiado Sevilla en 1248 y se rumorea que entre sus hazañas está la de remontar el Támesis y prender fuego a la mismísima Londres. Pero bien parece esto más un deseo originado por el ansia de revancha contra los corsarios ingleses que tanto gustaban de asolar estas costas.

Estas organizaciones no pudieron, sin embargo, evitar que en 1374 don Enrique de Trastámara quitará a la villa su condición de realengo, y la entregará en posesión a su hijo Alfonso Enriquez, tal vez a modo de venganza contra una puebla que se había mantenido en todo momento fiel a don Pedro I. Claro que gracias a las andanzas del personaje, la puebla pudo recuperar su autonomía en 1395, año de la derrota definitiva de don Alfonso. 

Todavía protagonizará Luarca un último intento de asociación en 1462, que se conoce como Las Cinco Villas y que agrupaba a Luarca, Grado, Pravia, Salas y Miranda. Solicitaron a Isabel la Católica su reconocimiento como entidad, pero muy lacónicamente la soberana delego en el corregidor, la agrupación terminó formando uno de los partidos de la Junta General del Principado.

En cuanto al aspecto de Luarca en estos siglos medievales, a buen seguro que era una puebla pequeña, de poco más de mil habitantes, que se agrupaban en los barrios de la Pescadería y el Cambaral, a ambos lados de la desembocadura del río Negro, y que tendrían más aspecto de aldea que de villa o puebla. Éste último barrio se dividía en Cambaral Bajo, donde se localizaban las defensas medievales, y Cambaral Alto. Era una villa abierta, sin murallas que la protegieran, así que los lugareños confiaban en gran parte su protección a la iglesia de Santa Eulalia, que se remonta a unos cuantos años en el pasado, pudiendo rastrearse su origen a los tiempos del Reino de León, pues Fruela I la donó en 912 a la catedral de Oviedo. En 1440 un hospital de peregrinos se levantó junto a la iglesia, no hay que olvidar que Luarca está en pleno camino de la costa. El hospital fue construido por obra de Alonso Gonzalez Rico, hidalgo originario del Cambaral, cuyo linaje fue muy importante por estas tierras, y se decía de ellos que habían encabezado la resistencia contra los piratas normandos. Algunos hablan que anteriormente a ese hospital existió otro levantado ni más ni menos que por los templarios, pero poco rastro hay de él y más parece leyenda que realidad. En el centro de la villa, casi como mediadora de los dos barrios principales se encontraba la Torre del Merino, levantada en los años de la fundación de la Puebla, y a la que se fueron añadiendo más y más construcciones hasta convertirla poco a poco en casa fuerte.

Los luarqueses buscaban en la iglesia protegerse no solo de los ataques mundanos, sino de los sobrenaturales, pues bien es sabido que el diañu gusta de hacer ruido con el candil para asustar a los que están pescando. Que en Luarca, son muchos.

Post scriptum: En esta ocasión he decidido dividir en varias partes el artículo dedicado a Luarca y Valdés para así empezar a publicar a la vez que profundizo en la investigación sobre historias y leyendas del concejo. Valdés es también el apellido de una importante familia noble asturiana que tiene mucha miga y cuyo solar original se encuentra entre estos valles, así que la cantidad de información que puedo llegar a reunir al respecto puede ser muy exagerada para una sola entrada.
 Rebuscando sobre las curiosidades de Luarca me encontré una y otra vez con la idea de que la Mesa de Mareantes (monumento situado en el Cambaral Alto y construido en los años 50 del s. XX aprovechando los restos de unas defensas levantadas en el s.XVI), era el lugar de reunión del gremio de mareantes y del concejo de la villa para hablar de sus asuntos. Sin embargo consultando fuentes anteriores al s.XX no he visto ni rastro de esta idea y me ha parecido más un mito moderno que una realidad. De todas formas aquí queda consignada la existencia de susodicha mesa.
 Hay dos cosas en Luarca que no tienen origen medieval pero no me resisto a comentar aquí: el cementerio y el museo del calamar gigante.
 El cementerio está colocado en la margen derecha del río Negro, en lo alto del barrio del Cambaral, rozando la Atalaya, que recibe el nombre de las fortificaciones que a partir del siglo XVI defendieron el puerto de Luarca de los ataques de piratas ingleses y franceses (por lo tanto muy cercano a la Mesa de Mareantes). El cementerio, uno de los más hermosos de España seguramente, construido a principios del siglo XIX, cuenta con una buena cantidad de panteones ricamente decorados, construidos por arquitectos de prestigio y que albergan a ricos indianos originarios del lugar (y la tumba del premio nobel Severo Ochoa, oriundo de Luarca). Cuenta con las habituales hileras de nichos que se pueden ver en cualquier otro cementerio, así como tumbas escavadas en la tierra. Prácticamente todas son de color blanco en consonancia con las casas de la villa que son predominantemente de ese color. Lo que más me llamó la atención, sin embargo, fueron las tumbas que se escavaban en la ladera de la colina, varios nichos que aprovechaban el desnivel natural del terreno para dar cobijo a los restos mortales de los finados. Al verlos no pude evitar pensar en que alguno de ellos no era tal y escondía en realidad unas escaleras que descenderían profundamente en la tierra hasta llegar a extrañas cavernas situadas por debajo del nivel del mar.
 Y aquí entra el Museo del Calamar Gigante.
Durante apenas cuatro años, a los pies de la Atalaya, y muy cerca del Cementerio de Luarca, se alzó frente a la mar el susodicho museo, albergando 31 ejemplares de calamar gigante, especie que según un buen amigo mio, marinero él, era de sobras conocida desde antiguo, pero no aprovechada por su fuerte sabor a amoniaco. El museo fue destrozado por un furioso temporal en 2014 y ahora solo quedan los restos, que fueron rematados por las acciones de unos vándalos.
 Con estas piezas; un cementerio, un museo de calamares gigantes, ambos frente al mar, y un empinado espolón que es rematado en su punta más septentrional por un faro, no pude sino imaginar una historia en la que, como dije, una de las tumbas oculta unas escaleras que descienden a un mundo submarino, habitado por extrañas criaturas adoradoras de poderosos monstruos tentaculados, que invocan las fuerzas de la mar para destrozar lo que a sus ojos es una afrenta a sus dioses acuáticos. No es historia para Aquelarre, lo se, pero bien cabe en La Llamada de Cthulhu, Cultos Innombrables o cualquier otro juego de rol de temática terrorífica y misteriosa. ¿O no?

Ideas de aventuras:

  • Los Pjs acaban de llegar a la villa de Luarca y como es demasiado tarde solo han conseguido refugio en un pequeño chamizo que los pescadores usan para guardar sus redes y aperos. En medio de la noche les sorprende el tintinear de un candil, una fantasmagórica luz se mueve frente a ellos en el mar. ¡El diañu! No, una embarcación pirata que planea saquear la villa mientras sus habitantes duermen. 
  • Varias barcas de pescadores han desparecido recientemente mientras faenaban, el gremio de mareantes organiza una expedición para buscar los restos de las embarcaciones. Ninguno de los tripulantes espera enfrentarse con un gigantesco monstruo surgido de las más oscuras simas marítimas.

Bibliografía: www.el-caminoreal.com, Guía Práctica de Monumentos Asturianos (ed. Everest), Asturias Legendaria (El Comercio, La Voz de Avilés), Asturias (Fermín Canella y Octavio Belmunt) 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

El desafío de los 30 días + 3 días de regalo.




¡Ala! Dos días tarde y encima todas a la vez, pero mira, por lo menos contesto con sinceridad.

1.¿Con qué rolero que no has jugado nunca te gustaría jugar?

 Si hombre, el de gafas de barba...

2.¿Cuál ha sido tu mejor sesión? ¿Por qué?

Una que acabo con final feliz.

3.¿Prefieres hacer un spin-off, o jugar una partida independiente?

Un Footloose.

4. Que consejo le darías a un master que fuese a dirigir su primera partida.

Que diga no a las drogas.

5.¿Cómo crees que es la mejor forma de buscar jugadores para hacer un grupo?

Los desentierras y los atas con una cuerda.

6.Odias los juegos de rol porque...

se acuestan con mi mujer.

7.¿Cómo mantienes la concentración en el juego?

Retroeyaculanco, pero con moderación.

8.¿A qué juegos has jugado en el último mes?

Al Sjoelen.

9.¿Cuál ha sido tu peor sesión? ¿Por qué?

La de la mascara de cuero y las esposas, vaya sudada al final.

10.Dinos un menú para antes de una partida.

Solo animales que hayas matado con tus propias manos.

11.Las editoriales de rol...

 y el club Bilderberg controlan la economía mundial.

12.Un juego de mesa que debería de tener un juego de rol.

El Twister.

13.¿Cuántas partidas has jugando en los últimos dos meses?

Solo una, lleva dos meses.

14.Lista tus tres mejores juegos de rol de todos los tiempos.

1. El surgimiento del peronismo: el rol de los obreros y de los migrantes internos.

2.El rol de la comunicación familiar y del ajuste escolar en la salud mental del adolescente.

3.Territorio, conocimiento y competitividad de las empresas: el rol de las instituciones en el espacio global.

15.Describe una localización para un juego de rol que sea especial para ti.

Ambiciones, la finca de Jesulín.

16.¿Aventuras, libros de ambientación u otros suplementos?

Libros de auto-ayuda.

17.¿Cómo te preparas para cada sesión? ¿Tienes trucos? ¿Manías?

Corro la maratón de Nueva York.

18.¿Les pides deberes a tus jugadores entre partidas? Si es que sí, ¿cuáles?

Si, pero nunca despejan la X.

19.Un libro que debería de ser un juego de rol.

La maquina de follar, de C. Bukowski

20.¿Recuerdas aquel momento en el que se lió pardísima en una partida? ¿Qué pasó?

No, ya le dije al juez que no la recordaba.

21.Nunca podrás entender que jueguen a...

Sjoelen

22.¿Has jugado online? ¿Cómo ha sido la experiencia?

Buena, pero me fundí la tarjeta de crédito con la china aquella.

23.Te compraste aquel juego ¿porqué...?

porque creí que era una revista porno.

24.El libro rolero más raro que tienes.

D&D, no se que me dice de unos dados.

25.Una película que debería ser juego de rol.

El sol del membrillo.

26.Fuera de tu entorno rolero ¿eres...?

Domador de leones y excelso amante.

27.¿Qué juego de rol tienes en tu mesita?

Tentații, numărul unu în excitare.

28.¿Qué juego de rol vendiste?

Yo no lo vendí y además no llegaba al kilo.

29.¿Cuántos dados tienes?

Con los dados de las manos, con los dados de los pies, con la p* y los c* todos suman veintitrés.

30.Dime una pregunta para el próximo desafío.

¿Como es el universo?

lunes, 25 de agosto de 2014

Alfonso Enriquez, el gran rebelde.

Hijo bastardo de Enrique de Trastámara y Elvira Iñiguez "La Corita", dama de compañía de los Garcilaso de la Vega, nace en Asturias en 1355 mientras su padre reclutaba fuerzas para una de sus revueltas.

El reinado de Enrique II
Poco se sabe de su infancia hasta que el 13 de abril de 1367 se le localiza junto a su padre en la batalla de Nájera, donde presenció el descalabro de los suyos ante las tropas del Príncipe Negro. Como es bien sabido la derrota del Trastámara no supuso el fin de la guerra y en 1368 se encuentran, padre e hijo, asediando Toledo, donde Alfonso es nombrado por obra y gracia de su padre, señor de Noreña, titulo que don Enrique había heredado de Rodrigo Álvarez de las Asturias y que ahora transfería a su bastardo. Se habituaba el hijo de don Enrique a la guerra y en 1369 está junto a su padre en Montiel, donde todo acaba.
Nombrado caballero por su padre en Santiago de Compostela en 1372 y ascendido a la categoría de conde de Noreña y Gijón y de "La Puebla de Villaviciosa, e la de Colunga, con Cangas de Onís, e Cabranes, e Pongrin (Ponga) e Mariñán, e Parras(Parres) e Piloña, e Caso, e Haller, e las Pueblas de Grado, e de Pravia, e de Valdés, e de Salas, e de Luarca, con todos sus términos, e vasallos e fijos dalgo, e fueros, e con todas sus rentas, e pechos, e derechos, e con todas sus pertenencias, e con todo el señorío real e mero-mixto imperio...", este mismo año comienza a guerrear en Galicia contra los focos petristas que se mantenían rebeldes. Al año siguiente acompaña a su padre en la guerra contra Portugal, cuyo rey había recogido la antorcha del legitimismo petrista. Durante esta campaña toma y saquea Cascaes.
 Con la firma de la paz con Portugal se estipula que don Alfonso se casaría con una de las hijas del rey portugues, doña Isabel, a la sazón de ocho años, con lo que habría que esperar para realizar en el enlace. Alfonso, de 18 años se niega a casarse con la infanta portuguesa y huye a Francia desde Asturias. Desembarca en La Rochelle y busca el apoyo de Carlos V y del Papa Greorio XI, mientras en Castilla su padre le confisca todos sus bienes.
El rey de Francia, que estaba aliado con Castilla y había colaborado en la llegada al trono de Enrique II y no quería perder el apoyo de la marina castellana, aconseja a Alfonso que vuelva a Castilla y haga caso a su padre, pero el incipiente rebelde retrasa su regreso hasta 1376. Y es entonces cuando la que no se quiere casar es la infanta portuguesa, que se había enterado de que don Alfonso no la quería. Finalmente se celebra el matrimonio en Burgos en 1377, oficiado por el Arzobispo de Santiago, que pregunto por tres dos al conde de Noreña si quería casarse con la infanta portuguesa. Pero el conde permanecía en silencio. A la tercera vez que el arzobispo preguntó el rey don Enrique obligó a su hijo a contestar que sí. Pero todos los presentes tuvieron claro que había sido un "sí" forzado.
Se suele apuntar que uno de los motivos por los que el conde de Noreña pudiera no haber deseado ese matrimonio es por la ambición misma del conde, al cual, bastardo como él era, le parecía poco casarse con otra bastarda, por mucho que lo fuera del rey de Portugal, y apuntan esas mismas voces que don Alfonso albergaba la esperanza de casarse con la hija mayor y legitima del portugues. De ahí su negativa. Pero otras voces hablan del romance que don Alfonso mantenía con otra noble asturiana, doña Inés de Soto, del linaje de los Miranda. No es seguro que se conocieran ya en tan temprana fecha, pero si lo hicieran sería una buena (y romántica) explicación para la testarudez del conde en su casamiento.
El matrimonio no fue consumado, pero los cónyuges permanecieron juntos poco tiempo porque de nuevo la guerra, está vez contra Navarra, requirió de los servicios del joven pero experimentado guerrero.
Navia pertenecía a Pierre de Villaines, capitán francés de don Enrique, Ibias a Diego Fernández, Belmonte era un abadengo y Oviedo, Avilés, Lena y Llanes eran concejos independientes, no sujetos a ningún señor feudal.
A finales de 1379 la rápida campaña había concluido y lo mismo ocurrió con el rey don Enrique, que murió enfermo a finales de año.
 Don Alfonso tenía un nuevo señor, su hermanastro legitimo pero menor que subía al trono como Juan I. A éste don Alfonso no lo respetaba tanto como a su padre.
El reinado de Juan I
Para empezar, ya en 1380, el conde de Noreña se hace con las rentas del alfolí de Aviles, fuente de gran riqueza que controlaba prácticamente todo el tráfico de sal de casi todo el viejo reino de León. A continuación el conde hizo lo que no se atrevió en vida de su padre: solicitar la nulidad de su matrimonio con Isabel de Portugal, una humillación para la joven infanta, pero un peligro para las todavía tirantes relaciones con el reino vecino.
 El siguiente paso del conde fue intentar recaudar impuestos en tierras pertenecientes a al cabildo de la catedral. La reacción real fue inmediata y Juan I exigió al conde que se abstuviera de ello. El conde dio un paso atrás, pero solo para comenzar a conspirar con el Adelantado Mayor de Castilla contra el propio rey. Por suerte para el reino el propio hermano del Adelantado destapo la conjura. Alfonso Enriquez salió indemne, no así el adelantado que perdió cargo y libertad, pues acabo con sus huesos en la cárcel de Palencia.
 Las relaciones con Portugal se iban deteriorando a pasos agigantados. El rey de Castilla descubrió una conjura de los reyes de Portugal e Inglaterra para hacerse con su reino y se desplazó a Salamanca para prepararse para la guerra. Y es entonces cuando tiene conocimiento de que su hermano, desde Asturias, planea complotar con los enemigos del reino. A marchas forzadas el Juan I parte hacia Oviedo dispuesto a acabar con su hermano, pero don Alfonso no pierde el tiempo y solicita el perdón real antes de que la sangre llegue al río. En apenas dos años el conde de Noreña había sido descubierto en dos conjuras.
 El rey don Juan perdonó a su hermano y abandono Asturias de vuelta a la ralla con Portugal, pero no sin antes dejar aseguradas las Asturias de Oviedo, el formidable Gutierre de Toledo, obispo de Oviedo, será su hombre fuerte en la región y demostrará estar a la altura de las circunstancias. El rey ordena a todos "los concejos e iueces, e otros qualesquier oficiales de todas las villas, lugares e cotos..." que obedeciesen al obispo en todo lo que ordenase.
 Bloqueado en Asturias por el enérgico obispo don Alfonso buscó maneras más sutiles para subvertir el poder de su hermano. Solicitó unirse a la embajada que se dirigía a Portugal con el pretexto de intentar hacer las paces con el país vecino, pero cuando la susodicha misión le fue concedida no perdió el tiempo y apenas pasó a Portugal ofreció sus servicios a lusos e ingleses. Y no debió de ser muy disimulado porqué de nuevo el rey don Juan tuvo noticias de la nueva traición de su hermanastro. Por si fuera poco el Duque de Lancaster, Juan de Gante, desembarcaba en Galicia titulándose rey de Castilla.
 Sin embargo, ni los ingleses ni los portugueses quisieron saber nada del conspirador conde, que se vió abandonado por todos en Portugal, mientras en Asturias don Gutierre se hacía con el control de todas sus posesiones. Fracasado de nuevo su intento de conspiración, y ya era el tercero, de nuevo don Alfonso solicita el perdón real.
 Y se le concede.
Y apenas llega a Asturias don Alfonso comienza a abastecer sus castillos y casas fuertes, en claro desafió al monarca, su hermanastro. Llega incluso a intentar sabotear las paces que se estaban firmando con Portugal y que culminarían con la boda del rey don Juan con la infanta portuguesa Beatriz. Pero de nuevo el conde fracaso en sus burdos intentos de intrigar y el rey se dispone a doblegarlo por la fuerza. Se abastecen cuatro galeras para patrullar la costa asturiana y se ordena a las naves de Santander que apoyen en lo necesario la operación. Cuatro capitanes; Pedro Fernández de Velasco, Pedro Ruiz Sarmiento, Gonzalo Martinez de Guzman y Pedro Suarez de Quiñones, serán los encargados de hacer la guerra por tierra al conde, todos ellos estarán bajo las ordenes del obispo don Gutierre.
Es el verano de 1383.
 La resistencia fue dura, pero a finales de año todos los partidarios del conde habían sido reducidos. Especialmente violentos fueron los asedios del castillo de Tineo y del castillo de Vallado, en Cangas del Narcea, así mismo Arias Omaña luchó por el rey en la montaña Leonesa reduciendo a los partidarios del conde y matando a Rodrigo de Orda que era "mancebo muy valiente". De los Omaña ya hemos hablado en otro sitio.
 Derrotado en todos los frentes don Alfonso se refugio en la fortaleza de Gijón, villa con potentes murallas romanas que se encaramaba al cerro de Santa Catalina, pequeña península unida a tierra por un estrecho istmo que quedaba casi aislado con la marea alta. Junto al conde se refugiaban varios caballeros ingleses que quedaban en Castilla "de pasadas guerras". Esta vez el conde estaba dispuesto a todo y cuando el rey, a mediado de Julio, se acercó en persona a parlamentar lo recibió a ballestazos. Iniciándose entonces el asedio propiamente dicho.
 Pero los rebeldes se sabían cercados por tierra y mar. Y don Alfonso no debía de ser demasiado bien valorado, porqué apenas se iniciaron las hostilidades una parte de los sitiadores abrieron las puertas a los soldados del rey. El conde de Noreña, derrotado de nuevo, no tuvo más remedio que solicitar de nuevo el perdón real. Era la cuarta vez.
 Y está vez el rey perdona pero no olvida. Se concede el perdón a todos los vasallos del conde, excepto aquellos que habían defendido Tineo y Vallado, se concede Valencia de don Juan con título de condado a don Alfonso, pero se le retiran todas sus posesiones asturianas, que pasarán a la corona, excepto el condado de Noreña, que se entrega al obispo de Oviedo, en agradecimiento de sus buenos servicios. A su vez se ordenan batir muchas de las fortalezas asturianas, que solían ser usadas por los "nobles robadores" para saquear la tierra, siendo el caso más significativo el del castillo de Tudela de Oviedo, que había sido erigido por Alfonso III allá en el siglo X y en su dilatada historia había tanto protegido como amenazado a la ciudad. Por último el conde entregaría como rehenes a su hija Beatriz y a su esposa Isabel (si, la misma de antes, parece ser que no se llego a culminar la anulación y los cónyuges se habían reconciliado). Alejado de las montañosas tierras asturianas el conde rebelde ya no parecía ser un peligro.
 Pero las andanzas de don Alfonso estaban lejos de terminar. La muerte de Fernando I de Portugal desemboco en una crisis dinástica que tanto el rey de Castilla como su hermanastro quisieron aprovechar en beneficio propio. A los dos les salió mal la jugada. Don Alfonso quiso de nuevo, ahora desde Valencia de don Juan, conspirar con los portugueses, pero una vez más fue descubierto y en está ocasión fue enviado, cargado de cadenas, al alcázar de Toledo, se pasaría unos cuantos años en esta y otras prisiones. Al rey don Juan la cuestión portuguesa también le salió cara. La sangre de los castellanos se derramaría en abundancia en Aljubarrota poniendo fin a la guerra con Portugal, que escogía a la dinastía de Avis como nuevos monarcas. Lamiéndose las heridas don Juan volvió a Castilla solo para ver como el Duque de Lancaster desembarcaba de nuevo en Galicia dispuesto a arrebatarle la corona, ayudado ahora por los vengativos portugueses.
 Pero la invasión anglo-lusa fracaso y Juan de Gante se avino a negociar con Juan de Trastamara. Se acordó el matrimonio de Catalina de Lancaster, hija del Duque, con don Enrique de Trastamara, hijo del rey y ambos los dos recibirían el título de Príncipes de Asturias, vinculando se desde entonces todos los señoríos de la región al heredero de la corona. Si don Alfonso no se hubiera rebelado y sus tierras no hubiesen sido requisadas está solución no hubiera sido posible. Pero el conde había sido demasiado ambicioso y ahora su viejo solar asturiano, desde el que tantos y tantos se habían rebelado, quedaba bajo el control directo del heredero al trono. Estamos en 1388 y había nacido el Principado de Asturias.
 Apenas dos años después Juan I moría en una aparatosa caída de caballo.

El reinado de Enrique III
Don Enrique era todavía un niño cuando su padre muere en el desdichado accidente y como solía suceder en estos casos, la regencia del monarca desato una sorda lucha de poder entre diferentes facciones del reino. Era cuestión de tiempo que algunos de ellos acudieran al encerrado don Alfonso, que era el tío mayor del joven rey, para desequilibrar la balanza y en 1392, seis años después de haber sido encerrado, don Alfonso es puesto en libertad y sus posesiones en Asturias restituidas.
 Sin embargo, tras intensas negociaciones y diplomacias, las regencias del nuevo rey fueron poco satisfactorias para don Alfonso y sus parientes, los otros miembros de la casa de Trastamára, que se veían alejados del poder real, siendo sustituidos por las Cortes y por los linajes de segunda fila. Gentes ambiciosas y orgullosas como eran los Trastamára (el Duque de Benavente, el Conde de Trastamára, la reina Leonor de Navarra y el propio don Alfonso Enriquez) no iban a tardar en rebelarse, pero incapaces de organizarse minimamente y teniendo como único objetivo colmar su propia ambición, no tardarían en ser derrotados uno a uno por el joven rey, que ya en 1393 era declarado mayor de edad.
 A comienzos del año siguiente se reúnen los conjurados en las tierras de Lillo, al norte de León, a donde se dirige rápidamente el monarca con un ejercito de 2000 hombres. La decidida actitud del rey hace flaquear a los conjurados que no tardan en deponer su actitud y volver a la obediencia del rey. Todos menos uno. El viejo conde de Noreña.
 El rey se dispone a entrar en Asturias con gentes de armas para acabar de una vez por todas con el rebelde. Se dispone que una flota de naves cantabras parta hacía Asturias para poner sitio a Gijón, la más formidable fortaleza del conde. Al mismo tiempo Enrique III jura en la iglesia de Santa María de la Regla de León desposeer al conde de todos sus bienes.
Presto para la defensa el conde fortificó no solo Gijón, sino también el poderoso castillo de San Martín, en la desembocadura del Nalón, dejando a cargo de la defensa a un hijo bastardo suyo. Intentó hacerse con el control de Oviedo, que en un principio le abre las puertas de su alcazar, pero que al enterarse sus ciudadanos de las aviesas intenciones del conde de Noreña, no dudan en armarse en intentar acabar con él en el castillo de la ciudad. Don Alfonso logra salvarse y reunirse con los suyos extramuros, pero la capital del principado se escapa de sus manos.
 El cerco a Gijón fue el escenario principal de la lucha, cuyo punto destacado fue la quema por parte de los sitiadores de unas barcas que don Alfonso tenía amarradas al lado de la ciudadela. Los defensores intentaron evitar el golpe de mano, pero fue en vano, las barcas ardieron y el cerco, por mar y tierra se estrechaba sobre Gijón. Por cierto que se estrenaba en los hechos de armas el futuro corsario castellano Pero Niño.
 Pero el invierno se acercaba y un ejercito de 400 caballeros y 2000 escuderos y ballesteros era difícil de sostener en Asturias, donde la tierra "es muy fragosa" y don Enrique tenía miedo de quedar aislado de la meseta por el duro invierno asturiano, por lo que se recurrió de nuevo a la vía de la negociación. En esta ocasión las partes se concedieron un plazo de seis meses para que el rey de Francia dictara sentencia arbitral sobre el contencioso.
Juan Pablo Moratiel nos ofrece su visión del conde
 Alfonso Enriquez complotando con sus hombres.
 Pero se acaba el plazo y don Alfonso no aparece por Francia y cuando lo hace comienza a reclutar mercenarios y a intentar confundir a la corte francesa con mentiras flagrantes sobre su situación y el porqué se ha sublevado. El rey de Francia no llega a dictar sentencia pero recomienda a don Alfonso que se vuelva a la obediencia real y de paso prohíbe a los suyos alistarse a las ordenes del conde. Pero eso no detuvo al conde en su búsqueda de aliados pues parece que apareció por tierras de Bayona, que pertenecían a los ingleses y recluto para su socorro al por entonces famoso pirata Harry Pay de Poole, al que ofreció refugio en Gijón para que sus naves saquearan a placer el litoral gallego.
Mientras tanto en Castilla el rey Enrique había puesto sobre aviso al Adelantado Mayor de León Pedro Suarez de Quiñones para que se tomaran las medidas necesarias para mantener la tierra de Asturias, mientras él se acercaba desde Alcalá de Henares. Cuando el rey llega a León y tiene noticias de lo acontecido en Francia se dispone a poner sitio de forma definitiva a Gijón.
Don Alfonso ya estaba de vuelta en Gijón para cuando comenzó el asedio de 1395, pero las fuerzas en su contra eran tan formidables y el cerco tan estrecho, que decidió volver a Bayona para buscar más ayuda de los ingleses dejando al cargo de la defensa a su mujer Isabel de Portugal, aquella niña con la que no había querido casarse años atrás. La portuguesa, que era "mujer muy varonil" y contaba con caballeros muy valerosos, defendió ferozmente la ciudadela, que estaba siendo sometida a un intenso fuego de artillería, pues parece que no menos de 70 carros tirados por bueyes habían transportado una importante cantidad de bombardas al sitio. Volvió a destacar en la lucha Pero Niño, que quemó el palenque que defendía la torre de Villaviciosa. Algunos dicen que ese palenque había sido levantado por "Arrypay" para defender sus naves.
En los meses de Julio-Agosto, se fue desarrollando una lucha violentisima entre las partidarios del conde y los del rey, pero la lucha llego a su fin cuando los sitiadores instalaron frente a las puertas la conocida como "bombarda de Gijón", un artilugio tan grande y aterrador que los defensores saltaron de sus adarves nada más verla. La visión del ingenio y la perdida de esperanza de un rescate por parte de don Alfonso forzaron a la condesa Isabel a entregar la plaza. Gijón se rendía al rey después de un duro asedio.
 Harry Pay de Poole pudo huir del sitio y parece ser que incendió parte de la villa de la que escapaba, tal vez para cubrirse las espaldas y sembrar un poco de confusión. El resultado no le debió parecer mal al rey Enrique III que decidió demoler la ciudad rebelde por completo, excepción hecha de la iglesia de Santa Catalina, quedando convertido en un despoblado la villa que tantas veces había sido sitiada por los ejércitos reales. Pasaría un siglo entero hasta que se volviera a ocupar el lugar.
 ¿Y don Alfonso? El padre Carvallo dice que vivió "desterrado de estos reinos" por el resto de sus días. Se dice que el rey Enrique III mando a un tal Pedro Gonzalez de Agüero, caballero cántabro, a prender y matar al conde, quién todavía se encontraba en Bayona. Don Pedro capturó en San Juan de Luz a don Alfonso, pero recibió contra orden del rey de liberar al viejo rebelde. El cántabro así lo hizo y volvió a tierras de Castilla.
 Y esa es la última vez que se oye hablar del conde de Noreña. Más adelante su mujer vuelve a aparecer por tierras de Portugal, donde ya parece que es viuda, y uno de sus hijos, posiblemente el bastardo Fernando que defendió el castillo de San Martín solicitó el perdón papal para poder ingresar como presbítero en un monasterio de Palencia. En Portugal los descendientes del conde darían lugar a la casa de Noronha.
Ideas de Aventuras:

  • Los hombres del conde de Noreña han estado recaudando impuesto por las tierras de Siero. Una pequeña y pobre aldea prevenida de que los planes del malvado conde ha reunido un pequeña cantidad de dinero con la que pretende reclutar a siete mercenarios para que la defiendan del noble-bandido. ¿Aceptarán los personajes trabajar por tan poco dinero para salvar a unos miseros campesinos?
  • En las ruinas del castillo de Tudela, mandado derribar por Juan I durante una de las revueltas del conde, dicen que se ocultan un gran tesoro en unas galerías subterráneas que comunicaban el castillo con el río Nalón. El conde de Noreña ha oído hablar de ese tesoro y ha contratado a los personajes para que lo recuperen lo más rápidamente posible. Lo que nadie sabe es que las galerías bajo el castillo han sido cavadas hace cientos de años por los misteriosos mouros, los cuales no están dispuestos a que nadie les robe su tesoro.

Post scriptum: Alfonso Enriquez fue un hombre ambicioso que fracasó en todas sus sublevaciones para ser perdonado una y otra vez por los sucesivos reyes Trastamára. No deja de ser un triste emulo de su padre, bastardo como él, que también se sublevo varias veces contra el rey legítimo, pero que, al contrario que el conde, triunfó en su última batalla y logró hacerse con la corona. Don Alfonso no pudo o no supo conseguir los mismos éxitos que su padre, lo que lo convierte de alguna manera en un personaje un tanto tragicomico, casi un villano de opereta, que no deja de sublevarse y rebelarse para terminar, invariablemente fracasando. Casi como si fuera un villano al estilo "Pierre Nodoyuna".
 Lo cierto es que sus acciones tuvieron un efecto transcendental en el reino de Castilla, pues contribuyo, a su pesar, a la creación del Principado de Asturias, al fortalecimiento de las Cortes y al afianzamiento de la corona. Todo ello a base de fracasar, claro.
 En Asturias sus acciones trastocaron por completo el panorama. No solo el Principado colocaba bajo jurisdicción del heredero de la corona unas tierras que no habían hecho más que dar quebraderos de cabeza a los distintos reyes en los últimos cincuenta años, sino que desde entonces el obispo de Oviedo sería también conde de Noreña y, lo que fue muy importante para el s.XV asturiano, se afianzó el dominio en Asturias de una nueva casa noble; los Quiñones leoneses, quienes dominarían la región con puño de hierro hasta el reinado de los Reyes Católicos.
He tenido que simplificar un tanto la última parte de la vida del conde. Su último levantamiento se enmarca en un contexto más amplio de rebelión de la alta nobleza en defensa de sus intereses frente a las Cortes, la Corona y los linajes de segunda fila, que estuvo condenado al fracaso por la propia impericia de los sublevados. Entrar en detalles me pareció demasiado farragoso.
Respecto a Harry Pay de Poole, pirata inglés de la época, las versiones son contradictorias. En unas se dice que era amante de Isabel de Portugal, la esposa del conde, en otras que fue contratado por don Alfonso, en otras que prende fuego a Gijón después del sitio, es decir, como si Gijón no hubiese sido destruido por orden del rey Enrique "el Doliente". He escogido un poco de cada una y me he quedado con una visión en la que "Arrypay" pudo haberse enfrentado a Pero Niño y escapo de Gijón prendiendo fuego a la villa. Si era amante o no de doña Isabel queda a gusto de cada uno.
Y eso es todo sobre el conde don Alfonso Enriquez, gran rebelde, mal conspirador y buen villano para quién lo quiera usar en sus historias.

Bibliografía: "Historia dibujada de Asturias"  Texto y guión de Carlos María de Luis, dibujos de Adolfo García, "El conde don Alfonso" de Juan Uría Maqua,  "Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias" del Padre Carvallo y www.gespacho.com/TodoASTURIAS/Concejos/GijonSXIV.html.  

viernes, 30 de mayo de 2014

La última mora, su fin y sus cosas.

Es por todos bien sabido que tras la catástrofe de las tropas de Al-Qama en Covadonga, los hombres del gobernador Munuza, afincados en Gijón, tuvieron a bien intentar escapar de nuestra angosta región para salvar sus valiosas vidas. El problema es que los astures no estaban muy por la labor de dejarles escapar y decidieron emboscarlos y asesinar a todos y cada uno de ellos.
Parece ser que la matanza fue de tales proporciones que en un momento determinado, en las cercanías del pueblo de Mieldes, en Cangas del Narcea, acorralaron los guerreros astures a los últimos moros que quedaban a este lado de los montes cantábricos, dando muerte sin piedad a todos ellos. Y ellas. Porque parece que en este último grupo de moros que intentaban escapar se encontraba la que en ese momento, muy a su pesar, era la última mora de Asturias, la cual, rogando por su vida, prometió a sus perseguidores grandes cantidades de oro, como no se habían visto nunca antes en la tierra, si la dejaban vivir. Pero no era tiempo de perdones y la desdichada mora fue asesinada allí mismo, en un lugar que a día de hoy se llama Campu la Matancia, en referencia a los horrendos hechos acaecidos tanto tiempo atrás. 
 Hasta aquí la historia no llama demasiado la atención, ni siquiera cuando uno se entera que la mora aparte de ser muy hermosa y muy rica, tenía unos pechos gigantescos, tan grandes que se los echaba al hombro cuando corría intentando escapar de sus asesinos. 
Pero cuando uno recuerda que en Mieldes hay unos vecinos un tanto especiales, cuando descubre que en toda Europa existen leyendas de criaturas femeninas que tienen grandes pechos y que se ven en la necesidad de echárselos al hombro, que los que consiguen mamar de esos pechos, acercándose sin ser vistos por la espalda de la criatura, son adoptados por las pechugonas mujeres y se convierten en herederos de sus más que abundantes bienes, que esos bienes abundantes son capaces de dejar Asturias rica, es posible, solo posible, que uno empiece a sospechar que aquí algo más de lo que nos cuentan.
Y es que en realidad no cuentan mucho más aparte de lo ya expuesto, pero eso, por suerte para nosotros deja mucho espacio para la imaginación y la elucubración. A mi me da la sensación que la mora en cuestión no era de la morería, sino más bien de los mouros o de los gentiles, es decir, de esas criaturas que viven bajo tierra, que guardan grandes riquezas y que estaban aquí mucho antes de la llegada de los humanos. Incluso se me ocurre que la matanza que dio nombre al lugar no fue una matanza que los astures (o visigodos, vaya) perpetraron contra los moros, sino una matanza que los hombres hicieron de las criaturas del "Otro lado"...
Pero son solo leyendas y ya no hay manera de saber que es lo que cuentan realmente.
Pucherinos a ferrer ya muyeres y homes a comer.
Ideas de aventuras:
  • A punto de anochecer en medio de las montañas del sur-occidente, cuando los personajes oyen los gritos desesperados de una mujer. Acuden presurosos y descubren que un grupo de rusticones está a punto de abalanzarse, con aviesas intenciones, sobre una mujer que, salta a la vista, a parte de ser muy hermosa, tiene unos pechos descomunales. Los personajes acuden en ayuda de la dama pero, cuando todo parecía bajo control, los rusticones empiezan a cambiar de forma. Son los l.lobos-meigos de Mieldes, y los personajes se han interpuesto entre ellos y su presa.
  • Ni l.lobos-meigos, ni astures, ni don Pelayo, el Campu la Matancia habla de una de las salvajadas que la Fraternitas Vera Lucis hizo con una grupo de indefensos seres del Otro Lado. Pero a parte de sanguinarios los FV eran un poco chapuceros y no finiquitaron bien el asunto. Ahora una "mora" de grandes pechos y mucho oro enterrado busca venganza y acaba de encontrar a un grupo de aguerridos aventureros que la van a ayudar.


Bibliografía: Toda esta entrada se basa en un articulo publicado en: 
 Revista Asturies; Memoria encesa d'un pais. Nº33. La muyer xabaz qu' echa les manielles al costín: Una lleenda asturiana y los sos pareyos universales. Jesús Suárez López.
 En el articulo, muy interesante, se compara la "mora de las mamiellas" (no se como llamarla) con otras criaturas fantásticas de España y Europa, no lo he reproducido aquí porque pienso que es mejor leerse el articulo original si a alguien le pica la curiosidad.

jueves, 22 de mayo de 2014

El desdichado destino de Gonzalo Martinez de Oviedo.

Hijo de Nuño Perez de Caso, Despensero Mayor de don Alfonso Onceno y dos veces nombrado Maestre de Alcántara, una en Cáceres y otra en el convento de Alcántara, seguramente para subsanar algunas irregularidades de la primera. Tuvo lugar esta última ceremonia a finales de Mayo de 1337.
 Este doble nombramiento vino a cuento de que el primero no se había hecho con las adecuadas garantías, habiéndose producido tras la renuncia "voluntaria" del anterior Maestre don Ruy Pérez. Sin embargo, excepcionalmente, teniendo en cuenta la turbulenta época en la que estamos, el antiguo Maestre se avino a razones y se declaró que el nombramiento de Gonzalo Martinez era ajustado a las reglas de la orden y que, además, en los ocho meses que llevaba en el cargo había gastado diez mil libras en reparos y construcciones de fortalezas de la orden, dando cuenta de esta manera que era un hombre activo y dispuesto a trabajar por el bien de la misma. Se le confirmaron ademas al cesado maestre ciertos privilegios para contentarle, mirando, eso si, que no se le entregara ningún castillo desde el que se pudiera sublevar.
Aclarado todo esto se dirigió con freires y clérigos a la villa de Cáceres, donde el rey Alfonso le entrego el pendón de la orden, según era tradición, y don Gonzalo le rindió pleito homenaje al rey, al que inmediatamente siguió camino de Badajoz para meterse de lleno en un asunto más peliagudo: la guerra con Portugal.
Esta guerra había sido resultado de un complot entre el rey de Portugal y el tío del rey, el famoso infante don Juan Manuel (si, el de "El conde Lucanor"), y tuvo entretenidos durante un año a los ejércitos de Castilla, y con ellos al rey y al maestre de Alcántara, hasta que en 1338, gracias a la intervención papal se arreglaron las cosas entre ambos reinos.
Y es que por esa época surgía una nueva amenaza para los reinos cristianos de la península. El hijo del rey de Marruecos, conocido entre los castellanos como Abomelique, se titulaba rey de Algeciras y Ronda, y había pasado a la península en espera de qué su padre hiciese lo propio. Se iba a librar una gran guerra en el estrecho y don Alfonso lo sabía.
 Necesitado como estaba de dineros, subió el rey a Madrid para conseguirlos y dejó al cargo de la guerra a don Gonzalo Martínez, nuestro protagonista, tal era la confianza que en él tenía el rey, que ordenó a sus vasallos que obedecieran al Maestre como sí fuese su real persona.
Con tanta responsabilidad sobre sus hombros no tardó el Maestre en mostrarse merecedor de ella poniéndose de inmediato a la cabeza de un ejército que desde Córdoba pensaba adentrar en tierras de moros, pero tuvo noticia de que el infante moro Abomelique había lanzado un ataque cerca de Jerez, pues los moros, cerrado como están. El estrecho a sus barcos, tenían necesidad de hacerse con suministros, y se habían ya apoderado de varias vacas y granos. Rápidamente logró el Maestre darles caza y desbaratarles en una sangrienta batalla, en la que la valentía y coraje de los cristianos pudo más que el mayor número de sarracenos.
Pero Abomelique no estaba entre los caídos, y pronto llego a oídos del Maestre, que el infante de los moros se encontraba muy cerca del río Patute, en la Vega de Pagana, y sin dilación se pusieron los cristianos en camino para impedirle el paso.
Llegaron cuando era noche cerrada y se veían las hogueras del campamento moro, pero mientras el Maestre discutía con otros gentil hombres si debían o no lanzarse de inmediato a la batalla o esperar al amanecer, un grupo de peones cristianos se subieron a las colinas circundantes y comenzaron a gritar "Santiago, Santiago", alertando a los moros de sus presencia. Curiosamente, los moros estaban tan seguros de su fuerza y su número, que pensaron que los que gritaban no eran otros, sino los que ya habían sido desbaratados por los cristianos, cosa que ellos no sabían, y que les gritaban en tono de burla. Es por eso que tan sólo quinientos de los moros decidieron armarse, pues los demás pensaban que no había peligro.
Al despuntar el alba se pusieron los cristianos al ataque y entraron con fuerza en el real de Abomelique, el cual vio perdido su caballo y su ejército, e intentó huir por piernas, pero como era persona tan principal y poco acostumbrada a usarlas, no fue capaz de huir y unos jinetes cristianos lo alancearon cuando trataba de hacerse el muerto. Manera muy ignominiosa de morir para alguien tan principal,  sin duda alguna. Dicen las crónicas que más de diez mil moros quedaron ese día sobre el campo. Una gran victoria para el Maestre de Alcántara.
Que justo después caía en desgracia.
 Y es que el buen Maestre había contrariado a la mujer detrás del trono, la amante del rey Leonor de Guzmán que era la madre de una buena cantidad de hijos del rey (los que luego serían llamados los Trastámara) y que pretendía que su hermano Mendez de Guzmán fuera nombrado Maestre de la Orden de Santiago. Y algo, no se sabe que, había dicho contra este hecho don Gonzalo Martinez que no le había gustado en absoluto a la amante real, a la cual no se le ocurrió nada mejor que quitar de en medio al Maestre, no ya despojádonle de sus títulos y prebendas, sino quitándole también la vida. Para ello recurrió a la ayuda de otros cortesanos que por algún motivo desconocido se había malquistado con el Maestre de Alcantara. Así que entre todos hablaron al rey, que se encontraba en Madrid reuniendo fondos para la guerra con el moro, y vertieron veneno en su oído diciendo que el Maestre había dicho cosas muy malas sobre doña Leonor, y que la pobre y desdichada amante real se encontraba muy dolida por ello.
 Furioso, el rey mando llamar a su presencia a don Gonzalo, el cual cuando leyó la carta real intuyó que algo muy malo estaba sucediendo a sus espaldas y, en lugar de acudir al llamamiento del rey, temiendo por su vida, huyo a refugiarse a los castillos de la Orden cercanos a la frontera con Portugal. 
 Este movimiento no hizo sino aumentar la cólera del rey, que volvió a enviar otra carta, esta con buenos modos, pidiendo al Maestre, de nuevo, que acudiera a su presencia en la villa de Madrid, pero don Gonzalo juzgo conveniente refugiarse en el castillo de Valencia de Alcántara, uno de los castillos de la Orden, y mando un emisario a Portugal para solicitar asilo.
 Sabido esto, el rey montó en cólera y se puso a la cabeza de sus tropas  para sacar al desgraciado Maestre de su escondrijo, no tardando mucho en llegar al castillo de Valencia donde se hallaba este refugiado con unos pocos fieles, pues la mayoría le había abandonado al saber que el mismo rey se lanzaba contra él. Encerrado en la torre mayor del castillo, hizo el maestre colgar en lo alto de la misma todas las enseñas y pendones que había capturado a los moros de Marruecos, quizá con la esperanza de que al verlos el rey recordara cuanto bien había hecho el Maestre a su causa, pero entre los seguidores del rey había muchos que querían mal al Maestre y le habían acusado de querer rendir las tierras a los moros y de querer entrar en el reino con el ejercito de Portugal (cuyo rey, por cierto, había denegado ya su ayuda al Maestre), y el rey no tuvo oídos a los ruegos de don Gonzalo, que se negó entonces a rendir la fortaleza, dando comienzo el asedio.
Pero la estrella de don Gonzalo ya se había apagado. Algunos de los caballeros que defendían las torres del castillo razonaron que la fuerza del ejercito real era demasiada y que poca gloria habría en hacerse matar por un Maestre que ya había sido depuesto de su rango. Decidieron abrir las puertas del castillo y dejar entrar al ejercito real. Con todo perdido el ya depuesto Maestre se entrego al rey y con los ojos inundados por las lagrimas le rogó por su vida, pero don Alfonso no estaba por la labor y delego en Alonso Fernández de Coronel para que hiciese justicia. Y como el tal Alonso era enemigo declarado de don Gonzalo, no tardó mucho en hacerlo degollar por traidor, confiscando todos sus bienes. 
 El finado Maestre había gobernado la orden por tres años, había mandado edificar la casa del Convento de San Francisco de Oviedo y también comenzó a fabricar su iglesia. Por estos motivos fue enterrado en este monasterio del que era benefactor, como muchos otros nobles asturianos. Fue restituido de su honra en tiempos de Pedro I, cuando la misma que lo había mandado degollar, doña Leonor de Guzmán, fue a su vez degollada por orden del rey, encontrando algunos cierta justicia divina en el hecho. Como había sido guerrero antes que freire, don Gonzalo dejó un hijo legítimo, un tal don Rodrigo Gonzalez de Oviedo, que puede que tuviera alguna relación con Diego Gonzalez de Oviedo, quien veinte años después negaría la entrada en la ciudad a don Enrique de Trastámara. Pero esto es pura elucubración del que escribe.  
Ideas de Aventuras: 

  • Los personajes son miembros de la corte de don Alfonso XI, conocen bien al Maestre de Acantara, pues ha luchado junto a él en varias ocasiones cerca de la frontera. Mientras acompañan a su señor a la villa de Madrid descubren un pérfido complot para acabar con el buen Maestre ¿tratarán de ayudar al Maestre a desenmascara a los conjurados?¿o se pasaran al bando ganador y ayudarán a traicionar a don Gonzalo?
  • Los personajes han caído prisioneros de las fuerzas de Abomelique mientras estas se adentran en tierras de Sevilla. Los personajes sabe que si nadie pone sobre aviso a los hombres de don Gonzalo, los moros llegarán sin oposición a la ciudad del Guadalquivir. De repente uno de los guardias moros se queda dormido... sí alguno de los Pj's lograra hacerse con su gumia...
Bibliografía: "Crónica de la Orden de Alcantara" por Alonso Torres y Tapia y "Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias" de Luis Alfonso de Carvallo.